“La Tierra está en desequilibrio”: el reciente informe de la ONU que asegura que el clima más inestable que nunca
Quizás en redes sociales has leído comentarios sobre cómo los veranos parecen ser todos los años más calurosos. Incluso, puede ser un pensamiento que a ti mismo se te haya cruzado por la cabeza. Pero los hechos demuestran que esto no es solamente una simple percepción: el periodo de 2015 a 2025 se ha consolidado como el más caluroso de la historia.
El 22 de marzo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó el informe anual sobre El estado mundial del clima, que se basa en datos de los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales de todo el mundo y cuenta con el aporte de decenas de expertos. En esta ocasión, el reporte reveló cifras nunca antes vistas respecto a las temperaturas de nuestro planeta. El informe, que se publica desde 1993, se encarga de medir cuánta energía del sol es absorbida por la Tierra o reflejada de vuelta al espacio.
Sin embargo, la edición reciente tiene la particularidad de ser la primera en incluir el desequilibrio energético como un indicador clave. El mensaje fue claro: la Tierra está más desequilibrada que en cualquier momento del que se tenga registro. Todos los años, una cierta cantidad que proviene del Sol (energía solar) llega al planeta Tierra.
Esto es un proceso normal. Sin embargo, lo que idealmente debería ocurrir con esta energía es que se libere de vuelta al espacio de forma balanceada, es decir, la cantidad de energía que entra al planeta debe ser igual o similar a la que sale. Eso es lo que ocurre cuando el planeta goza de un clima estable, pero el panorama de la actualidad está alejado de esa realidad.
Los investigadores descubrieron que las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxido nitrosos), han aumentado hasta alcanzar su nivel más alto en al menos 800. 000 años, lo que ha alterado el equilibrio y ha impedido que la energía regrese al espacio. Es decir, entra mucha más energía al planeta de la que logra salir y esta, al no tener forma de liberarse, está penetrando el medioambiente y causando estragos.
Solo el 1% de la energía sobrante queda almacenada en la atmósfera. Un 5% queda acumulado en la tierra y otro 3% es absorbido por el hielo y los glaciares (lo que contribuye a que estos se derritan). En nuestros océanos De hecho, en 2025, el calor del océano superó el récord de los últimos 66 años.
La extensión del hielo marino en la región Antártica se encuentra en un mínimo histórico, mientras que la extensión del hielo marino antártico fue la tercera más baja registrada. Según un artículo publicado por Science Alert, el calor que ha absorbido el océano en el año 2025 es el equivalente de haber detonado 12 bombas de Hiroshima en el mar durante cada segundo, todos los días. El aumento de las temperaturas en la Tierra incrementa las posibilidades de sufrir eventos meteorológicos extremos: olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, tormentas eléctricas, entre otras.
Incluso, aumenta la intensidad de catástrofes que pueden ser letales, como los huracanes y los tifones. Por ejemplo: el huracán Melissa, los ciclones tropicales Senyar y Ditwah y los tifones que tomaron lugar en Vietnam y Filipinas ocurrieron en 2025. Este aumento de las temperaturas también afecta gravemente a la vida marina y a las comunidades costeras que dependen de estos recursos.
Las olas de calor marinas que se han registrado en los últimos años pone en evidencia como la contaminación impacta al océano, que cumple el rol de ser una especie de zona de amortiguación. La cantidad de calor almacenado en los océanos alcanzó un máximo histórico en 2025. La tasa de calentamiento de los océanos se duplicó con creces desde el período comprendido entre 1960 y 2005 hasta el período comprendido entre 2005 y 2025, según el informe y un artículo de divulgación publicado por The New York Times.
Además de recibir el impacto de la energía proveniente del sol, el informe señaló que el océano también ha absorbido el 29% de las emisiones de dióxido de carbono que son liberadas por actividades humanas durante la última década, lo provoca que el agua sea más ácida.
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