Los crímenes de Soham y un asesino al que le esperaba "un lugar especial en el infierno" en prisión
Imaginen esta escena. Es la tarde del domingo 4 de agosto de 2002, en Soham, un pueblito apacible de Cambridgeshire, en el este de Inglaterra. Dos niñas de 10 años —Holly Marie Wells y Jessica Aimee Chapman— caminan del brazo por College Road, de regreso a casa tras disfrutar la tarde en un asado familiar.
Llevan puestas camisetas idénticas del Manchester United, rojas y resplandecientes bajo el sol del verano inglés. Un conductor que pasa por allí las ve y comenta a su esposa: “Mira, dos pequeñas Beckhams”. En su camino, pasan frente al número 5 de College Close.
Un hombre de 28 años las saluda desde la puerta. Se llama Ian Huntley y es el conserje del colegio local. Las niñas lo conocen.
Él les dice que su novia, Maxine Carr, la ayudante de su profesora, está adentro. Les ofrece pasar a curarse con ella un sangrado de nariz de Holly. Las niñas entran.
Si tan sólo hubieran seguido caminando unos metros más, habrían llegado a casa sanas y salvas. Lo que ocurrió dentro de esa casa convertiría a Soham en sinónimo de uno de los crímenes más horrendos de la historia moderna británica. La tarde en que un pueblo perdió la inocencia Aquel domingo, Holly y Jessica habían pasado el día juntas en la casa de la familia Wells, en el número 4 de Redhouse Gardens.
Según registros del caso documentados por la BBC, Jessica llegó alrededor de las 11:45 de la mañana, trayendo un collar con la letra “H” que había comprado para su amiga durante unas vacaciones familiares. Jugaron en el computador, escucharon música, y se cambiaron de ropa para ponerse las camisetas del Manchester United: una era de Holly y la otra de su hermano Oliver. A las 17:04, la madre de Holly, Nicola Wells, las fotografió juntas.
Esa imagen —dos niñas sonrientes, abrazadas, con las camisetas rojas— se convertiría en una de las fotografías más difundidas en la historia criminal británica. Soham Murders Hacia las 18:15, las niñas salieron sin avisar a nadie, con la intención de comprar dulces en una máquina del centro deportivo local. Las cámaras de seguridad las captaron cruzando el estacionamiento del Ross Peers Sports Centre a las 18:28.
Fue la última grabación que las mostró con vida. A las 18:46, el teléfono Nokia de Jessica se apagó. El análisis posterior de señales celulares, presentado como evidencia en el juicio según Crime+Investigation UK, confirmó que la última señal provino de las inmediaciones de la casa de Huntley.
A las 20:00, Nicola Wells descubrió que las niñas no estaban. A las 21:55, ambas familias reportaron su desaparición a la policía. Lo que siguió fue una de las operaciones de búsqueda más intensas en la historia británica.
Más de 400 policías fueron asignados a tiempo completo. Cientos de voluntarios locales peinaron cada campo y cada sendero del condado. Personal de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, estacionado en la cercana base de Mildenhall, se sumó a las tareas.
Incluso David Beckham grabó un llamado televisado pidiendo información. El diario Daily Express ofreció una recompensa de un millón de libras. Fue en medio de toda aquella angustia colectiva cuando apareció Ian Huntley.
El asesino que buscaba a sus propias víctimas En una de las situaciones más escalofriantes de todo el caso, Huntley se ofreció voluntariamente como testigo y se convirtió en una especie de vocero comunitario ante las cámaras. El 5 de agosto —apenas un día después de los asesinatos— se acercó a la policía para informar que él había hablado brevemente con las niñas en la puerta de su casa. Los investigadores concluyeron posteriormente que lo hizo porque temía que algún testigo lo hubiera visto conversando con ellas.
Dio múltiples entrevistas a Sky News y BBC Look East, expresando conmoción y preocupación por la suerte de las pequeñas. Su rostro compungido era el de un vecino solidario, destrozado por la tragedia. Una actuación de primer nivel.
Ian Huntley Pero las grietas no tardaron en aparecer. El periodista Brian Farmer, de la agencia Press Association, lo entrevistó el 8 de agosto y quedó inmediatamente con sospechas. Huntley dijo que Holly “probablemente se iría en silencio, pero que Jessica opondría resistencia”.
Un comentario frío y demasiado específico para alguien que aseguraba conocerlas apenas de vista. Farmer también notó que las niñas supuestamente no habían mencionado al perro de Huntley, Sadie, durante la conversación en la puerta, pese a que Huntley afirmó estar bañando al animal en ese momento. “No creo que exista un niño de esa edad en el mundo que no hubiera mencionado al perro”, testificó Farmer después ante el tribunal, según recogió el Stratford Herald.
Farmer reportó sus sospechas directamente a la policía. La periodista de la BBC Debbie Tubby también declaró en el juicio que, cuatro días después de la desaparición, Huntley le preguntó si la policía había encontrado la ropa de las niñas. Un detalle que solo el asesino podría saber que era relevante.
Maxine Carr, la novia de Huntley, también cometió deslices reveladores. En una entrevista con BBC Look East, se refirió a Holly en tiempo pasado cuando las niñas aún estaban oficialmente desaparecidas, y mostró una tarjeta que Holly le había hecho, diciendo: “Ella era simplemente encantadora”. Maxine Carr El hallazgo que dio inicio a la peor pesadilla El 16 de agosto, los investigadores dieron con la pista definitiva.
En un registro del galpón del Soham Village College encontraron los restos carbonizados de las camisetas del Manchester United, cortadas verticalmente desde el dobladillo hasta el cuello, junto con zapatillas quemadas y un paño de cocina, todo dentro de una bolsa de basura con las huellas digitales de Huntley. También descubrieron que Huntley había limpiado meticulosamente cada habitación de su casa con un fuerte líquido con olor a limón, había reemplazado el revestimiento del maletero de su auto con una alfombra casera que no calzaba bien, y —el 5 de agosto, un día después de los crímenes— había cambiado los cuatro neumáticos de su Ford Fiesta, ofreciéndole al mecánico 10 libras para que registrara una matrícula falsa. Huntley y Carr fueron arrestados a las 4:30 de la madrugada del 17 de agosto.
Ese mismo día, el guardabosque Keith Pryer descubrió los cuerpos de las niñas, uno junto al otro, en una zanja de riego cerca de la base de Lakenheath. Pryer había notado un olor inusual en la zona días antes. Los cuerpos estaban carbonizados, parcialmente esqueletizados y en un estado avanzado de descomposición tras 13 días a la intemperie.
La identificación formal requirió pruebas de ADN que fueron confirmadas el 21 de agosto en el hospital Addenbrooke’s de Cambridge, según documenta Wikipedia citando fuentes oficiales del caso. Lo que sucedió dentro del número 5 de College Close jamás fue completamente esclarecido. Se comprobó que ambas niñas murieron por asfixia.
Durante el juicio, Huntley aseguró que Holly se había ahogado accidentalmente en la tina mientras él trataba su sangrado de nariz, y que luego sofocó involuntariamente a Jessica al cubrirle la boca para que dejara de gritar. El patólogo forense doctor Nathaniel Cary calificó esa versión como “completamente inverosímil”, por no decir una sandez. La fiscalía, liderada por Richard Latham, argumentó que el móvil fue sexual: Huntley había lavado sus sábanas después de los asesinatos y tenía un historial de agresiones sexuales contra menores.
Sin embargo, el estado de descomposición avanzada de los cuerpos impidió confirmar si hubo una agresión sexual. Tras asesinarlas, Huntley cargó los cuerpos en su Ford Fiesta rojo y los transportó unos 16 kilómetros hasta la zanja de riego cerca de la base de la Real Fuerza Aérea en Lakenheath, Suffolk. Allí les cortó la ropa, los roció con bencina y les prendió fuego.
Luego regresó a Soham e intentó quemar las prendas en un contenedor dentro de un galpón del colegio donde trabajaba. Amazon Prime Video ¿Cómo llegó un sujeto con semejante historial a trabajar como conserje de un colegio? Pues bien, esa es quizás la parte más indignante de toda esta historia.
El oscuro pasado de un depredador serial Ian Kevin Huntley nació el 31 de enero de 1974 en Grimsby, Lincolnshire. Según The Scotsman, fue descrito como “un niño tímido, algo consentido por su madre”, que sufrió acoso escolar severo, al punto de que debió cambiarse de escuela a los 13 años. Abandonó los estudios en 1990 y deambuló por trabajos precarios en plantas procesadoras de pescado, fábricas y bares.
En diciembre de 1994, se casó con Claire Evans, de 18 años, tras conocerla apenas semanas antes. La relación se deterioró rápidamente hacia el abuso extremo. Evans testificó después que Huntley la golpeó tan brutalmente que sufrió un aborto espontáneo, y que en una ocasión la estranguló sobre el lavaplatos de la cocina “sonriendo y riéndose”, según recogió Biography.
com. Ella huyó y terminó casándose con el hermano menor de Huntley, Wayne. Entre 1995 y 2001, Huntley tuvo contactos sexuales con al menos 11 menores de edad, con edades que iban desde los 11 hasta los 17 años, de acuerdo con los registros recopilados por Crime+Investigation UK y el informe Bichard.
En 1996, una adolescente de 15 años, Emma Fish, se mudó a la casa de la madre de Huntley para estar cerca de él; quedó embarazada y perdió al bebé tras ser golpeada con violencia. La Vanguardia En 1997, fue acusado de agredir indecentemente a una niña de 11 años. En 1998, fue arrestado por violación.
Un informe de inteligencia policial de julio de 1999 lo describió como “un atacante sexual en serie”, según reveló el informe Bichard. Pero increíblemente, ese informe fue luego borrado de los registros bajo las normas de depuración de datos de la policía de Humberside. En total, Huntley llamó la atención de la policía de Humberside en al menos 10 ocasiones distintas y fue reportado a servicios sociales cinco veces.
Cada caso fue manejado por funcionarios diferentes, en zonas diferentes, sin que nadie conectara el patrón. En noviembre de 2001, Huntley fue contratado como conserje del Soham Village College. Postuló usando el alias “Ian Nixon” —el apellido de soltera de su madre—, aunque en el formulario anotó que antes se llamaba Ian Huntley.
La policía de Cambridgeshire realizó la verificación de antecedentes usando sólo “Ian Nixon” y no envió el fax requerido a la policía de Humberside. El resultado: “sin antecedentes”. Si hubieran buscado bajo “Huntley”, habrían encontrado un cargo pendiente por robo y acceso al informe que lo señalaba como atacante sexual en serie.
El sistema había fallado de manera catastrófica. El juicio que estremeció al Reino Unido El juicio se inició el 5 de noviembre de 2003 en el Old Bailey de Londres, ante el juez Alan Moses y un jurado de cinco hombres y siete mujeres. Huntley enfrentó dos cargos de asesinato y uno de conspiración para pervertir el curso de la justicia.
Carr fue juzgada junto a él. La evidencia forense fue abrumadora. Se identificaron 154 transferencias de fibras entre la ropa de las niñas y la casa de Huntley, según detalló Crime+Investigation UK.
Cinco cabellos de Huntley fueron encontrados en la camiseta de Holly y en la ropa interior de Jessica. Granos microscópicos de polen que coincidían con el sitio donde fueron depositados los cuerpos aparecieron en la ropa de Huntley y dentro de su auto. La profesora Patricia Wiltshire, ecóloga forense, analizó el crecimiento de ortigas en el lugar del hallazgo y estimó que los cuerpos habían sido colocados allí exactamente 13 días antes, lo que coincidía con la fecha de los asesinatos, según reportó BBC Science Focus.
A pesar de la exhaustiva limpieza de Huntley, los equipos forenses encontraron salpicaduras de sangre en el pasillo y cerca de la entrada del dormitorio principal. Tres semanas después del inicio del juicio, el 1 de diciembre, Huntley cambió dramáticamente su defensa. Llamado como primer testigo de la defensa por su abogado Stephen Coward, admitió que ambas niñas habían muerto en su casa, pero insistió en que las muertes fueron accidentales.
Latham calificó la historia del sangrado nasal como “basura” y argumentó que era imposible que Holly se ahogara en 15 centímetros de agua con dos personas al alcance de la mano. El 17 de diciembre de 2003, el jurado emitió un veredicto de culpabilidad por mayoría en dos cargos de asesinato. El juez Moses lo sentenció a dos cadenas perpetuas con las palabras: “Tus lágrimas nunca han sido por ellas; sólo por ti mismo”.
En septiembre de 2005, el tribunal fijó un período mínimo de 40 años, lo que significaba que Huntley no sería elegible para libertad condicional hasta 2042. Estuvo a un pelo de recibir una condena perpetua sin posibilidad de libertad: la ley que permitía esa sentencia entró en vigencia un día después de su condena. De todos modos no importaba.
Huntley no volvería a salir de prisión con vida. Maxine Carr: de la condena a su desaparición ¿Y qué pasó con Maxine Carr? Pues bien, su historia tiene un giro que pocos casos criminales pueden igualar.
Maxine Ann Carr, nacida el 16 de febrero de 1977 en Grimsby, conoció a Huntley en un club nocturno en febrero de 1999 y se mudó con él en cuestión de semanas. Lo siguió a Soham en noviembre de 2001, donde consiguió un puesto de asistente en la escuela primaria de las niñas, un cargo que obtuvo mintiendo sobre sus calificaciones, según reporta Yahoo News Australia. La noche de los asesinatos, Carr estaba en Grimsby visitando a su madre, a unos 160 kilómetros de distancia.
Fue fotografiada en un pub e incluso captada besando a un joven de 17 años en un club nocturno. Y sin embargo, cuando la policía le preguntó, dijo que estaba en casa con Huntley. La coartada falsa desvió temporalmente las sospechas.
Durante el juicio, Carr declaró que había mentido para proteger el trabajo de Huntley, creyendo en sus afirmaciones de inocencia. En un momento de quiebre emocional, gritó en la corte: “No voy a cargar con la culpa de lo que esa cosa en ese banquillo me ha hecho a mí o a esas niñas”, consigna Crime+Investigation UK. El jurado la declaró culpable de conspiración para pervertir el curso de la justicia, pero la absolvió de los cargos de ayudar a un delincuente.
Aceptaron que efectivamente no sabía de los asesinatos cuando mintió. Fue condenada a tres años y medio de cárcel. Habiendo cumplido 16 meses en prisión preventiva, fue liberada el 14 de mayo de 2004 tras un total de 21 meses.
Y entonces, desapareció. Maxine Carr Carr recibió una identidad secreta nueva y fue trasladada a través de más de 10 casas seguras en los dos años siguientes, según reportó Coventry Live. El 24 de febrero de 2005, el juez Eady le otorgó anonimato vitalicio indefinido, dictaminando que existía “un riesgo real y significativo de lesión o algo peor —asesinato—” sin dicha protección, tal como documentó The Irish Times.
Se convirtió en una de las pocas personas en la historia del Reino Unido en recibir una orden semejante. Los detalles de su vida posterior son inciertos por las protecciones legales, pero reportes de prensa —que deben tomarse con cautela— indican que habría tenido un hijo en 2011, se habría casado alrededor de 2014 con un hombre que conocería su pasado, y estaría viviendo en un pueblo costero no revelado, según informó Yorkshire Live. Cabe mencionar que al menos una docena de mujeres han sido falsamente identificadas como Carr a lo largo de los años, sufriendo acoso e incluso agresiones físicas.
La protección judicial era necesaria. La prisión se convirtió en el infierno de Huntley Desde el momento de su condena, Huntley sabía que su estadía en el sistema carcelario no sería fácil, pues los demás presos querrían hacer justicia por Holly y Jessica con sus propias manos. Pasó por una sucesión de instituciones de alta seguridad: el hospital Rampton, las cárceles de Woodhill, Belmarsh, Wakefield y, desde enero de 2008, la prisión de Frankland, en el condado de Durham.
En cada una, la violencia lo encontró a él. 2005: Agua hirviendo en Wakefield En septiembre de 2005, el cuádruple asesino convicto Mark Hobson le arrojó agua hirviendo a Huntley en la cara y el cuerpo. Las quemaduras fueron tan severas que Huntley no pudo asistir a la audiencia de determinación de su pena mínima el 29 de septiembre, según reportó Yorkshire Live.
Hobson recibió tres meses de confinamiento solitario. Huntley posteriormente demandó al gobierno por las fallas de seguridad en la prisión. 2010: La cuchillada que casi lo mata El 21 de marzo de 2010, en Frankland, el asaltante armado convicto Damien Fowkes atacó a Huntley con un arma artesanal: una hoja de afeitar derretida sobre cubiertos plásticos.
Le infligió una herida de 18 centímetros en el lado izquierdo del cuello que requirió 21 puntos de sutura. Cuando un guardia lo detuvo, Fowkes preguntó: “¿Está muerto? Ojalá que sí”.
En 2011, Fowkes se declaró culpable del intento de asesinato de Huntley y del homicidio del pedófilo Colin Hatch en otra prisión. Fue condenado a cadena perpetua con un mínimo de 20 años, según reportó ITVX News. 2018: La navaja en la celda Según el propio relato de Huntley en cintas filtradas desde la prisión, un convicto entró a su celda y trató de degollarlo con una hoja de afeitar pegada a un cepillo de dientes.
Huntley afirmó que logró resistir al atacante y alertar a los guardias. El agresor no fue identificado públicamente. Tres intentos de suicidio La violencia externa no fue lo único que amenazó la vida de Huntley.
El 9 de junio de 2003, antes de su juicio, tragó 29 pastillas antidepresivas acumuladas en la prisión de Woodhill y cayó en coma. El 5 de septiembre de 2006, en Wakefield, intentó suicidarse nuevamente con una sobredosis. Durante el registro posterior de su celda, los guardias encontraron una cinta de casete con una versión diferente de los asesinatos, en la que afirmaba que Carr había sabido de los crímenes y lo había alentado a quemar los cuerpos.
Un tercer intento de suicidio ocurrió en 2012. Su vida cotidiana en la prisión de Frankland estaba marcada por la paranoia y el aislamiento. Trabajaba como limpiador y en el taller de la prisión, pero rara vez participaba en actividades grupales.
Según reportes de Yorkshire Live, había engordado considerablemente —superando los 95 kilos en un cuerpo de apenas 1,57 metros— tras negarse a comer la comida de la cárcel por temor a ser envenenado, comprando en su lugar confites de la tienda interna. Ian Huntley en prisión En cintas filtradas desde la prisión en 2018, Huntley declaró: “Sé que la gente de Soham me acogió en su comunidad, confiaron en mí, me dieron un trabajo y un hogar, y los traicioné de la peor manera posible”. En abril de 2007, confesó en prisión haber agredido sexualmente a una niña de 11 años en 1997 y admitió tener interés sexual en menores, según documentó Crime+Investigation UK.
“Hay un lugar especial en el infierno esperándolo” La mañana del jueves 26 de febrero de 2026, alrededor de las 9:00, Huntley fue atacado en el área de taller y reciclaje de la prisión de Frankland. El ataque fue de una ferocidad inédita. Según el diario The Sun, fue golpeado repetidamente en la cabeza con una barra metálica con punta, presuntamente hasta 15 veces.
Los guardias lo encontraron tirado en un charco de sangre, creyendo inicialmente que ya estaba muerto. Los servicios de emergencia fueron llamados a las 9:23; la ambulancia aérea del Great North respondió, pero Huntley fue trasladado por tierra al Royal Victoria Infirmary de Newcastle bajo escolta policial armada. El sospechoso del ataque fue identificado como Anthony Russell, de 43 años, un triple asesino y violador que cumple una condena de por vida sin posibilidad de libertad.
Russell fue condenado en 2021 por los asesinatos de Julie Williams, de 58 años, su hijo David Williams, de 32, y Nicole McGregor, de 31 años y embarazada, a quien también violó. Según múltiples fuentes británicas, Russell habría celebrado gritando mientras lo sacaban del lugar: “¡Lo hice, lo hice! ¡Lo maté, lo maté!
”. Otros reclusos aplaudieron. Huntley sufrió trauma cerebral severo, fracturas de cráneo, mandíbula rota y quedó ciego, establece British Brief.
Los médicos le dieron un 5% de probabilidades de sobrevivir. Su madre, Lynda Richards, de 71 años, lo visitó pero, según los reportes, no pudo reconocerlo. El viernes 6 de marzo, las pruebas de actividad cerebral confirmaron que se encontraba en estado vegetativo persistente.
El soporte vital fue desconectado al mediodía. Ian Huntley fue declarado muerto la mañana del sábado 7 de marzo de 2026. Tenía 52 años.
La policía de Durham confirmó el fallecimiento en un comunicado oficial, destaca RTÉ. Se estaba preparando un expediente para la Fiscalía respecto a posibles cargos contra el atacante. El Ministerio de Justicia declaró: “Los asesinatos de Holly Wells y Jessica Chapman siguen siendo uno de los casos más impactantes y devastadores en la historia de nuestra nación, y nuestros pensamientos están con sus familias”.
La propia hija de Huntley, Samantha Bryan, de 27 años, dijo a The Sun: “Hay un lugar especial en el infierno esperándolo”. Sammy Brian, hija de Ian Huntley Un legado de dolor que sobrevivió al asesino Los asesinatos de Soham transformaron radicalmente el enfoque del Reino Unido hacia la protección infantil. La investigación Bichard, publicada en junio de 2004, calificó el sistema de inteligencia de la policía de Humberside como “fundamentalmente defectuoso” y su base de datos de protección infantil como “en gran parte inútil”.
Sus recomendaciones dieron origen al Servicio de Divulgación y Exclusión (DBS), la Base de Datos Nacional Policial y la Ley de Protección de Grupos Vulnerables de 2006, sistemas diseñados para que ningún depredador pudiera volver a escurrirse entre las grietas institucionales como lo hizo Huntley durante al menos 10 contactos policiales y cinco derivaciones a servicios sociales. La fotografía icónica de dos niñas sonrientes con camisetas del Manchester United permanece grabada en la memoria colectiva británica como símbolo de la inocencia destruida. Holly y Jessica nunca llegaron a cumplir 11 años.
Hoy descansan en el cementerio local, sus tumbas una junto a la otra. Sus familias soportaron 13 días de esperanza agonizante mientras el hombre que mató a sus hijas aparecía en cámaras expresando preocupación y sacudiendo la cabeza. Veinticuatro años después, la muerte de Huntley en un taller carcelario cierra un capítulo.
Pero para las familias y la comunidad de Soham, la herida permanece abierta. Cómo hicimos esta nota Esta nota comenzó con una estructura del caso de los crímenes de Soham y el destino de los dos condenados. Esta se entregó a Claude, la inteligencia artificial de Anthropic, para que realizara una investigación profunda y posterior borrador del mismo.
Luego, el texto fue editado por el autor, eliminando aristas innecesarias, modificando la narrativa, e inluyendo elementos que la IA no consideró originalmente. Tras verificar los datos entregados, se publicó este artículo.
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