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«La mirada crítica es imprescindible»: Entrevista con el sociólogo e historiador Felipe Portales
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18:02 · Chile

«La mirada crítica es imprescindible»: Entrevista con el sociólogo e historiador Felipe Portales

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Por Leopoldo Mujica / Especial para El Ciudadano L. L. – Felipe, José Antonio Kast ha sido caracterizado como el líder más de ultraderecha y conservador de Chile desde Pinochet.

¿Qué continuidades y qué diferencias encuentras entre el proyecto político de Kast y las tradiciones de la derecha autoritaria chilena en lo que va corrido desde hace unas cuatro décadas? F. Portales– Efectivamente, Kast es bastante más de derecha que el fallecido Sebastián Piñera, el otro presidente propiamente de derecha que hemos tenido desde 1990 (entre 2010 y 2014; y entre 2018 y 2022).

Sin embargo, más que una derechización del pueblo chileno, la elección de Kast creo que revela una insatisfacción creciente de la mayoría de la sociedad chilena con lo que se ha presentado desde 1990 como una alternativa de centro-izquierda que planteaba sustituir el modelo político y económico, autoritario y neoliberal diseñado por la dictadura para proyectarse en el tiempo bajo una democracia nominal. Así, ¡luego de seis gobiernos electos supuestamente para dichos propósitos! (Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos, dos veces Bachelet y Boric) nos encontramos con que dicho modelo se ha consolidado y hasta profundizado.

Lo cual ha sido consecuentemente muy elogiado por una pléyade de políticos, economistas, empresarios y académicos de la derecha nacional e internacional. Entre ellos, el mismísimo actual presidente de Argentina, Javier Milei, quien señaló en una visita privada a nuestro país, que «para nosotros (Argentina) Chile ha sido un claro ejemplo de lo que hay que hacer para sostener el desarrollo económico en el tiempo» y que «tanto por su sana relación entre lo público y lo privado, como por su política económica innegociable que ha perdurado pese a los cambios de signo político, estos valores le permiten a Chile abandonar el atraso y caminar hacia un modelo de prosperidad» («El Mercurio»; 9-8-2024). Y por el brazo derecho de Jair Bolsonaro, Onyx Lorenzoni, quien en 2018 señaló que «Chile para nosotros es un ejemplo de país que estableció elementos macroeconómicos muy sólidos, que le permitieron ser un país completamente diferente de toda Latinoamérica» y que «Chile es para nosotros un modelo.

Es un ejemplo de un país que tiene bases económicas muy bien estructuradas» («La Tercera»; 21-10-2018). L. L–¿Cómo evalúa las multitudinarias movilizaciones —la rebelión social de 2019— y los dos procesos constituyentes fallidos que dejaron a Chile sin una nueva carta magna?

¿Cómo interpreta usted que ese ciclo de movilización popular haya terminado, paradójicamente, en la elección del candidato más a la derecha en décadas? ¿Qué nos dice eso sobre los límites históricos de la alianza izquierda-progresismo chileno? F.

Portales– El fracaso del «estallido» o «revuelta» social de 2019 se debió fundamentalmente a su carácter espontáneo, y a que fue incapaz de proyectarse en una alternativa político-social de envergadura. No generó ni orgánica, ni proyecto, ni líderes que pudiesen convertir la profunda insatisfacción social en un poder político que generara una efectiva sustitución del sistema político y social. Así, la gran mayoría que votó a favor de generar una nueva Constitución elaborada por una Asamblea Constituyente fue, en primer lugar, engañada por una virtual coalición entre la derecha, la exConcertación y el Frente Amplio (al que se sumó más tarde y más renuente el PC) que le impidió a esa mayoría que dicha Asamblea pudiese aprobar una nueva Constitución democráticamente, ya que las dos alternativas que se proponían en el plebiscito para ello ¡contemplaban el requisito de dos tercios para aprobarla!

Además, los sectores mayoritarios («Lista del Pueblo», Lista de independientes y de Pueblos Originarios) que lograron elegir 54 de los 155 escaños y que podrían haber «empujado» al Frente Amplio y al PC (28) a configurar una sólida mayoría, tampoco constituyeron una real alternativa, dada su falta de cohesión y proyecto de país, y por el escandaloso desempeño delictivo de algunos de sus dirigentes. Y para qué hablar del segundo proceso constituyente que fue una farsa de principio a fin. L.

L. – Durante el mandato de Gabriel Boric (2022–2026), ¿en qué medida las políticas o las omisiones de ese gobierno —en materia de derechos sociales, de seguridad, economía e inmigración— pavimentaron el camino para la llegada de Kast al poder? ¿Existe una responsabilidad histórica de la izquierda en este resultado?

F. Portales– El gobierno de Boric fue un completo fiasco para quienes se ilusionaron con sus promesas de campaña de abogar por profundas reformas del «modelo chileno». De partida -e independientemente de no haber obtenido mayoría parlamentaria- Boric impulsó la adhesión de Chile al TPP11 y al Tratado con la Unión Europea, profundizando la inserción solitaria y subordinada de nuestro país a la globalización neoliberal.

Además, regaló la mitad del litio a Ponce Lerou hasta 2060; salvó a las Isapres de la quiebra -en conjunto con la derecha- perdonándoles cerca de mil millones de dólares que le debían a sus cotizantes; y consolidó legislativamente a las AFP, también en conjunto con la derecha. Por otro lado, militarizó a la Araucanía como nunca antes desde 1990, para enfrentar el movimiento de resistencia mapuche; y continuó con la política de todos los gobiernos desde Frei Ruiz-Tagle, de incumplir resoluciones de la Justicia internacional en favor de que el Estado chileno le diera una indemnización a los dueños de los bienes del diario «Clarín» -confiscados por la dictadura-, impidiendo con ello el surgimiento de un periódico de centro-izquierda que terminase con el duopolio El Mercurio-Copesa. L.

L. Una lectura crítica sostiene que el gobierno de Boric fue progresivamente capturado por el concertacionismo: sus lógicas de negociación, sus redes instaladas en el Estado, su pragmatismo que deriva en inmovilismo. Pero otra lectura posible es que no hubo captura sino confluencia: que el Frente Amplio llegó al gobierno sin una ruptura programática real con el concertacionismo y que las coincidencias fueron más profundas de lo que la retórica electoral de sugería.

¿Cuál de estas dos lecturas le parece más honesta históricamente? ¿Puede explayarse sobre el rol específico de cada actor —el Socialismo Democrático, el Frente Amplio y el Partido Comunista? ¿Y si Boric pagó un precio demasiado alto por la estabilidad de su coalición, sacrificando en ese proceso la posibilidad de un gobierno con impronta de transformaciones profundas?

F. Portales– Creo que la demostración más patente del giro copernicano experimentado por el Frente Amplio, lo dió el mismo Boric el 15 de noviembre de 2019, cuando se constituyó en un político clave para la aprobación del acuerdo que reafirmaba la subordinación del conjunto de la «centro-izquierda» a la derecha chilena, con el tristemente célebre requisito ya mencionado del antidemocrático quórum de los dos tercios para aprobar una nueva Constitución. Las engañosas promesas posteriores no fueron más que la continuación de aquella política.

El PC, con cierta renuencia, se incorporó a ser gestor de su misma política, luego de la derrota de Jadue en las primarias. Y el «socialismo democrático» hizo posible -de acuerdo a múltiples testimonios- el triunfo de Boric en dichas primarias -y luego en las elecciones presidenciales, prefigurando su posterior incorporación en su Gobierno y, nada menos, que en los cargos más claves de su gabinete. L.

L. – Kast obtuvo el 58,16% de los votos en el balotaje de diciembre de 2025, con una diferencia de casi 20 puntos sobre Jeannette Jara, impulsado por las preocupaciones ciudadanas sobre seguridad pública, delincuencia, inmigración irregular y recuperación económica. Desde su perspectiva como historiador, ¿representa este resultado una ruptura genuina en la cultura política chilena, o es la expresión de un ciclo histórico que ya hemos visto antes en el país?

F. Portales– ¡Sólo Dios sabe qué hará el ser humano con su libre albedrío! Pero es claro que este triunfo de Kast puede significar el comienzo del cierre del ciclo hegemonizado por un liderazgo de «centro-izquierda» que efectuó una renuncia ideológica (reconocida por el máximo ideólogo de la «transición», Edgardo Boeninger en su libro «Democracia en Chile.

Lecciones para la gobernabilidad», PDF, pp. 367-371; al señalar que dicho liderazgo llegó a una «convergencia» con el pensamiento económico de la derecha, «convergencia que no estaba en condiciones políticas de reconocer»), acompañada de un acomodamiento a la administración del poder (éste lo siguieron conservando y acrecentando unas decenas de grandes grupos económicos). A lo anterior se suma el sistemático engaño a la población posibilitado por el verdadero exterminio del conjunto de los medios masivos de comunicación realmente de centro-izquierda que aquel efectuó a través de diversas políticas solapadas, según las denuncias -nunca desmentidas- hechas por numerosos periodistas y directores de dichos medios, entre ellos los Premios Nacionales de Periodismo Juan Pablo Cárdenas, Patricia Verdugo y Faride Zerán.

L. L. – Entre sus primeras medidas, Kast inició la excavación de una zanja en la frontera norte y tomó medidas de expulsión masiva de migrantes.

Desde un análisis histórico-institucional, ¿ve usted riesgos para el Estado de derecho y los derechos humanos en Chile bajo este gobierno, o considera que las instituciones tienen la solidez suficiente para contenerlo? F. Portales— En realidad, la excavación de una zanja está pensada para una limitada parte de nuestra extensa frontera con Perú y Bolivia; y no creo que tenga -aunque se siga extendiendo- ningún efecto mayor en detener la inmigración.

Y la expulsión masiva de inmigrantes es impracticable, tanto física como económicamente desde un punto de vista interno; y por la natural renuencia de otros países en aceptar recibirlos. ¡La realización de promesas demagógicas en campañas presidenciales no es monopolio de nadie! Y, por cierto, Kast no puede afectar algo que no existe en nuestro país: un real Estado de Derecho ya que en Chile —no hay que olvidarlo— las Fuerzas Armadas y Carabineros disfrutan de autonomía operativa respecto del Gobierno, de acuerdo a la Ley Orgánica Constitucional de las FF.

AA. y Carabineros, impuesta por Pinochet en febrero de 1990; y que como lo reconocieron en 2018 los entonces senadores José Miguel Insulza y Carlos Bianchi; el diputado Jorge Brito, y el exsubsecretario general de Gobierno, Jorge Navarrete (en sendas entrevistas a CNN Chile), ellas, desde 1990, se mandan solas. Tampoco existe una vigencia efectiva de los derechos humanos en Chile, desde el momento que algunas decenas de grandes grupos económicos son quienes controlan directamente la economía chilena, e indirectamente la política, generando una gigantesca desigualdad e injusticia social —considerada la mayor dentro de América Latina— que repercute en una sistemática violación de los derechos económicos, sociales y culturales.

Violaciones que, entre muchas otras cosas graves, causan la muerte de decenas de miles de personas al año en las listas de espera de los hospitales públicos, según lo señalado por Kast y Jara en su último foro en Anatel antes de las elecciones: ¡40 mil el primero, y 30 mil la segunda! –Tras la derrota electoral de la izquierda, ¿cómo evalúa usted las posibilidades reales de reconstrucción de una oposición cohesionada? ¿Puede la izquierda chilena renovar su programa más allá de los temas que la desgastaron —el proceso constituyente, la seguridad, la inmigración— y articular una agenda que vuelva a conectar con las mayorías?

¿Cuáles serían los ejes programáticos irrenunciables: la desigualdad estructural, el sistema de pensiones, la salud pública, la cuestión mapuche? Y en ese escenario, ¿qué papel pueden jugar los movimientos sociales —estudiantiles, feministas, territoriales— que fueron el motor del estallido de 2019 pero que hoy parecen replegados o fragmentados? ¿Estamos ante una izquierda en reconstrucción o ante una crisis más profunda de representación política y de desconexión con el pueblo que la trasciende?

F. Portales– Hay que reconocer que las dificultades que tenemos para sustituir efectivamente el modelo de sociedad legado por la dictadura son enormes. Todavía tenemos una «centro-izquierda» hegemonizada por un liderazgo que —por muy debilitado que se encuentre— continúa considerando que a partir de 1990 tuvimos «los treinta mejores años de la historia de Chile»… Para reconstituir una verdadera centro-izquierda sería fundamental primero desmitologizar aquello, tarea muy ardua ya que a los medios masivos de comunicación, controlados por los grandes grupos económicos, les conviene muchísimo que se conserve la imagen de que existe efectivamente una izquierda auténtica, y que ella es peligrosa para el sistema vigente.

Y, por otro lado, desengañar a una sociedad es, de por sí, una tarea gigantesca. Como bien decía Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que ha sido engañada».

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