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La larga vida ilustrada de Jimmy Scott
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21:42 · Chile

La larga vida ilustrada de Jimmy Scott

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“No me considero artista. El artista hace obras hacia la posteridad, es otro lenguaje. Yo soy un comentarista gráfico”, define Santiago Arturo Scott, conocido desde siempre como Jimmy.

El dibujante tiene 90 años y lleva 38 ilustrando la contingencia, la cotidianeidad y la idiosincrasia nacional. A partir del 28 de mayo, parte de su obra se exhibirá en la Casa Museo Eduardo Frei Montalva. Bajo el título Jimmy Scott, tres momentos, la exposición propone un recorrido por instancias claves de su trayectoria: la década de 1960, en la que colaboró en la ilustración de textos escolares; sus años en Brasil; y algunas de sus icónicas viñetas en El Mercurio.

- ¿Cómo es un día de Jimmy Scott? - Despierto como a las 8. En la mañana me informo, escucho noticias en la radio y leo.

La televisión no la prendo hace dos años, desde que una vez buscando una película me encontré con cinco canales transmitiendo la misma noticia policial. Salgo a hacer mis diligencias en Providencia y me entusiasmo. Me compro un diario.

Me siento por ahí en un café. Me gusta mirar a las personas, sus gestos, situaciones. Ando con una libreta en el bolsillo donde tomo notas o dibujo.

Y de repente uno aprovecha ciertas escenas. Llama la atención una palabra que alguien dijo en voz alta. Uno puede recoger algo de ese ambiente y armar otra idea.

Así sale el chiste. Me siento a dibujar como a las 18:00 de la tarde más o menos. Ahí converso por teléfono con mi editor (Álvaro Valenzuela) y le digo que no tengo idea qué hacer.

(Ríe). Tenemos un diálogo, muchas veces hacemos chistes y conversamos. - ¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo?

- El resultado. Cuando es bueno, claro. Y a veces me desespero.

Ayer o anteayer no sabía qué cosa hacer. Me daba vuelta y vuelta y restaban minutos para entregar, cerca de las 8 de la noche. Hasta que salió esto (muestra una ilustración).

A golpe de pluma. Su mesa de dibujo está en medio del living, encima hay varios frascos con lápices, plumas, tintas, dibujos dando vuelta y pilas de libros. “El buen desorden”, dice el dibujante, mientras se levanta a la cocina a preparar un café.

Dice que en todos estos años nunca lo han retado por algún dibujo, que cualquier polémica sucede lejos suyo y no se entera. Antes iba a El Mercurio diariamente pero desde la pandemia trabaja en su casa y visita el diario muy a lo lejos, aunque mantiene una oficina allá. Cuando termina el dibujo, le saca una foto con su teléfono y la manda por WhatsApp: “Al principio no tenía la habilidad, me quedaba mal enfocada y alegaban allá en el departamento de Fotografía, hasta que me enseñaron cómo hacerlo bien”.

“Desde hace mucho mi vida está aquí dentro”, dice sentado a mediodía en su departamento, donde vive hace más de 30 años. Mientras dibuja, escucha música. Generalmente prefiere las piezas clásicas porque no lo distraen de su quehacer, pero también le gusta el jazz y la música brasilera.

“Soy tan análogo que todavía trabajo con pluma. Es como la extensión de mi brazo. Por eso nunca me acostumbraría a manejarme en una pantalla”, comenta.

Confiesa eso sí que le teme a la inclinación de la mesa y la posibilidad de que ante un temblor acabe la tinta derramada sobre la alfombra. Scott muestra algunos de los libros de su biblioteca, varios de ellos ilustrado por él y algunos también por su mujer, Susana Judith Pereda, que murió hace unos años atrás. Compañera de vida, madre de su hija Lorena y colega dibujante.

“Me hace mucha falta”, dice mientras muestra un retrato antiguo de Sussie, abajo del cual cuelga la ilustración que publicó en el diario tras su muerte y donde aparece columpiándose solitario con una flor en su mano. Sewell y el camino al andar Sus abuelos paternos llegaron a Chile en 1914 porque Joseph Scott venía a trabajar como ingeniero en la empresa norteamericana Braden Copper Company que a comienzos del siglo XX se instaló en Chile para operar el yacimiento El Teniente. “Y mi padre entró al país indocumentado porque venía escondido en la barriga de su mamá”, acota riendo.

Santiago Arturo “Jimmy” Scott Rojas nació en 1936 en la capital, pero vivió los primeros tres años de su vida en Valparaíso y luego en Sewell, donde su padre Guillermo Arturo trabajaba como dibujante técnico para Braden Copper Company. “Fui una vez a su oficina y él me enseñó cómo se hace un trazo, cómo se apuntaba un lápiz, cómo debía mantener mis materiales… cosa que no rige mucho, como usted verá”. Tiene los mejores recuerdos de su infancia en el pueblo minero ubicado a más de 2 100 metros de altura en la precordillera de la comuna de Machalí.

En esa época la localidad llegó a tener 15 mil habitantes, un centenar de edificios, un hospital, clubes sociales, cine y hasta una cancha de bowling. “Lamento mucho que Sewell se acabara y sea sólo para el turismo. Lo encuentro una falta de criterio.

A esa ciudad se le podría haber dado vida y convertirla en capital de la gran minería”, opina. Su familia se trasladó luego a Caletones, planta de procesamiento de cobre ubicada a pocos kilómetros. Más adelante Jimmy terminó su educación en Rancagua y al salir del colegio partió a Santiago a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad de Chile.

“Tuve un profesor de escultura que me dijo ‘tú estás en un lugar equivocado, voy a hablar con mi amigo José Perotti para que te reciba en Artes Aplicadas’. Y así se hizo el trámite”, cuenta. Ya en Artes Aplicadas se fue convirtiendo en dibujante.

“Se hizo camino al andar”, recita. Ahí conoció a Víctor Arriagada, alias Vicar: “Yo ya practicaba la caricatura. Encontré una cara nueva que empecé a dibujar y cuando voy terminando, alguien me toca el brazo y me dice: ‘tu caricatura’.

‘Y aquí la tuya’, le respondí”. Por esos tiempos, Alfredo Adduard, que presidía el Círculo de Dibujantes Periodísticos de Chile, publicó una convocatoria para armar una exposición. “Le digo a Víctor: ‘Nosotros somos dibujantes periodísticos, vamos para allá y llevamos nuestros monos’.

Y nos premiaron. Fue entrar con el pie derecho a una actividad que no nos imaginábamos que íbamos a tener”, recuerda. Scott acota que el periodismo estaba presente en su familia y cuenta con orgullo que su abuela materna, Eulogia Aravena Zamorano, fundó la Aurora feminista en 1094 en Rancagua.

Mesa de diálogo. 12/08/1999. “Tras movilización del martes: CUT quiere una mesa de diálogo”.

El Mercurio. Dibujar la política Los años ‘50 era una época dorada para el comic o la historieta y los dibujantes eran verdaderas estrellas, aunque él afirma que nunca fue “rockstar”. Jimmy compraba revistas al extranjero y tenía varios referentes internacionales, menciona a Oski, dibujante argentino, a André Francois de Francia y Saul Steinberg de Rumania.

“Me gustaban los italianos y también el humor inglés. Alguien decía que Lukas tenía un humor inglés y yo tenía un humor muy italiano”. Sobre la relación con Renzo Pecchenino, alias Lukas, recuerda que, en unas de sus frecuentes visitas a Valparaíso, tomó un diario La Unión, donde Lukas publicaba una viñeta, y partió a las oficinas del periódico a conocerlo.

“Nos hicimos buenos amigos. Yo lo invité a exponer en el Salón de humor de aquí en Santiago. Y después coincidimos en Topaze”, rememora.

Jimmy trabajó primero en Mampato, suplemento infantil de El Mercurio. Luego en el Diario El Sur de Concepción, Zigzag y en revistas como El Pingüino, En Viaje y Patrimonio Cultural. En 1957 llegó a Topaze, “el barómetro de la política chilena”.

“Era una época bien trasnochada”, dice. Recuerda instancias como los almuerzos con políticos en el Hotel Carrera o el Crillón, donde acudía el equipo periodístico de la revista y los dibujantes ilustraban a los comensales. Con colegas contemporáneos como Lukas, Pepo o Lugoze, existía un trabajo de colaboración más que de competencia.

“Peleábamos en chiste, pero en realidad nos complementábamos y como a veces teníamos poco tiempo, nos repartíamos las tareas”, comenta. Publicó en gran cantidad de revistas y también destacó ilustrando textos escolares, para Editorial Universitaria y Librería Francesa. Durante los años ‘60 trabajó en el semanario Política, Cultura y Economía (PEC), fundado y dirigido por el periodista, político y fotógrafo, Marcos Chamudes.

“Matemáticas”, 7° año enseñanza básica. Editorial Universitaria. Santiago, 1968.

Gentileza Casa Museo EFM. La vida en Copacabana En 1969 Jimmy Scott decidió partir con su mujer y su hija, de entonces 11 meses, a vivir a Río de Janeiro, donde tenía un amigo periodista. “Se veía venir complicada la cosa en Chile.

Yo pensaba que podría venir un quiebre democrático”, afirma. Además, su mujer estaba con afecciones alérgicas y un médico les recomendó cambiar de clima. Vivieron 19 años en Brasil, durante los cuales trabajó para diversos medios y proyectos editoriales, entre ellos el periódico O Globo y también en una industria gráfica que imprimía libros, textos escolares, guías de turismo cultural, etcétera.

“Guia dos bens tombados – Bahia” Publicado en 1983 bajo coordinación de Alcidio Mafra de Souza. Gentileza Casa Museo EFM. De esos años tiene incontables historias.

Como cuando lo contrataron para instalarse en un exclusivo restaurante de Botafogo y dibujar a los clientes. “Nunca gané más plata en mi vida”, dice risueño, sentado ahora en un café cerca de su departamento. Cuenta, algo nostálgico, que en los bares de Copacabana tuvo la oportunidad de compartir con personajes de talla mundial, como la bailarina exótica Josephine Baker y el pianista chileno Claudio Arrau.

Conoció también al arquitecto Óscar Niemeyer: “Era muy simpático”. Jimmy también dibujó en televisión. El actor y director de tv brasileño Herval Rossano le encargó que dibujara las noticias para la estación TV Tupi.

Desde allá además colaboraba para El Mercurio, y en 1988, cuando Lukas murió, el periódico lo convenció para volver a Chile y hacerse cargo, con su talento e ingenio, de la viñeta de actualidad de la página A3, además de ilustraciones para otras secciones. - Usted lleva casi 40 años dibujando diariamente la actualidad del país, ¿cómo observa el Chile de hoy? - Como que se nos ha desinflado.

Hay días que abro el diario y no se puede hacer chiste de nada. Pero hasta ahora he sobrevivido. - ¿Y no piensa jubilarse?

¿Por qué? Si esto me entretiene tanto… Alza. 12/01/2002.

“Entre $ 6 y $ 12 por litro suben las bencinas”. El Mercurio.

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