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La verdadera crisis de Chile: Salud mental, consumo de drogas y materialismo
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23:12 · Chile

La verdadera crisis de Chile: Salud mental, consumo de drogas y materialismo

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Por Sergio Salinas Cañas Durante la mañana del viernes 26 de marzo, un video de 36 segundos circuló en Internet bajo el título de “Ataque a Instituto Lezaeta”. De fondo, una canción en inglés decía: “Siempre estoy tirado por ahí solo, ya no siento nada, creo que no tengo remedio. Maldita sea, matando a todos estos policías, estoy perforando sus cerebros.

Les disparo a todos estos malditos perdedores. ¿Cómo me llamaron siempre? Loco”.

Minutos después se desarrollaría una tragedia en un liceo de nuestro país, mostrándonos dolorosamente esa crisis que no queremos ver, ni escuchar ni hablar. Esa crisis que se evita mencionar en las campañas políticas y que no es prioridad de las gestiones gubernamentales de todos los signos políticos. Estamos desequilibrados como sociedad en nuestro pensar, sentir y actuar.

Chile se enfrenta desde hace demasiados años a una paradoja estructural: Mientras los indicadores macroeconómicos suelen posicionar al país como un referente regional, las estadísticas de bienestar subjetivo revelan una grieta profunda: un aumento constante de enfermedades mentales y de consumo de sustancias que atraviesa todas las capas de la pirámide social. Este fenómeno no es un evento aislado, sino el síntoma de una sociedad que ha priorizado el éxito material sobre el equilibrio emocional, donde el «tener» ha desplazado sistemáticamente al «ser». La verdad que todos saben, directores, profesores, autoridades municipales y nacionales, pero que no quieren reconocer, es que en todos los establecimientos educacionales del país se desbordan las enfermedades mentales y el tráfico de drogas.

Es decir, la juventud y el futuro de Chile está enfermo. Hace años, Gabriela Mistral nos dijo que, “El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde”.

Nuestro premio Nobel nos gritaba a la cara la urgencia de cuidar, educar y valorar a la infancia en el presente. Como maestra y poeta, Mistral creía que la atención a la niñez no puede posponerse, ya que es el cimiento de la sociedad, la cual se cae a pedazos hace años a vista y paciencia de todos. Recogemos esos ladrillos y los lanzamos lejos para que nadie los vea.

A diferencia de los estigmas del siglo pasado, el consumo de drogas en Chile no discrimina por estratos sociales, aunque se siga ocultando por parte de los gobiernos. El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA, 2023) subraya que el uso de sustancias es una problemática transversal. Sin embargo, las motivaciones varían: mientras que en sectores vulnerables el consumo se exacerba por la falta de oportunidades, en los estratos altos se vincula a la «cultura del rendimiento» y la competencia feroz.

Nuestra sociedad materialista fomenta la idea de que el valor del individuo reside en su capacidad adquisitiva. Esta presión genera un vacío existencial que se intenta llenar mediante el consumo de estimulantes para «rendir» o depresores para evadir la realidad. Estamos ante una crisis donde la identidad se construye sobre el consumo, y la droga se convierte en un bien transaccional más.

Sólo con escuchar la letra de las canciones o ver los videos de la música que escucha nuestra juventud nos queda claro, pero ya está tan masificado, socializado, que hasta se incluyen estos músicos urbanos en los llamados grandes festivales de nuestra “cultura chatarra”. La relación entre el consumo y las enfermedades mentales es alarmante. Chile presenta una de las tasas de depresión más altas del mundo; según la Encuesta Nacional de Salud (ENS, 2017), se estima que el 6,2% de la población padece depresión, cifra que asciende al 15,8% al considerar sintomatología depresiva general.

Esta carga de morbilidad mental actúa como un catalizador. Como señalan Vicencio y Castillo–Carniglia (2020), muchos ciudadanos recurren a las drogas como una forma de «automedicación» frente a un sistema de salud mental segregado. En este contexto, la sustancia no es solo un objeto de placer, sino un mecanismo de alivio temporal ante una angustia clínica no tratada.

El escenario se vuelve especialmente sombrío al analizar a la población infanto-juvenil. Chile se ha posicionado entre los primeros lugares de consumo de marihuana y tranquilizantes en escolares a nivel latinoamericano (SENDA, 2021). El cerebro adolescente, aún en proceso de maduración, es particularmente sensible a estas sustancias.

La Academia Americana de Pediatría (AAP, 2020) advierte que el inicio temprano interfiere con el desarrollo de la corteza prefrontal, aumentando el riesgo de dependencia en la adultez. En menores, la depresión suele ser el «paciente cero». La Defensoría de la Niñez (2022) destaca que la falta de espacios de recreación y la presión académica empujan a los jóvenes hacia el aislamiento.

La droga aparece entonces como una respuesta desesperada ante la irritabilidad o la anhedonia que la depresión provoca en esta etapa. Para abordar este desafío, la prevención debe alejarse del enfoque punitivo y transitar hacia uno biopsicosocial, y, si somos más audaces, a fomentar un despertar de conciencia. Esto requiere: -Acceso Universal: Que la salud mental deje de ser un privilegio de clase.

-Fortalecimiento de Vínculos: Fomentar la resiliencia en menores a través de referentes adultos empáticos y actividades con sentido. -Reducción del Estrés Social: Mitigar la cultura del rendimiento extremo que impulsa la evasión química. -Apoyar desde el Estado los centros de rehabilitación de drogas y no estigmatizarlos ni perseguirlos municipalmente.

En conclusión, el consumo en Chile es el espejo de nuestras carencias comunitarias. Solo cuando midamos el progreso por el bienestar psíquico y no solo por el crecimiento económico, podremos mitigar esta epidemia silenciosa. Como sostuvo otro gran poeta latinoamericano, José Martí: “Los niños son la esperanza del mundo porque son los que saben querer”.

Por Sergio Salinas Cañas Bibliografía Academia Americana de Pediatría [AAP]. (2020). Trastornos por uso de sustancias en adolescentes: Diagnóstico y manejo en la atención primaria.

Pediatrics Journal. Defensoría de la Niñez. (2022).

Informe Anual: Salud Mental en Niños, Niñas y Adolescentes en Chile. Santiago, Chile. Ministerio de Salud.

(2017). Encuesta Nacional de Salud 2016-2017: Primeros resultados. Gobierno de Chile.

Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA). (2023). Décimo Quinto Estudio Nacional de Drogas en Población General.

Ministerio del Interior y Seguridad Pública, Gobierno de Chile. Vicencio, K. , & Castillo-Carniglia, A.

(2020). Desigualdad social y consumo de drogas: Una revisión crítica de la situación en Chile. Revista de Salud Pública de Chile, 24(1), 45-58.

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