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Libros de la Vida: “Catedrales” de Claudia Piñeiro
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21:00 · Chile

Libros de la Vida: “Catedrales” de Claudia Piñeiro

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La sensación que me deja esta lectura es de un entendimiento perfecto entre autora y lector. Todo fluye como en una conversación de café. Claudia Piñeiro conoce los secretos del ritmo y sabe cómo contar una buena historia.

Veamos. Esta es una novela intensa que incomoda e interpela. Dotada de un tono emotivo y, por momentos, asfixiante por su crudeza.

Trasciende el molde de la novela policial para adentrarse en honduras más complejas: el de la intimidad de un drama familiar, los dogmas sociales, la religión y la fe; y de los dilemas morales que incomodan y remueven. La narración es coral. Distintas voces reconstruyen la historia de un hecho trágico desde sus propias perspectivas.

Y cada testimonio permite un acceso profundo a la psicología de cada personaje, revelando sus circunstancias, contradicciones, culpas y silencios. ¿Y de qué se trata la novela? La sinopsis dice que hace treinta años, en un terreno cercano a un barrio tranquilo, apareció descuartizado y quemado el cadáver de una adolescente.

La investigación se cerró sin culpables y la familia, que es muy formal y católica quedará destrozada. Pero después de todo este tiempo, la persistente búsqueda del padre permitirá que todo salga a la luz. Al parecer, a la autora no le preocupó que hubiera pistas para que incluso yo, pudiera acertar con quiénes fueron los responsables de esos hechos terribles.

Lo que esconde muy bien y luego va mostrando a través de los relatos de los involucrados es el cómo y el por qué. La autora argentina pone el dedo en la llaga al cuestionar los dogmas religiosos y al plantear la pregunta de aparente fácil respuesta de dónde está la línea entre el bien y el mal. Sin embargo, el “yo y mis circunstancias” a la hora de tomar decisiones, las creencias, los afectos y los miedos hacen que los límites aparezcan difusos.

Y eso es inquietante a la hora de los juicios absolutos. Lo que sí será absoluto son las voces que interpelarán directamente a la conciencia. Estamos frente a una novela que deja algunas cosas para guardar.

Como la voz del padre expresada en una carta para atesorar, cargada de humanidad, fragilidad y también de lucidez tardía. Allí están los acercamientos tan fuertes sobre el amor, Dios y la fe, la muerte, el perdón y la absolución. Me deja pensando en esto de las catedrales.

Puede, dice, haber catedrales con o sin dioses. O sea, potencialmente, miles de millones de catedrales en el mundo (lo digo yo). ¿Cómo sería la catedral de cada uno?

Me gustó la catedral de Lía, una de las protagonistas. Es una en la que los ladrillos sean libros; “Ladrillos móviles, que puedan retirarse para ser leídos sin que la catedral se venga abajo”. Qué lindo.

La mía podría ser algo parecido. Yo le agregaría vitrales que serían afiches ochenteros con los nombres y las palabras amadas, y que llevo conmigo a todas partes.

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