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La historia del "Wolverine" chileno que es furor en Argentina: Todo empezó frente al espejo
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11:05 · Chile

La historia del "Wolverine" chileno que es furor en Argentina: Todo empezó frente al espejo

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En una casa de Buenos Aires, Javier Paredes llevó un folleto de cine hasta el espejo. Venía de ver un aviso de X-Men 2. La cara de Hugh Jackman aparecía en primer plano, con las patillas de Wolverine, el ceño apretado y esa expresión de animal cansado que va a romper algo.

Paredes tenía el pelo más largo de lo habitual y barba. Probó algo simple: se rasuró hasta dejar las patillas a los costados. Wolverine no es un superhéroe cualquiera.

Dentro del universo de Marvel, es el mutante salvaje de los X-Men: un hombre con esqueleto de adamantio, garras metálicas y cara permanente de pocos amigos. Pero fuera de los cómics, el personaje quedó inevitablemente ligado al rostro de Hugh Jackman, que lo interpretó durante más de dos décadas en la saga cinematográfica de X-Men. Javier Paredes lo descubrió una tarde frente al espejo, apenas se dejó crecer las patillas.

“Y ahí fue que me doy cuenta. Me miro al espejo y digo: ‘Pará, no puede ser que me parezca a este tipo’. Voy al comedor, donde tenía el folleto que había traído del cine, me pongo frente al espejo, me pongo la foto de Hugh Jackman al lado y trato de fruncir el ceño igual que lo tenía el personaje en la foto.

Ahí dije: ‘No puede ser. Me parezco a este superhéroe. Esto va a ser muy divertido’”, recuerda.

No era un momento solemne ni nada parecido. Era un chiste privado que salió bien. Se fue a la casa de un amigo con las patillas recién hechas.

La prueba no necesitó explicación. “Mi amigo Damián, cuando abre la puerta, me dice: ‘Estás igual a Wolverine’. Ahí empezamos, nos sacamos la primera foto con los pibes, nos cagamos de risa; después vino lo de la fiesta, después vino el primer evento.

Empezó así, medio de casualidad”. Lee también... Vive en San Pedro de la Paz y llegó a Marvel: el chileno que dibuja a Spiderman y los X-Men Domingo 26 Abril, 2026 | 07:45 Puerto Montt y una cancha en Maullín Antes del cosplay estuvo Chile.

Paredes nació en Puerto Montt y a los 10 años cruzó en bus la cordillera junto a su madre para instalarse en Bariloche. No recuerda el trayecto, pero sí la previa: fotos en la costanera y la sensación de llegar a una ciudad que parecía enorme. “Yo andaba por la costa de Puerto Montt con mi vieja, sacándonos fotos y boludeando.

Me acuerdo de que estaba emocionado con el hecho de estar en una ciudad que me parecía muy grande y tan distinta”. Javier Paredes, el Wolverine chileno En esos años aparecieron también las primeras historietas. Primero un cómic de Flash.

Después números de Barrabases que leía cuando volvía a Chile a visitar a su familia. Muchas veces escondía las revistas para que su abuela no lo retara por gastar plata en eso. “Mi vieja me había regalado mi primer cómic.

Era un cómic de Novaro, de Flash. Después, cada vez que podía, yo me compraba una historieta. Cuando estaba en Chile, mi abuela me daba guita para comprarme algo en la escuela y yo juntaba la plata para comprar revistas”.

También hubo fútbol. En Maullín jugó algunos partidos por Arcoíris, un equipo local. Tenía entre 15 y 16 años.

Calcula que jugaba de lateral derecho. “No, era un pasatiempo. Nunca me lo planteé como una posibilidad.

Yo jugaba porque me gustaba nomás”. Décadas después sigue jugando fútbol. Hoy, cerca de los 50, el cuerpo ya avisa.

Hace poco, una lesión muscular le dejó una pierna “rara”, pero igual volvió a la cancha con el mismo grupo de amigos argentinos con los que juega hace más de una década, varios de ellos ligados al mundo de los cómics y las convenciones. “Todavía se la banca el adamantio”, bromea. Javier Paredes | Gentileza El primer traje El primer cosplay llegó en 2003, cuando estaba por estrenarse X-Men 2, de Bryan Singer.

Paredes ya leía historietas, iba a convenciones y tenía la intuición de que ese parecido podía convertirse en algo más que una anécdota. Armó una versión casera: chaqueta café, jeans, camisa, peinado, habano y una placa de Arma X, el programa militar ficticio que, dentro del universo de Marvel, transforma a Wolverine en un mutante con esqueleto de adamantio. “Caí en una fiesta de disfraces y salí con una buena mención.

A la gente le gustaba mucho lo que tenía puesto. Estaba más o menos caracterizado y, evidentemente, el parecido del rostro ayudaba mucho a que se reconociera fácilmente el personaje”. A fines de ese mismo año fue a Expo Comics, su primera convención como Wolverine.

Todavía el cosplay no era una práctica tan instalada en Argentina. Las cámaras digitales hicieron el resto. “Ahí fue la primera vez que me sacaron innumerables fotos.

A partir de ahí empezó un poco la odisea del cosplay de Wolverine”. Cuero, garras y actuación Paredes no fabrica sus trajes. No se define como cosmaker.

El trabajo manual lo encarga a quienes saben adaptar materiales y convertir un diseño de pantalla o cómic en algo usable. Su parte está en la presencia: la cara, las patillas, el gesto. Uno de sus trajes más reconocibles replica el vestuario negro de cuero que usaban los X-Men en las primeras películas.

“Ese traje está confeccionado enteramente en cuero de vaca, y es bastante pesado. No tengo idea de cuánto pesa, pero, en situaciones de calor, en verano o primavera, es muy caluroso”, describe. Javier Paredes y su evolución en el cosplay de Wolverine | Gentileza Las garras también cambiaron con el tiempo.

Primero tuvo unas de aluminio hechas por un amigo. Después mandó a fabricar unas de goma eva para poder entrar con ellas a la New York Comic Con. “Ya van diez años que uso esas garras.

Están totalmente aporreadas por los eventos, pero siguen aguantando”. Para él, el cosplay no depende solo del traje. También requiere actuación.

“No significa que uno ande por la vida con el traje, ni que vayas al supermercado con el traje, ni que seas Wolverine 24/7. Lo tenés que hacer en el momento correcto, que es el momento del evento, cuando la gente está sacándose una foto con vos o viene a dialogar, o quiere hacer un videíto, o cuando estás en el escenario”. De fanático a conductor de Crack Bang Boom El paso de sacarse fotos a tomar un micrófono ocurrió sin épica.

En un evento faltó el conductor del concurso de cosplay. Alguien lo miró a él. Paredes aceptó.

“Yo, que vergüenza y plata nunca tuve, le dije: ‘Claro, dale, cómo no’. Agarré el micrófono y empecé a hacer eso por primera vez. Después lo hice en otro lugar y en otro lugar y en otro lugar”.

Con el tiempo entendió que podía ofrecer algo más que la foto con Wolverine. Si un evento lo llamaba, también podía conducir el concurso. Esa mezcla lo llevó a Crack Bang Boom, en Rosario, considerada la convención de historietas más importante de Argentina.

Allí pasó de asistente a rostro conocido. “Cuando empezó la Crack, yo empecé a ir desde la primera edición como público. Fui tres años seguidos, siempre con el cosplay de Wolverine, y seguía causando buena impresión en los colegas.

Me empecé a hacer una cara conocida ahí en el evento y a tener buena onda con los organizadores”. Después llegó la invitación para conducir concursos y moderar actividades sobre el escenario. “Le dije a uno de los organizadores: ‘Edu (Eduardo Risso), mirá, si en algún momento necesitás que te dé una mano con la conducción, yo estoy porque lo puedo hacer tranquilamente y aparte me encanta este evento’.

No sé si fue al año siguiente o al otro que me ofrecieron directamente cumplir con eso que les había comentado”. Esa habilidad no salió de una escuela. Paredes la armó mirando televisión, copiando ritmos y aprendiendo sobre la marcha cómo sostener un escenario lleno de fanáticos disfrazados, concursos y micrófonos abiertos.

Sus referencias no vienen del mundo geek, sino de la televisión argentina de entretenimiento. Entre los conductores que más observaba aparecen Marcelo Tinelli y Guido Kaczka. “Trataba de entender esa cuestión de no dejar silencios y de intentar ser lo suficientemente amable y gracioso para que el público se sienta cómodo y no cansar, no ser pesado.

Realmente la fui aprendiendo sobre la marcha”, cuenta Paredes. Javier Paredes El hombre que maqueta a Batman El cosplay no es su sueldo principal. Paredes trabaja muchas horas frente al computador como diseñador gráfico para Ovni Press, editorial argentina que publica cómics de DC en castellano.

Su tarea consiste en tomar páginas ya publicadas en inglés y dejarlas listas para el lector sudamericano. “Mi trabajo para Ovni Press es el de maquetación, es decir, convertir esa historieta que está publicada en inglés en la edición al castellano. Me envían el guion traducido, los textos traducidos, y yo tengo que borrar o reemplazar los textos en inglés y ubicar los correspondientes en castellano”.

Ahí se cierra otra vuelta: el niño que compraba revistas a escondidas ahora toca archivos de Batman, Superman o Liga de la Justicia. Uno de los casos que más lo marcó fue Batman y Los Outsiders, colección que leyó en los 90, publicada en Argentina por Editorial Perfil como parte de sus primeras líneas masivas de cómics de superhéroes, y que décadas después tuvo que maquetar para una nueva edición. “El hecho de poder poner mis manos en esos títulos y trabajarlos, y convertirlos en libros que se publican y que ahora los tengo en mi biblioteca, trabajados por mí, realmente es emocionante para mí como fanático, que siempre fui y seguiré siendo, de las historietas y de los superhéroes en particular”, comenta.

Sobre el dinero del cosplay, Paredes es claro. No vende la fantasía de una vida sostenida solo por las garras. “Llegó un momento en el cual me llevaba mucho tiempo ir a los eventos, entonces empecé a cobrar por presencia.

Pero es un dinero que nunca fue importante realmente, porque, en la mejor de las épocas, habré tenido cinco o seis eventos en un año. No más que eso”. Vivir con la cara de Wolverine El personaje todavía funciona.

Paredes lo nota en los eventos, en las fotos y en la reacción de la gente. “Siempre, en los eventos a los que iba y a los que voy, el personaje fue bien recibido. Nunca me encontré con alguien que lo considerara aburrido o que le diera poca importancia”.

A veces incluso fuera de las convenciones. “Me ha pasado que alguien me reconozca en la calle, porque tenía la barba distintiva y estamos hablando de cuando el personaje estaba en pleno auge”. También hay regalos raros.

Una vez, en Comodoro Rivadavia, una mujer se le acercó con media docena de huevos de granja gigantes. Otra gente le lleva dibujos, chocolates, figuritas o pequeños objetos relacionados con Wolverine. “Todos detalles muy chiquititos, pero esa energía y esa cuestión de buena onda de la gente, con esos gestos, es hermoso”.

Hasta ahora nunca lo han llamado desde Chile para presentarse como Wolverine, pese a que nació en Puerto Montt. La posibilidad le interesa. “No, nunca fui invitado.

Estaría buenísimo. Me encantaría conocer todos los países que pueda haciendo de Wolverine, pero eso depende también de las organizaciones y de los organizadores de los eventos”. -¿Qué tiene Wolverine que sigue funcionando?

“Evidentemente, hay algo que se dio entre el actor, el personaje y la gente, que no es habitual. Pasó, por ejemplo, con Iron Man y Robert Downey Jr. , que automáticamente se adueñó del personaje con su interpretación y lo convirtió en un ícono para muchísima gente.

Y con Wolverine y Hugh Jackman pasó básicamente eso”. Javier Paredes -¿Qué parte de ti hay realmente dentro del personaje? “Soy más bien todo lo contrario.

Más de uno me ha dicho: ‘Che, yo pensaba que vos eras malhumorado, que tenías mala onda, porque siempre te veía en los eventos con el ceño fruncido y mirando con desdén a las personas’. Pero por ahí es parte del acting del personaje. Después nos cagamos de risa, contamos chistes, hacemos bromas, está todo bien”.

-¿Qué significa para ti que las personas te pidan fotos vestido como Wolverine? “Me resulta maravilloso y muy placentero. Por eso lo seguí haciendo durante tanto tiempo, y al día de hoy todavía cada tanto lo hago, porque es una linda caricia al alma.

Es muy difícil de explicar esa energía de la gente cuando disfruta lo que haces”. -¿Qué ha sido lo más extraño que te ha pasado caracterizado como Wolverine? “Me acuerdo de un flaco que se acercó muy tímido y me pidió si le podía mandar un saludo a su novia, porque su novia estaba enamorada de mí.

Una cosa rarísima. Supongo que lo decía en sentido platónico y tal vez sería con el personaje”. -¿Hasta cuándo crees que seguirás haciendo de Wolverine?

“El camino que me queda es el camino de Old Man Logan, la versión veterana de Wolverine. Siempre dije: cuando me deje de parecer divertido o no me dé la energía para hacerlo, lo dejaré de hacer. No sé hasta cuándo seguirá.

Cuando me canse, cuando me aburra o cuando no me dé más el cuerpo”.

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