Ludopatía adolescente en Chile: expertos alertan por inicio de apuestas a los 15 años
El académico Nicolás Núñez advierte que la inmadurez de la corteza prefrontal y la falta de regulación legal facilitan conductas adictivas en menores de edad a través de internet. La masificación de las plataformas de apuestas en línea en Chile ha dejado de ser un fenómeno comercial para transformarse en una crisis de salud pública invisible. Según datos recientes, el 14% de la población estudiantil participó en alguna modalidad de apuesta durante el último año, registrando una edad de inicio promedio de apenas 15 años.
Este escenario se ve agravado por un ecosistema digital sin regulación efectiva, donde las restricciones de identidad son vulneradas sistemáticamente por adolescentes a espaldas de sus cuidadores. Desde la perspectiva de la neurociencia, el cerebro adolescente opera como un “motor con gran aceleración pero sin frenos”. Nicolás Núñez, Magíster en Neurociencia y académico de Psicología UNAB, explica que en esta etapa el sistema de recompensa es hipersensible a los estímulos de premios millonarios.
Mientras los impulsos motores se disparan, la corteza prefrontal, encargada de inhibir conductas riesgosas, aún no alcanza su madurez completa, dejando a los jóvenes vulnerables ante el diseño persuasivo de las casas de apuesta. El experto señala que muchos jóvenes utilizan estas aplicaciones como una estrategia de evitación ante la ansiedad, la soledad o el aburrimiento. En este sentido, la Teoría del Marcador Somático de Antonio Damásio cobra relevancia, sugiriendo que entrenar a los jóvenes para escuchar las señales físicas de riesgo, como la tensión o las “corazonadas”, podría ser una herramienta clave de prevención.
“Escuchar las señales de sus cuerpos puede guiar su comportamiento hacia beneficios de largo plazo”, sostiene el académico. Finalmente, el llamado es a que padres y educadores identifiquen señales de alerta, tales como el aislamiento, cambios de humor o el interés obsesivo por los resultados deportivos. La prevención efectiva requiere romper el silencio digital y fomentar un clima de confianza familiar.
Detectar a tiempo si el impulso de juego surge por estrés académico o social permite derivar al adolescente hacia alternativas de regulación saludable, evitando que el azar comprometa el desarrollo de las futuras generaciones.
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