Los cuatro flancos que trabajarían en el mundo progresista, socialdemócrata y de izquierda
Hay frentes que se aparecen como vitales para el fortalecimiento de la oposición, no sólo para encarar las medidas del gobierno de extrema derecha, sino para ir construyendo una opción que esté conectada con el pueblo. Gonzalo Magueda. Periodista.
“El Siglo”. Santiago. 10/4/2026.
“Habrá que hacer una crítica descarnada” ante los resultados de la elección presidencial se dijo desde varias voces de los sectores progresistas, socialdemócratas y de izquierda. De eso, no llega nada, en el sentido de lo descarnado, explícito y apuntando a ponerle nombre a los errores, fallas y deficiencias en los procesos vividos el año pasado. Lo más concreto es que casi todos los partidos del sector, como el Partido Comunista y el Frente Amplio, anunciaron procesos internos congresales y de análisis, desde donde saldrían conclusiones a mitad de año.
Y lo que ocurre es que aquello debería ser incidente en la actuación que tendrán, sobre todo en cuanto a propuestas y vinculación con la ciudadanía, en el futuro inmediato y de mediano plazo. Pero eso no es lo único que está cruzando a las fuerzas progresistas, socialdemócratas y de izquierda, ni es lo único que tienen pendiente. Hay otros temas desafiantes y que, al menos en lo formal, se analizaron las últimas semanas en sucesivas reuniones de presidentas y presidentes, secretarias y secretarios generales de las colectividades que respaldaron al gobierno de Gabriel Boric y que ahora conforman el cuerpo opositor a la administración de José Antonio Kast.
1)La unidad. Prácticamente nadie dentro del progresismo, la socialdemocracia y la izquierda deja de manifestar que la unidad del sector es crucial para el ciclo político abierto y lo que vendrá. A diferencia de los años recientes, no hay a la vista, hasta dentro de tres años, un proceso electoral, que suele obligar o instar a las colectividades a hacer pactos unitarios e incluso construir propuestas programáticas.
Por tanto, ese factor no está presente en esta coyuntura. Así, la unidad se está planteando básicamente en tres elementos: construir un conglomerado, diseñar propuestas y establecer una oposición ante la administración de extrema derecha. Se reconoce que en ninguno de esos elementos hay condiciones para avanzar de manera fluida.
Menos en el primero, donde parece primar la idea de que el Partido Comunista (PC), el Frente Amplio (FA) y Acción Humanista (AH) confluyan en un acuerdo, mientras Socialismo Democrático (partidos Socialista, Por la Democracia, Radical, Liberal) persistan en su camino y, de paso, llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana. No está muy claro cómo se inscribe en este cuadro la Federación Regionalista Verde Social. Un ámbito que parece decisivo es el nivel de coordinación y acuerdos que tengan los partidos opositores en el Congreso, ahí hay un espacio donde se pone a prueba un marco de unidad.
Ciertamente también respecto a las políticas y medidas del gobierno de José Antonio Kast. Pero hasta el momento, la unidad está más radicada en lo discursivo, en los anhelos, en las buenas intenciones y en algunos episodios como los encuentros entre las directivas de los partidos. 2)La propuesta.
Se insiste mucho desde la oposición, como se ve en varias vocerías, que no basta con criticar y salir al paso a las medidas del gobierno. Hay que tener propuestas frente a los problemas que se presentan, hay que tener alternativas ante las iniciativas que promueve La Moneda y los sectores de derecha y extrema derecha. Eso pasa, lógicamente, por la construcción de iniciativas, de proyectos, de caminos a seguir en asuntos tan vitales como salud, educación, seguridad pública, salario, impuestos, alza del costo de la vida, vivienda, transporte, demandas regionales, y otros temas.
Se dijo que en eso tienen un papel los centros de estudios y fundaciones vinculadas al progresismo, la socialdemocracia y la izquierda, y con las iniciativas que se presenten en el Congreso. Ello, según algunos, debería pasar también por la palabra que saque el movimiento sindical, las organizaciones de la sociedad civil (como los Colegios Profesionales, las federaciones estudiantiles, el movimiento feminista, etc. ), las expresiones de colectivos populares, y que retroalimenten a los partidos, les entreguen insumos.
Este es un asunto que parece imprescindible reforzar, porque tener propuestas le puede otorgar un piso y una fortaleza a la oposición, más allá de la crítica al gobierno o al sector empresarial y financiero. 3)La comunicación. No es gratuito que los partidos de este sector hayan acordado generar una instancia de reunión y, se presume, de producción, de sus áreas de comunicaciones, en la idea de reforzar la labor en este ámbito, evaluado como débil, sobre todo ante el poder y la influencia de los medios convencionales, empresariales y trasnacionales.
Hasta donde se sabe, entre los objetivos está instalar un relato de la oposición, salir con un discurso efectivo y oportuno, transmitir las propuestas que existen y generar una coordinación comunicacional en las apariciones y gestiones de cada colectividad. Una vez más comprueban, de un lado, el efecto nocivo del poder comunicacional de la derecha y la extrema derecha, y de otro lado, los déficit y dificultades en las comunicaciones del sector. Se indica que un riesgo es que todo quede, al final, en cómo se ganan espacios en la prensa hegemónica y liberal, y no se asuma el desafío de generar plataformas propias, apoyar a los medios propios y establecer una estructura comunicacional -medios y contenidos- que ayude a proyectar el ideario, las propuestas y las acciones del progresismo, la socialdemocracia y la izquierda.
Son décadas de una debilidad en este ámbito de este sector político y ahora podrían abrirse oportunidades, pero eso se está por ver. 4)La vinculación con el pueblo. Son muchas y muchos los dirigentes y legisladores de las organizaciones progresistas, socialdemócratas y de izquierda que apuntan a una desvinculación, a un distanciamiento, a una lejanía de sus partidos con el pueblo, con la ciudadanía.
Se suele señalar que eso tiene que ver con baja en la influencia, el aumento en la base social de la extrema derecha, el poco conocimiento entre la ciudadanía respecto a lo que hace y logra el progresismo y la izquierda, la institucionalización y elitización de los partidos, y no abordar con fuerza y decisión asuntos como la batalla cultural y el trabajo territorial permanente. Esto tiene que ver con las votaciones que se logren obtener, con la ampliación de la base social y electoral del sector, con la real inserción en el movimiento social en todas sus variables. Varias y varios voceros de la oposición señalan la necesidad del compromiso y trabajo con la base social, en los territorios populares, en ámbitos de sectores medios.
No en vano se ha señalado la influencia que pueden tener colectividades como el PC, el PS y el FA en la movilización social y la convocatoria a la sociedad civil. Se han planteado factores como “no parlamentarizar” la labor de la oposición, no dejarla en un ámbito excesivamente institucional y conectar a sus militantes y estructuras con las dinámicas del movimiento social y popular.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile