Los hombres más peligrosos del mundo
Por Verónica Aravena Vega El 25 de abril de 2026, José Piñera subió una foto a X. Posaba en el lobby del [hotel] Mandarin Oriental de Las Condes junto a Peter Thiel — cofundador de PayPal, dueño de Palantir, primer inversor de Facebook, financista del vicepresidente de Estados Unidos. Piñera contó que hablaron del «milagro chileno» y le regaló una estampilla con una cita de Thomas Jefferson sobre la hostilidad eterna contra toda forma de tiranía.
Días después se supo que Thiel también se había reunido con Johannes Kaiser, líder del Partido Nacional Libertario, en el mismo hotel. Se habló de que Palantir —la empresa de vigilancia masiva de Thiel— podría colaborar con Chile en seguridad y aduanas, como ya lo hace en Ecuador. Palantir ya tiene su marca registrada en el Inapi.
Dos hombres en el lobby de un hotel de Las Condes. Uno privatizó las pensiones de un país entero. El otro convierte poblaciones enteras en objetos digitales rastreables.
Se regalaron estampillas. El neoliberalismo murió. Lo que viene es peor Yanis Varoufakis lleva años argumentando que lo que tenemos ya no es capitalismo.
En Technofeudalism (2023) la tesis es nítida: los dos pilares del sistema —mercado y ganancia— fueron reemplazados por plataformas y renta. Amazon no es un mercado donde compradores y vendedores se encuentran: es un feudo digital donde los productores pagan tributo por existir. Google: extrae renta de cada interacción humana que pasa por su infraestructura.
La renta siempre existió dentro del capitalismo, pero subordinada a la ganancia. Ahora manda. Los dueños de lo que Varoufakis llama capital cloud —las infraestructuras algorítmicas que median toda actividad económica y social— no compiten en un mercado.
Cobran peaje por dejarte entrar al suyo. Hace pocas semanas Varoufakis fue más lejos. Esta nueva clase feudal necesita su propia ideología, del mismo modo en que los financistas del siglo XX necesitaron el neoliberalismo.
La llama techlordismo —algo así como el señorío de los amos tecnológicos. Así como el neoliberalismo declaró que el mercado era infalible para que nadie lo regulara, el techlordismo declara que el algoritmo es divino para que nadie lo cuestione. Opera en tres frentes: naturalizar la sustitución de personas por algoritmos en toda actividad posible, porque cada espacio colonizado genera más renta; colonizar el Estado, incrustando plataformas privadas en el aparato fiscal, militar y migratorio; y colonizar las finanzas para operar fuera de cualquier regulación existente.
Si el neoliberalismo reemplazó al ciudadano por el consumidor, lo que viene reemplaza al consumidor por el dato. Vigilancia ubicua, destrucción de demanda agregada, muerte de las universidades, fin de la democracia. Varoufakis escribe desde Europa mirando a Estados Unidos.
Pero hay algo que su marco no dice y que desde acá se ve con una claridad brutal: el techlordismo no necesita construir sus condiciones desde cero. Necesita territorios donde el experimento previo ya debilitó las instituciones, ya precarizó el trabajo, ya convirtió los derechos en productos y ya entrenó a la población en la idea de que el Estado es el problema y el mercado la solución. América Latina no es un destino más de esta lógica.
Es su laboratorio natural. El neoliberalismo hizo el trabajo de preparar el terreno. El techlordismo llega a cosechar.
Los nombres En enero de 2025, toma de posesión de Trump. Musk, Zuckerberg, Bezos y Pichai sentados en primera fila, delante del gabinete, en los asientos que siempre fueron para expresidentes. En 2020, el 98% de las donaciones tech iban a demócratas.
En 2025, casi tres cuartas partes van a republicanos. El vicepresidente Vance fue formado y financiado por Thiel. Stephen Miller, arquitecto de la política migratoria, posee hasta 250.
000 dólares en acciones de Palantir —la empresa que construye la tecnología para ejecutar esa misma política. Bezos censuró a su propio diario para no molestar a Trump. Zuckerberg pasó de vetarlo en sus plataformas a prometer que trabajaría con él para «presionar a gobiernos de todo el mundo».
Trump no lidera esta clase. Le es útil. Peter Thiel es el que piensa.
En 2009 escribió: «Ya no creo que libertad y democracia sean compatibles». Se quejaba de que la extensión del voto a las mujeres había arruinado las posibilidades del capitalismo democrático. No es un loco de Silicon Valley soltando frases en una cena.
Es el hombre que fundó la empresa de vigilancia más poderosa del mundo, que formó al vicepresidente y que financió la campaña que hizo posible todo lo que vino después. No delira. Ejecuta.
Palantir fue fundada en 2003 con la CIA entre sus primeros inversores. Toma información dispersa —registros de salud, historiales financieros, geolocalización, redes sociales, bases estatales— y la fusiona en un modelo donde cada persona existe como un objeto digital rastreable en tiempo real. Contratos con el gobierno estadounidense: de 541 millones de dólares en 2024 a 970 millones en 2025.
Para ICE —la agencia migratoria— desarrolló ImmigrationOS, que rastrea migrantes en tiempo real y genera mapas de «objetivos de deportación» con dossiers individuales. La ACLU documentó que son la columna vertebral del aparato de deportación masiva. ICE deportó 442.
000 personas en 2025. Más de un tercio no tenía antecedentes penales. Murieron más personas bajo su custodia ese año que en los cuatro anteriores combinados.
Esto no es un gobierno particularmente cruel usando tecnología disponible. Es una lógica nueva donde la eficiencia se mide en volumen de personas procesadas, no en justicia ni en derechos. El algoritmo no distingue entre un criminal y un trabajador sin papeles.
Los procesa igual, porque para el sistema son el mismo tipo de objeto: un dato con coordenadas. Elon Musk dirigió cuatro meses DOGE, la operación que destruyó USAID —la agencia de cooperación internacional, responsable de casi la mitad de la ayuda humanitaria global. estimó que esos recortes podrían provocar 14 millones de muertes adicionales para 2030.
Musk respondió en X que «cero personas han muerto». Los datos son procesables en tiempo real. Las muertes, no.
Ahí está el techlordismo entero en una frase. Trece exempleados de Palantir firmaron una carta advirtiendo que las barreras contra el abuso habían sido violadas. En abril de 2026 la empresa publicó un manifiesto de 22 puntos pidiendo que Silicon Valley se involucre en la defensa militar como deber moral.
No esconden lo que quieren. Publican manifiestos. Chile: del laboratorio neoliberal al laboratorio del algoritmo Volvamos al Mandarin Oriental.
José Piñera diseñó el sistema de AFP bajo Pinochet. Lo llama «la madre de todas las reformas» y lleva cuatro décadas exportándolo —cuenta que se lo presentó a Clinton en 1995, que se lo llevó a Putin en 2004, que 51 países adoptaron alguna versión. Chile fue el primer laboratorio del neoliberalismo: el lugar donde se demostró que se podía privatizar un sistema de pensiones, desmantelar el Estado de bienestar y llamarlo progreso.
Piñera fue el ingeniero. Que sea él quien recibe a Thiel no es casualidad ni anécdota. Es continuidad.
Lo que hizo con las pensiones —convertir un derecho colectivo en un producto financiero individual— es la misma operación que Palantir ejecuta ahora con la seguridad, la migración y los datos públicos: tomar lo que era del Estado, pasarlo por una plataforma privada, cobrar renta. El gesto es idéntico. Lo que cambió es que ya no se trata de fondos de pensiones sino de poblaciones enteras convertidas en datos.
La escala pasó de lo económico a lo existencial. Que Thiel se haya reunido también con Kaiser completa el mapa. Es una red que se mueve junta: Argentina —donde Thiel compró casa por 12 millones de dólares, se reunió con Milei y planea quedarse dos meses—, Ecuador, donde Palantir ya opera en aduanas, y ahora Chile.
Gobiernos con discursos de seguridad duros, instituciones débiles, poca voluntad de fiscalización. El entorno perfecto. Chile ya tiene infraestructura de vigilancia algorítmica.
SITIA conecta más de 2. 000 cámaras con IA en la Región Metropolitana, con 3. 000 más en camino.
Rostros, patentes, trayectorias, aglomeraciones. Centralizado con Carabineros. Nadie lo audita.
No hay ley que lo regule. Derechos Digitales documentó en 2025 la expansión silenciosa de estos sistemas en cinco países de la región. América Latina lleva décadas haciendo vigilancia política ilegal; lo nuevo es que ahora se terceriza, escala sin límite y se vende como gestión técnica del orden público.
En Chile ya operó Circles, del ecosistema que fabricó Pegasus. Y ahora el dueño de Palantir se reúne con el arquitecto de las AFP, con el líder ‘libertario’, y se discute abiertamente que sus plataformas operen aquí. Sustituir personas por algoritmos: precarización acelerada bajo un gobierno que debilita la negociación colectiva justo cuando más se necesitaría fortalecerla —y no por incompetencia, sino porque un mercado laboral sin organización sindical es más dócil, más barato y más compatible con la automatización que el techlordismo necesita.
Colonizar el Estado: los datos de millones de chilenos procesados por plataformas privadas sin fiscalización, como ya pasa con SITIA y como se profundizaría con Palantir, en un país donde ni siquiera existe institucionalidad capaz de auditar lo que ya está operando. Colonizar las finanzas: las AFP ya convirtieron las pensiones en instrumento financiero, y Thiel no viene a corregir eso sino a extender esa lógica de extracción a cada rincón de la vida pública, ahora con la potencia del capital cloud detrás. Y la muerte de las universidades que el techlordismo necesita no es abstracción: es lo que Kast hace cuando ataca la gratuidad.
No llegamos al techlordismo por accidente. Lo estamos invitando a entrar por la puerta principal. La vigilancia no necesita ser efectiva para disciplinar.
Basta con que la posibilidad exista. La dirigenta sindical que sabe que su trayecto queda registrado se piensa dos veces. El periodista que sabe que pueden monitorearlo baja el perfil.
Se llama chilling effect. Se traduce como miedo. Funciona sin que nadie apriete un botón, sin una orden firmada, sin un solo acto ilegal que denunciar.
Chile fue el primer país del mundo donde se probó que se podía privatizar un sistema de pensiones entero y venderle al mundo la idea de que eso era libertad. Peter Thiel no vino de turismo. Vino a ver si el laboratorio sigue abierto.
Por Verónica Aravena Vega Psicóloga. Doctora en Estudios de Género y Política, Universidad de Barcelona. Máster en Masculinidades y Género.
Máster en Recursos Humanos. Máster en Psicología Social/Organizacional.
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