URGENTE.CL
● EN VIVO
ÚLTIMA HORA
Los mecanismos de subordinación de América Latina
URGENTE
🏛️POLÍTICA
12:26 · Chile

Los mecanismos de subordinación de América Latina

Compartir

Por Carlos Gutiérrez P. Cada vez conocemos más y mejor las intenciones, objetivos y formas de actuar del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Sufrimos directa e indirectamente sus decisiones en el plano internacional, y vemos como sus intereses se van cumpliendo a través del vasallaje de líderes que supuestamente hacen gala de su soberanía (como por ejemplo Macrón, Merz, Starmer y varios más), del beneplácito de otros que comparten su ideología y visión del mundo (como la actual mayoría de líderes latinoamericanos), y finalmente de la impotencia de países pequeños ante la enorme capacidad agresiva de este hegemón.

Sabemos la lógica articulada con la que opera: Crea artificialmente el problema a través de una fuerte arremetida narrativa ampliamente difundida por los medios de comunicación oficiales, sin datos ni hechos creíbles y demostrables, pero que tampoco son exigidos por el entorno político. Así tuvimos como explicación para atacar a Venezuela la existencia del Cartel de los Soles y la vía marítima caribeña para el comercio de drogas hacia Estados Unidos; el peligro de seguridad que genera Cuba; la construcción del arma nuclear por parte de Irán; la amenaza rusa y china en Groenlandia; el dominio que China quiere hacer de nuestra región para apoderarse de recursos estratégicos; el control chino del Canal de Panamá; el aprovechamiento que hacían todos los países del mundo en un comercio desigual con Estados Unidos, y etc. , etc.

Plantea la exigencia correspondiente para satisfacer su interés: aceptar aranceles, nuevos acuerdos económicos, negociaciones bajo sus términos, desplazamiento de regímenes. Crea un escenario artificial de negociaciones, que no cumple y que solo le sirve para ganar tiempo, legitimarse como negociador, y como cobertura mediática para encubrir el ataque final (lo hizo con Venezuela y dos veces con Irán). Aplica el uso de la fuerza, a través de bloqueos o directamente ataques cinéticos de sus fuerzas armadas, combina acciones de operaciones especiales con el empleo masivo del poder militar (Venezuela e Irán).

No tiene consideraciones respecto a la legalidad interna y externa de sus acciones; las normas constitucionales y el apego a procedimientos propios del sistema estadounidense han sido violados en varias oportunidades y en el derecho internacional aún más. Han sido célebres sus frases de descrédito de Naciones Unidas, del derecho internacional, asegurando que solo se rige por sus intereses, inteligencia y valores morales. Genera instancias alternativas a las instituciones multilaterales existentes, aglutinando a los líderes a través del vasallaje, sus identidades políticas o la presión, para de esa forma ampliar la correlación y administrar la dominación.

Finalmente, en base a una narrativa grandilocuente anuncia éxitos espectaculares, declara que todos los gobiernos le temen, se vanagloria de su gobierno y de sus fuerzas armadas y de ser el mejor gobierno en la historia estadounidense. Todo esto con la benevolencia de los medios de prensa y su amplificada red social. Hasta ahora esta lógica operacional le ha dado resultados, y nos encontramos con un mundo más tenso, que genera nuevos conflictos, y, como muy bien dice el gobierno chino, se ha transformado en un factor de inestabilidad en todas las regiones del mundo.

Veamos cómo ha operado, bajo estas premisas en nuestra región, la que actualmente tiene una correlación político-ideológica muy favorable para llevar adelante sus intereses políticos y estratégicos. En la América continental, solo hay cuatro países que se salen reguladamente de la órbita de Trump, que son México, Brasil, Colombia (esta tiene elecciones en unos meses más) y Nicaragua. El resto, se ha alineado convenientemente con la Casa Blanca.

El argumento del crimen organizado Se inventó un cartel propio, el de Los Soles, que estaría bajo la dirección del presidente venezolano Nicolás Maduro, así como una ruta privilegiada del tráfico de drogas que se realizaría a través del Mar Caribe. Al cartel se le dio organización, presencia e importancia, y al tráfico visibilidad a través de ataques militares para destruirlos, pero nunca pudieron presentar pruebas de tales embarcaciones como parte del comercio de drogas. También se acusa a la presidenta de México y al presidente de Colombia de ser narco presidentes, o en el mejor de los casos estar bajo el control de los cárteles, lo que ha llevado a Trump a esbozar en más de una oportunidad la variable posible de una invasión.

El argumento de la penetración china El gobierno estadounidense lleva tiempo con la retórica del peligro chino en la región, pues este estaría tras los recursos naturales y el dominio comercial, con un fuerte influjo para instalar su proyecto de la ruta y la franja como iniciativa estratégica. En estos casos ha contado con el beneplácito de los líderes de los países en que esta penetración sería clave. En esta lógica, se presionó al gobierno de Panamá para cancelar proyectos chinos en puertos a lo largo del canal, los que definitivamente fueron cancelados por resolución judicial.

Se amenazó al gobierno peruano por el megapuerto de Chancay y la administración china. En Argentina retrocedieron ante proyectos de inversión acordados con Pekín. En Chile está en ascuas el famoso cable interoceánico de fibra óptica por la posición del nuevo gobierno de Kast.

En Paraguay han revalidado las relaciones con Taiwán. Saltarse la legalidad nacional Hay tres casos en que gobiernos nacionales han recurrido a triquiñuelas legales para abrir paso a la presencia militar de Estados Unidos en sus respectivos países y ser parte de la política relativa a la seguridad pública. En los tres se ha contado con el favor de sus gobernantes.

El más notorio es Ecuador, que el año pasado votó en contra de una enmienda constitucional que pretendía facilitar la presencia de tropas extranjeras (noviembre de 2025). El presidente Noboa, burlando el voto popular autorizó el ingreso de tropas bajo el argumento que era acotado y solo con fines de instrucción, para trabajar de conjunto con las fuerzas ecuatorianas en la lucha contra el narcotráfico, pero el 4 de marzo fuerzas militares ecuatorianas y estadounidenses iniciaron una operación militar en territorio ecuatoriano bajo el argumento de la lucha contra el crimen organizado y que serían parte de una estrategia de mayor alcance. En una declaración del propio Comando Sur se reconoce su participación afirmando que son medidas contra grupos que propagan la violencia en la región.

En esta misma línea se firmó un acuerdo para instalar una oficina del FBI, que trabajará junto a la policía contra el crimen organizado, y que tendrá una presencia permanente para reforzar la cooperación. Esto en el marco en que entrará en vigor un toque de queda para cuatro provincias (Guayas, Los Ríos, Santo Domingo de los Tsáchilas y el Oro), durante dos semanas, bajo el argumento de facilitar la lucha contra organizaciones criminales, lo que contará con el apoyo logístico de Estados Unidos para las operaciones militares. A esto se debe sumar la promulgación de un acuerdo por parte de la presidencia paraguaya que permite la presencia de personal militar estadounidense en la lucha contra los cárteles de la droga, y que el parlamento aprobó otorgándoles plena inmunidad sobre sus actos en territorio nacional.

Partidarios de la oposición acusaron que este acuerdo es inconstitucional. En el caso argentino, se ha violado un logro constitucional muy relevante que impedía la participación de fuerzas armadas en temas de seguridad interior, lo que ha llevado al gobierno de Milei a incorporarlas en asuntos de migraciones y crimen organizado en fronteras, con el apoyo de militares estadounidenses. Instalación de nueva instancia política Trump tiene muy claro que cuenta con una correlación política positiva en la región, y así lo demostró en la Cumbre Regional para el combate al crimen organizado transnacional y la migración irregular, realizada el 7 de marzo en Miami, a la cual fueron invitados solo jefes de estado de ideología derechista.

Asistieron de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, República Dominicana y Trinidad y Tobago. Según la Casa Blanca la reunión buscaba consolidar una “coalición histórica” entre los participantes para enfrentar a los cárteles del narcotráfico y otras organizaciones transnacionales que operan en la región. Se la denominado Cumbre Escudo de las Américas y que pretende encapsular todo el trabajo “para hacer que Estados Unidos, y nuestros socios, sean fuerte otra vez”.

El secretario de Guerra, Pete Hegseth, avisó que están listos para lanzar una ofensiva contra los cárteles y que “La alianza contra el narco es un Pacto por la Vida y por la Paz y estamos listos”. Este nuevo club de socios se realiza al margen de las instancias ya existentes de cooperación y relaciones multilaterales (como la misma OEA y la Celac), que atendiendo a los problemas que quiere abordar y la necesaria coordinación interestatal, debería haber sido el lugar apropiado. Por lo tanto, este Escudo de las Américas se asemeja más a un trabajo paralelo, de los socios dispuestos a la subordinación total a las directrices de la Casa Blanca, con objetivos que perfectamente trasunten solo los mencionados, atendiendo a la lógica narrativa de potenciar y cuidar a la región.

La exclusión de México y Colombia, dos países con presencia importante del crimen organizado y una vasta experiencia en la lucha contra aquel, pero con gobiernos con una política soberana y orientación progresista, no calza con el interés subyacente de Donald Trump, que es la conformación de una coalición de los dispuestos de derecha. Instalación de nueva instancia de militarización Aprovechando la ola derechista en la región, y para asegurarse una presencia militar efectiva en nuestros países, ha ocupado con mucha audacia y retórica el peligro del crimen organizado y las migraciones irregulares para instalar su agenda de militarización de la seguridad pública. Ese fue el objetivo de la Conferencia de las Américas contra los cárteles, realizada el 5 de marzo, en la sede del Comando Sur en Florida y que culminó con una declaración de intenciones de cuatro puntos: 1) Ampliar la cooperación multilateral y bilateral para fortalecer la seguridad hemisférica occidental.

2) Cooperar en las siguientes esferas: los esfuerzos a nivel de todo el gobierno en materia de seguridad fronteriza, la lucha contra el narcoterrorismo y el narcotráfico, la protección de infraestructuras críticas y otras esferas que se determinen mutuamente. 3) Promover la “Paz a través de la fortaleza” para hacer frente a las futuras amenazas a nuestros intereses mutuos. 4) Unirnos a una coalición para combatir al narcoterrorismo y otras amenazas compartidas que enfrenta el hemisferio occidental.

El día 7 de marzo, el presidente Trump, en una proclamación pública aseveró que el Departamento de Guerra logró constituir la Coalición Anticárteles de las Américas, con 17 países de la región. A este evento solo fueron invitados representantes de países con gobiernos de derecha, o afines (Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Jamaica, Belice, Bahamas, Guyana, República Dominicana, Trinidad y Tobago). En este caso, también fue una cumbre atípica, ya que la propia institucionalidad que tiene Estados Unidos para la región, que es el Comando Sur, trabaja siempre con todos los países de la región.

Una vez más es la lógica de trabajar activamente con los socios confiables, lo que constituye una ideologización de los objetivos que se quieren alcanzar, y que evidentemente vas más allá de solo comprender la lucha contra el crimen organizado. El asesor de seguridad nacional, Stephen Miller, participante del evento aseguró que Washington “no cederá ni una pulgada de territorio del hemisferio a sus enemigos o adversarios” y que el presidente Trump está usando “el poder duro, poder militar y fuerza letal para defender la patria americana”. El caso de Venezuela Pero, el caso más novedoso en la larga historia de intervenciones estadounidenses en la región ha sido la fórmula venezolana.

Después de décadas de malas relaciones entre este país y Estados Unidos, que llevó a implementar políticas de sanciones, bloqueos, intentos de golpe, acciones de sabotaje, vinculaciones con el narcotráfico, llegó finalmente a implementar un bloqueo militar en sus costas, restricciones aéreas, que culminó en una operación militar de secuestro del presidente Maduro, que hasta hoy está cubierto por la nebulosa política. La fórmula ha sido la decapitación de su líder, la mantención en términos generales de su estructura de gobierno con la mayoría de sus antiguos dirigentes, la sacada del juego político de la oposición en el exterior, y la administración de los recursos básicos más relevantes en manos de los estadounidenses. Hoy día todo el negocio del petróleo lo administra la Casa Blanca, y recientemente lo está haciendo con el oro.

Se han realizado modificaciones legales que facilitan la inversión extranjera, particularmente la estadounidense, y se han facilitado las relaciones comerciales entre ambos países. Esto le ha permitido estabilidad, ganar tiempo para desarticular paulatinamente los puntos fuertes del régimen, y abrir paso a una apertura política a través de elecciones, para lo cual contaría con los vasallos de la oposición. El caso de Cuba Actualmente la mayor amenaza recae sobre Cuba, que está viviendo el peor momento de su historia en cuanto al bloqueo total por parte de la Casa Blanca, el que ha dado finalmente con el eslabón más débil, que es la dependencia de la energía petrolera, una vez caída la ayuda venezolana, y amenazada cualquier otra vía de provisión a través de medidas arancelarias.

En este caso, a diferencia de Venezuela, que contaba con más opciones de resistencia ante el imperio, la situación cubana es trágica, ya que prácticamente no tiene alternativas bajo su gestión propia. Para mantener su soberanía total, hoy solo dependería de negociaciones a una escala global, las que pudieran llevar adelante Rusia o China contra Estados Unidos, como parte de acuerdos sobre otros asuntos críticos que están pendientes. De no ser así, entraría en la fórmula venezolana, un acuerdo con Estados Unidos para cambiar la actual élite, mantener por un tiempo dirigentes y aspectos del régimen que le aseguren estabilidad de corto y mediano plazo, para generar las condiciones políticas de cambio de régimen a través de elecciones.

Cuba sería la culminación de una victoria largamente buscada en el campo político-ideológico por parte de Estados Unidos, acabando con lo que fue el referente esencial de la lucha antiimperialista en la región, y de paso otorgándoles un triunfo relevante a su base electoral de origen cubano, que se ha transformado en un actor importante en la lucha interna y en el logos conservador del sistema político. Por Carlos Gutiérrez P.

¿Te pareció importante esta noticia?

Compártela y mantén informado a Chile