María Fernanda García, directora ejecutiva del Museo de la Memoria y los DDHH: “El gobierno quizás tenga otros acentos y otras preocupaciones, nosotros tenemos una misión que vamos a seguir desarrollando”
“Uno no deja de emocionarse permanentemente. Yo entré a trabajar acá para los 50 años del Golpe, y aquí se conmemoraron muchas fechas, personas, instituciones. Permanentemente uno está trabajando temas difíciles, a veces uno pensaría que ya tienes como una coraza…”, dice María Fernanda García Ejecutiva del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, y respira hondo.
Luego retoma la idea: “Sin embargo hay cosas simples: se conmemoraron los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad hace poco, e hicimos un acto en el que había gente de distintas edades, todos cantando la misma canción. A mí eso me emociona; me emociona profundamente estar unidos en algo tan simple, pero tan bonito“. Es actriz y gestora cultural, y antes de llegar a la oficina ubicada en el subsuelo del Museo de la Memoria, María Fernanda García había sido presidenta del Sindicato de Actores, parte del directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (la institución previa a la creación de ese Ministerio), directora de la Fundación Cultural de Providencia, entre otras labores, y además de sus sus bailes de flamenco, su otra pasión.
Hace tres años y medio está a la cabeza del edificio emplazado al frente de la estación de metro Quinta Normal, donde hoy, como es usual, diversos grupos pasean guiados por mediadores, reviviendo y recordando cada día la fractura democrática en Chile, y a sus víctimas, a partir de 1973 y hasta 1990. Muchos extranjeros, mucha gente joven -y, hace dos semanas y sin hacer mayor aspaviento- los mismísimos Pet Shop Boys-; son cerca de 250 mil personas las que visitan anualmente la institución, la que fue inaugurada durante el primer gobierno de Michelle Bachelet. Esta semana es una ajetreada: cuando hay visitas internacionales en el país, suelen querer pasar por el Museo de la Memoria.
Además, la institución tendrá nuevamente un espacio en Lollapalooza, con la exposición “El tiempo entre nosotros”, que aborda la experiencia de los niños y niñas en dictadura, por lo que el trabajo se extenderá todo el fin de semana. “En estos 16 años, el museo se ha vuelto simbólicamente un espacio muy relevante, no solo para Chile, sino creo que también internacionalmente. Yo creo que es una forma de entender a nuestro país”, dice García, sobre las visitas internacionales, que esta semana incluyeron una delegación que acompañaba al Rey de España.
Y mientras el mundo cultural mira con atención cómo será el trabajo y sello del gobierno de Kast en su área, entre medio de conversaciones sobre aprietes de cinturón y urgencias, no hay museo quizás que deba navegar aguas más movidas en la administración de un presidente que votó por Pinochet, que el que obliga a los chilenos y a todos los visitantes a, día a día, no olvidar. A quién le pertenece la memoria José Antonio Kast visitó el Museo de la Memoria en 2018 y escribió una columna al respecto entonces en The Clinic. “Mi primera impresión: apoteósico”, escribió.
“El estándar del museo es excepcional para la realidad de nuestro país. Se nota que hay muchos recursos invertidos y que, su dependencia pública, implica un gasto importante para nuestras arcas fiscales. Constato el hecho sin ánimo de polemizar”.
Luego destacó el “rigor histórico y la metodología” usada para exponer la historia del país. Anotó que para el Museo de la Memoria “la crisis institucional de Chile comenzó el 11 de Septiembre de 1973, a las 9 de la mañana. Nada se dice del Gobierno de la Unidad Popular ni de la escalada violentista e ideológica que nos llevo a la ruptura institucional”.
Y luego concluyó: “Yo jamás he reivindicado la violación de los derechos humanos ni he negado la existencia de hechos tan violentos como la muerte, desaparición y tortura de miles de personas en el país”, añadiendo. “Pero reconocer ese hecho no puede ser impedimento para exigir que la historia presente haga un esfuerzo adicional por comprender y explicar el pasado. El antecedente del 11 de Septiembre de 1973 y todo lo que ocurrió de manera previa, es un requisito indispensable para entender la historia de nuestro pueblo y para condenar también las prácticas que nos llevaron al quiebre y división como país”.
Hoy, María Fernanda García, en su oficina, resalta que el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es museo, archivo y centro cultural. Que hay actividades de toda índole, todos los días. Y que sus pasillos ofrecen distintos testimonios de memoria.
“Nuestra exposición principal también habla de otras cosas, como el exilio. También las redes de solidaridad son importantes; no es sólo el quiebre y las desapariciones forzadas, las matanzas y de los asesinatos, sino también un montón de otras acciones que han existido en torno a ellos. En los momentos de más opacidad también hay luz y eso también es importante de relevarlo”, dice.
“Lo importante también es que el museo no es un relato sesgado ideológico, sino que también pone en función de los documentos que tenemos, de los archivos, para que la gente también interprete y se haga su propio relato”. —Es interesante eso, lo de que en los momentos más terribles tienen que presentar luz. Porque un museo de la Memoria y los Derechos Humanos tiene que ser solemne, ya que muestra atrocidades, pero también no puede ser un espacio solamente de horror, supongo.
—Tiene que tener ese espacio de esperanza y de construcción desde el hoy también hacia el futuro. En eso, nosotros tenemos el deber de hablar con las nuevas generaciones que ven esto en el pasado, así como nosotros veíamos los gobiernos radicales, o a Balmaceda, por ejemplo. Tenemos que comprometer a cada una de las personas que viene, o intentarlo, con los derechos humanos, el respeto de la democracia, cómo llegar a los acuerdos, la importancia de la solidaridad, del respeto.
En fin, un montón de valores que son universales y que siempre vamos a a intentar ponerlos como base social. —Tú mencionabas que el museo ha sido construido en base a material histórico y que no tiene sesgo. El presidente Kast, en una antigua columna, no niega las desapariciones ni la violencia, pero sí lo tildó de sesgado porque la historia que presentan podría haber partido en 1970.
—Esas son opiniones súper respetables, por supuesto. Cuándo parte, o que podría haber partido antes. La violencia política en nuestro país lleva años, muchos años también antes, pero el quiebre democrático se produjo ahí el 73 y este museo se basa y se funda por las recomendaciones de las comisiones de verdad y justicia que hubo en nuestro país, donde había un plantel amplio de personas que llegaron a este consenso social y político en ese momento.
Esto es uno de los actos de reparación del Estado. Hay otros, por supuesto, y en ese como museo tenemos el mandato de hacerlo desde el quiebre de la democracia, el día que se quiebra, hasta que se recupera. Pero por eso también es importante hacer no sólo hasta el año 90.
También presentar qué ha hecho el Estado para reparar. —El museo, de hecho, va a estrenar un nuevo espacio, con más información sobre lo que ha sucedido tras el retorno a la democracia. —Estamos trabajando en esa investigación, que lleva años también y que es un pendiente, de justicia transicional.
Visibilizar todo lo que se ha hecho en materia de justicia y por los ocho gobiernos que han pasado. Muchos lo tenemos presente, pero las nuevas generaciones tienen que conversar con eso y seguir el relato: aquí hubo un quiebre, aquí hubo violación a los derechos humanos, aquí faltó el estado de derecho, ¿qué se hizo después? Porque si no, la llegada de la democracia queda como en una burbuja aislada y no conectada con el presente.
En relación a lo que dijo el Presidente: sí, este es un museo de talla mundial. Y también hay gente que está en contra de otras representaciones que tenemos. Por ejemplo, que están acá en la muestra los escoltas que murieron en el atentado Pinochet.
También es un homenaje a esas víctimas. ¿Por qué? Porque también fueron víctimas del contexto político instaurado por un Estado.
Entonces siempre la memoria está en constante reparación, en constante revisión. No hay una memoria única, pero sí lo que hay son relatos basados en hechos. Y nosotros somos un archivo de memoria, el más grande del país, estamos además sumando permanentemente nuevos relatos, nuevos archivos históricos que hablan de lo sucedido.
Y prueba de ello es que también el Poder Judicial, a lo largo de todo Chile, con causas abiertas en esta materia, nos está preguntando y pidiendo información todas las semanas —¿Han tenido aproximación por el Subsecretario de Derechos Humanos o algún contacto con el gobierno entrante? —No todavía, pero lo esperamos. Por supuesto, nosotros dependemos de la glosa de presupuesto que está en el Ministerio de las Culturas.
Tenemos amplio respeto por el Subsecretario de Patrimonio (Emilio de la Cerda), que sabe mucho del tema. También, nos vinculamos mucho el subsecretario de derechos humanos, por supuesto y con Relaciones Exteriores. Y por supuesto que vamos a pedir hoy día, mañana, los próximos días, reuniones con cada uno de ellos, para que conozcan en detalle además el trabajo que hacemos y seguir trabajando conjuntamente.
—¿No hay preocupación desde el museo porque la memoria ahora comience a ser relativizada? —Somos un museo nacional, somos un archivo de memoria y tenemos vocación de centro cultural donde pasan muchas otras cosas. Tenemos una misión educativa muy importante.
Nuestro foco está puesto en el respeto irrestricto de los derechos humanos, lo que no tiene color político. Y por eso también abarcamos y abrazamos muchas veces otras causas, o también tenemos exposiciones o muestras desde otros países con violación a los derechos humanos, con guerras civiles, con conflictos internos. —¿De izquierda y derecha?
—De izquierda a derecha. Como se mira hoy día también las izquierdas y las derechas, como están más diluidas. Estamos, por ejemplo, con el Museo Sybir de Bialystok, que van a venir y nosotros vamos a llevar una exposición para allá.
También tenemos una exposición sobre los deportados en Siberia durante la época del nazismo y luego la Unión Soviética. Entonces, las memorias y el respeto a los derechos humanos es el pilar y la base de nuestro trabajo, a través de la educación, a través del arte, a través de las exposiciones, a través de la investigación, a través de distintas metodologías y en eso nos basamos. Esperamos seguir contribuyendo de esa manera transversal.
Probablemente este gobierno tenga otros acentos y otras preocupaciones, quizás no es el foco, pero nosotros tenemos una misión que vamos a seguir desarrollando y vamos a estar también a disposición para lo que requieran en ese sentido. No solo los ministerios que mencioné, sino también desde el Ministerio de Educación, desde el Ministerio de la Mujer, desde Bienes Nacionales, somos parte de distintas redes. —Está la famosa frase de que la historia la construyen los vencedores.
¿Pero quién construye entonces la memoria? —Todos somos sujetos de construcción de memoria. Es como en una familia, tú misma, con tu papá y mamá: cada uno tiene memorias y relatos.
No son hegemónicos ni homologables. Cada uno recuerda algo y desde un propio lugar. Y eso se tiene que respetar.
La construcción de la memoria es un desafío para nuestra sociedad. No tenemos que hacer una memoria única, pero sí hay cosas que son verdades basadas en hechos. Son hechos reales, que sucedieron.
Este museo está abierto para que se den todas las discusiones, reflexiones, incluso distintas conversaciones que son incómodas. Pero hay nada peor que esconderlo y no querer discutir, no querer reflexionar en torno a ello. Queremos que otros sectores de la sociedad también se sientan parte.
Este museo es de Chile, de los chilenos y chilenos, y de otros países también. Y si tenemos que dar conversaciones, discusiones, que las hagamos acá, desde una altura de miras, desde el respeto, quizás sin llegar a consenso. Pero es importante hablarlo.
Como cuando tienes un trauma, vas y lo hablas, porque si no, quedarse con ese trauma también se perpetúa por las distintas generaciones. Y en ese sentido, como museo estamos siempre abiertos y disponibles. Expansiones: el exilio español y Colonia Dignidad en el Museo de la Memoria En mayo próximo, García viajará a España a recibir de manos de Felipe VI el Premio de Derechos Humanos Rey De España, que se entrega desde 2004 por el Defensor del Pueblo y la Universidad de Alcalá; el honor ha recaído anteriormente en organizaciones de Perú, Honduras o México, y por parte de Chile, la ganó también Un Techo Para Mi País en 2010.
“Nos llamó en enero, el mismo Defensor del Pueblo. Fue emocionante, muy emocionante, porque de alguna manera refuerza el trabajo de tantos que estamos acá”, dice García. “Pero no sólo los trabajadores, sino de todas las comunidades alrededor, de quienes nos donan material.
Postularon 58 instituciones de 14 países iberoamericanos, y que lo gane este museo viene en un muy buen momento en el mundo, cuando el respeto a los derechos humanos, a la vida de las personas, a la dignidad de las personas, también se ha puesto mucho en cuestión”. Y añade: “Lo que vivimos aquí, lo han vivido otros países y eso causa fracturas por generaciones. No podemos volver a ello; también es esa la misión de los museos de memoria, ser un permanente recordatorio de que no podemos volver a vivir como enemigos”.
Por estos días, el Museo está trabajando intensamente con España; este año tendrán distintas actividades alrededor del exilio en ambos países. Y parte fundamental de la nueva alianza con el Centro Cultural España, es que el Museo de la Memoria recibirá para su archivo la donación de material documental de exiliados españoles entre 1939 y 1950, incluyendo cartas, fotografías y testimonios de quienes iniciaron en Chile un nuevo hogar tras la Guerra Civil Española. Además, García destaca que, gracias a un fondo del estado alemán, están trabajando en Colonia Dignidad.
“Es una de las piedras también más dolorosas de nuestra historia, que compartimos con Alemania. Desde que vinieron muchos jerarcas nazis a Latinoamérica, y que instauraron en Chile este lugar de represión, terrible para muchas personas y que es atravesada además por muchos momentos políticos históricos complejos”. La idea es que sea una muestra temporal en el último trimestre de 2026, y luego además parte de su contenido quede alojado en un dispositivo permanente.
Por último, y en fechas más próximas, el Museo de la Memoria tendrá una exposición sobre la primera marcha de diversidad sexual en Chile, organizada en abril de 1973. Además, están recolectando material sobre niños robados; al igual que con todas sus demás iniciativas, el trabajo comienza cuando reciben fotografías, testimonios y más, que pasan a ser parte del archivo del Museo, sumando así memorias y memorias. —Teniendo 16 años, esta adolescencia donde el museo ha ido mutando y creciendo, ¿cómo proyectas esta memoria de Chile y este espacio que es el museo para adelante?
—Sin dejar el pasado, tenemos que ir construyendo desde el presente también. Y yo creo que ahí es básico el trabajo que se hace en educación y con las nuevas generaciones. Tenemos muchísimas actividades con niños pequeños, hablándoles de sus derechos, con su lenguaje, por supuesto, hasta los jóvenes o los adolescentes que también son sujetos de derecho.
Y también hacer ver que el objetivo siempre es que la gente tome conciencia y se sienta parte activa de la defensa de la democracia, de los derechos humanos, del respeto, de vivir en una sociedad más solidaria e inclusiva. En ese sentido es un espacio complejo, y es un espacio en el que esperamos que de alguna manera todos se puedan ver reflejados y sientan que es parte; desde las agrupaciones de derechos humanos, los jóvenes, los artistas, los extranjeros, las delegaciones internacionales. A veces cuando se hacen grandes conciertos acá con música pop o para jóvenes, hay alguna gente que no le gusta, porque siente que es un espacio mucho más solemne.
Sin embargo, tenemos que acoger a esas nuevas generaciones también y hacerlas parte del museo.