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La vida que vendrá o la provocación de devolverle el color a los sueños populares
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08:58 · Chile

La vida que vendrá o la provocación de devolverle el color a los sueños populares

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Karin Cayul (Historia de mi nombre, 2019) entrega en su segundo documental una amplia, profunda y sensible reflexión sobre la memoria popular, de los márgenes. Una memoria confinada (al menos hasta 1988) al blanco y negro, a la desazón, la pesadumbre. Estigmatizada como caótica, violenta e incivilizada.

La vida que vendrá se estrena el 7 de mayo en salas. Más información en miradoc. cl En parte, lo que Karin Cayul denuncia es a un país donde los bordes, los márgenes, se niegan, se ocultan.

Uno donde pareciera que es obsceno que los “rotos” puedan acceder al color, a la vida, a tener sueños (fuera del modelo, del orden). A que la atención esté en ellos. Además, La vida que vendrá hace un ejercicio -en gran medida- pendiente en Chile.

La Unidad Popular y Salvador Allende han quedado reducidos al golpe cívico-militar de 1973. A algunas imágenes en blanco y negro de la UP, donde se mezclan tomas, colas, violencias. Una imaginería donde no caben los sueños populares sin “su” contraparte de violencia.

Y son sueños y momentos deslavados, sin color. Karin Cayul busca los sueños, las alegrías, esos momentos de esperanza que quedaron truncados, negados, estigmatizados. No es tan distinto a lo que pasó con la Revuelta Social, cuando pasó a ser de Revuelta Social a Estallido Social y luego a ser etiquetada como Estallido Delincuencial.

De millones de manifestantes con sus cientos de demandas, quedar reducido a la Primera Línea y a los “octubristas”, los delincuentes, borrando todo el resto, postergando indefinidamente lo que había en el fondo, en las grandes masas movilizadas. Lee también... Miércoles 31 Diciembre, 1969 | 21:00 La vida que vendrá “Estas imágenes son las imágenes de mi país.

No puedo verlas sin estar atravesada con lo que ahí aconteció”. Karin Cayul repara en la pesadumbre que ve en su padre y en su madre, en los amigos de ellos. “En algún momento, la misma pesadumbre me llegó a mí”.

“¿Por qué nos negaron el color? Sentí una cierta decisión de la Patria en querer mostrar nuestro pasado en blanco y negro”. Una decisión que es política y, también, de clase.

Porque, en esos tiempos, el color estaba reservado a unos pocos, por razones políticas e incluso por razones estéticas. Porque los “rotos” debían ser grises y, en lo posible, feos. Los estándares de belleza, de la buena estética, culta, respondían a una clara idea de Clase.

De Clase Alta. Karin Cayul, en La vida que vendrá, sostiene que “esa memoria, que me habían transmitido, que estaba hecha de derrotas, tenía estos momentos. Unos en el que el país soñó que podía ser diferente”.

La directora, de manera perseverante, incisiva, y emotiva, recupera esas escenas llenas de vida y color registraron esos pequeños espacios de esperanza, de alegría y de protagonismo popular. La vida que vendrá, Karin Cayul, Pequén Producciones “Un No ganador, y un SÍ mandador” Karin Cayul recurre solo a imágenes de archivo, de archivos amateurs, aficionados. Lo hace por razones estéticas y políticas.

Quiere recuperar la mirada sobre los bordes, pero desde los bordes. Miradas con el pulso y la pulsión de los márgenes. La directora parte de la base que ahí hay otras miradas, en su contenido como en su forma.

Reafirma su postura con escenas que contravienen las imágenes oficiales, que tensionan los discursos públicos. Por ejemplo, cuando se cuestiona qué tanto cambiará si gana una u otra opción en el Plebiscito de 1988. Una pobladora, poco después del triunfo del No (1988), afirmaba: “tenemos un No ganador, y un SÍ mandador”.

Una lucidez que da la distancia que otorga, normalmente, el tiempo. Y que, en este caso, se debe a la distancia con los poderes. “La esperanza de los 80 era más bien una resignación frente al futuro” Karin Cayul hace, en su documental, un verdadero trabajo de arqueología.

Una labor ardua y minuciosa, perseverante, de ir descubriendo, capa por capa, seleccionando y ordenando. Buscando explicaciones para su propio universo interior, hecho de retazos de alegría pero con gran manto de desesperanza. Este trabajo de arqueología es el que le permite una mirada lúcida, iluminada, del presente: “La esperanza de los 80 era más bien una resignación frente al futuro”.

“Y yo, en términos temporales, no pertenecía ni a esa esperanza setentera ni a la desolación ochentera. Sin embargo, no podía imaginar un futuro distinto. Existía una sensación de presente en el que estaba paralizada, y en donde mis expectativas se iban diluyendo y quedando atrás”.

La vida que vendrá es un intento por rescatar esas breves esperanzas, esas escasas genuinas alegrías. Esos destellos de sentido, de ser protagonistas que pueden dar sentido a un futuro. Es la búsqueda de “un Chile que no pudo ser”, de “las pistas para un futuro colectivo” para “ese espacio común que llamamos país”.

Sin embargo, La vida que vendrá rescata y aviva las brasas no de la destrucción, como quisieran algunos, sino de esos sueños, esperanzas y alegrías que sostienen en pie. La vida que vendrá Dirección y guion: Karin Cayul Producción: Joséphine Schroeder (Chile) Co-producción: Jerónimo Atehortúa (Colombia) Producción ejecutiva: Joséphine Schroeder, Miguel Yilales, Jerónimo Atehortúa, Juan Sebastián Mora Baquero, María José Alarcón Ardila Compañías productoras: Pequén Producciones (Chile), Invasión Cine (Colombia) Sonido: Diana Martínez Muñoz Montaje: Federico Atehortúa Postproducción de sonido: Guateque Cine Post de color: Darío Órdenes (Albatros Post-Chile) Diseño sonoro: Diana Martínez Muñoz, José Delgadillo Gaviria País: Chile, Colombia Duración: 92 min Archivos de Luis Costa, Enzo Villanueva, la Universidad de Santiago (ex Universidad Técnica del Estado) entre otros.

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