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Los empresarios no dan trabajo
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01:50 · Chile

Los empresarios no dan trabajo

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En nuestro país, los hierofantes del libre mercado suelen repetir una y otra vez el mantra que “los empresarios dan trabajo”. Esta presentación del trabajo como algo que los empresarios “dan”, convierte discursivamente el empleo en el propósito final de los empresarios. Al respecto, estamos frente a una falacia de inversión de medios y fines, una estrategia retórica que convierte los medios para lograr un determinado fin en el fin mismo.

En términos económicos, los empleadores no “dan” trabajo como finalidad, sino, lo ofrecen como medio para producir bienes y servicios y, en última instancia, obtener y maximizar utilidades. Para los empleadores, la contratación de fuerza laboral constituye un medio para el logro de su propósito: el lucro. Los empleadores contratan sí, y sólo sí, el consumo de fuerza laboral les permite generar plusvalía e incrementar utilidades.

Es un acto condicional. Como medio orientado a fines económicos, la mano de obra posee para los empleadores una naturaleza dialéctica; el empleo se ofrece y quita alternadamente según su potencial impacto en la tasa de lucro. En tiempos de bonanza, los empleadores tienden a contratar mano de obra para maximizar utilidades, mientras que, en tiempos de recesión, los empleadores tienden a despedir mano de obra para maximizar utilidades.

La finalidad es siempre la misma: la ampliación de ganancias. Los empleadores producen y destruyen empleo indistintamente, sin preferencia por uno u otro, bajo el acicate tenaz del acrecentamiento del dinero. Son las condiciones del mercado y la expansión de las utilidades los que determinan el movimiento dialéctico de la creación y la destrucción del empleo.

En este sentido, el lucro constituye la síntesis donde el par de opuestos (contratación/despido) encuentra su causa, alternancia y modo de existencia. Por lo tanto, los empresarios no “dan” empleo, sino, que se orientan hacia la maximización de utilidades mediante el exorbitante privilegio social de, alternadamente, contratar y despedir mano de obra ad libitum. Aquí no estamos frente a benefactores ni patriotas, sino, a oportunistas de mercado que, intercambiablemente, contratan y despiden trabajadores(as) para enriquecerse gracias a la inestabilidad laboral que estructuralmente impone el libre mercado.

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