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La memoria que incomoda: el legado de Alicia Cáceres llega a la UAH 
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13:18 · Chile

La memoria que incomoda: el legado de Alicia Cáceres llega a la UAH 

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El próximo miércoles 29 de abril se realizará la presentación del libro “Alicia Cáceres. Transformar la vida. Población La Victoria (1957-2017)” de la Fundación Alicia Cáceres.

La actividad tendrá lugar en la Sala Belarmino de la Universidad Alberto Hurtado en Av. Libertador Bernardo O´Higgins a las 18:00 hrs. La instancia, moderada por Alexis Cortés de la UAH, tendrá como comentaristas al Premio Nacional de Ciencias Sociales, Elizabeth Lira; al historiador de la Universidad de Santiago, Mario Garcés; y la coautora del libro, Gloria Ochoa de la Fundación Alicia Cáceres- Germina.

El libro, que ya fue lanzado en la población La Victoria en enero de este año, es producto de un trabajo de investigación además de un ejercicio de memoria de quienes se vincularon con Cáceres en diversos momentos y experiencias de su vida como pobladora de La Victoria. Cabe recordar que Cáceres fue una emblemática militante social y luchadora por la vivienda digna y la justicia en sectores populares. Fue fundadora de la Población La Victoria en 1957, participando en la primera toma de terreno de Latinoamérica.

Alicia Cáceres mantuvo un compromiso inclaudicable a través de distintos periodos críticos de Chile: los años 60, la Unidad Popular, la dictadura militar y la transición, proceso que calificó como un «fraude». Así, Cáceres dejó un legado como una referente del movimiento de pobladores, destacada por su “rebelde alegría” y por ser un símbolo de fortaleza y esperanza para las organizaciones territoriales. Cáceres fue pobladora de La Victoria, militante social y política, activista cristiana, educadora popular y madre, dimensiones atravesadas por un claro proyecto político : convencer para hacer realidad el cambio social.

Aquellas aspiraciones son el centro de las reflexiones de las autoras del libro. El equipo de El Ciudadano conversó con representantes de la Fundación Alicia Cáceres, quienes declararon que desde la organización plantean que existe una invisibilización de las mujeres pobladoras en sistemas de producción de conocimiento que no es casual, sino que es parte de un orden que ha privilegiado a las voces de las élites, particularmente de varones. “En ese sentido, el libro y el trabajo de la Fundación buscan romper esa omisión situando en el centro la trayectoria de Alicia Cáceres, no solo como figura individual, sino como expresión de toda una generación del movimiento de pobladoras, donde las mujeres fueron protagonistas”, señalaron.

Para la fundación, la historia de Cáceres da cuenta de múltiples dinámicas comunitarias que lograron sostener y producir vida en contextos de alta precariedad económica, social y cultural, sumado a una “sanguinaria represión estatal”, por lo que visibilizar aquellas experiencias es —para la fundación— un acto de reconocimiento a la dignidad humana del pueblo trabajador. A lo anterior se suma que la historia de Cáceres muestra la capacidad de generar iniciativas y proyectos colectivos que se mantienen hasta el día de hoy. Además, la organización explicó que en la realidad institucional de Chile, las fundaciones suelen representar espacios de poder donde familias y grupos dominantes reproducen modelos de ciudadanía subordinados a un orden jerárquico de privilegios.

“Frente a ello, la Fundación Alicia Cáceres propone una apuesta a contracorriente: poner en primer plano la memoria, los saberes y las prácticas que emergen desde los territorios, reconociendo su valor político y transformador”, indicaron al respecto. Por otro lado, la fundación declaró que una de las principales lecciones de la trayectoria de Alicia Cáceres es la articulación multiactor en torno al valor del ciudadano en las experiencias comunitarias, posicionando el cuidado como una práctica concebida políticamente y no solo como una necesidad. “La atención a problemas cotidianos resueltos de manera colectiva y que pueden transformar la vida individual y del grupo, es una aproximación basal que potencia profundamente esa práctica colectiva”.

Para la fundación, si se piensa en la población La Victoria en la década de los 70, se habla de una población organizada pero marcada por condiciones de extrema precariedad. En ese contexto, experiencias como la recuperación de un sitio eriazo para transformarlo en una plaza de juegos con sentido educativo resultan profundamente significativas. “La creación de espacios tipo ‘rincones de educación inicial’, la improvisación de salas con techos de paja y la organización de turnos rotativos de voluntariado para sostener actividades educativas planificadas colectivamente, dan cuenta de una forma de innovación social situada, nacida desde la necesidad, pero también desde la creatividad como política comunitaria y de clase”, agregaron.

Según la organización, experiencias como la plaza preescolar de La Victoria, no solo resolvían un problema inmediato, sino que construían comunidad, generando sentido y abriendo horizontes. “Hoy, esas prácticas nos ofrecen herramientas críticas para enfrentar contextos complejos: organización, autogestión territorial, cuidado colectivo y educación como práctica comunitaria”. Por último, la fundación declaró que esperan que el cruce entre la vivencia pobladora de La Victoria y la reflexión académica, permita generar un diálogo genuino donde el conocimiento se construya desde el diálogo participativo y la interacción de saberes.

“La memoria popular, especialmente aquella que emerge desde experiencias de lucha y organización, tiene un carácter irreverente porque cuestiona los marcos tradicionales desde los cuales se produce y valida el conocimiento. Por eso, es fundamental que la academia se deje interpelar por estas experiencias”, señalaron. Desde la organización indicaron que más que “llevar” la memoria al espacio académico, su objetivo es tensionarlo, abrirlo y contaminarlo con otras formas de entender el mundo, la educación, la política y la comunidad.

“Este encuentro puede habilitar nuevas preguntas, nuevas metodologías y, sobre todo, una mayor conexión entre pensamiento y acción política en el territorio. En ese sentido, permeabilizar la academia con esta memoria irreverente no es solo necesario, sino urgente, si queremos construir conocimientos que estén a la altura de los desafíos políticos y sociales actuales”, concluyeron.

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