La historia de los chilenos que estuvieron cerca de crear una vacuna contra hantavirus pero que el covid-19 dejó sin fondos
La viróloga María Inés Barría recuerda el momento de la revelación que tuvo hace una década. Ella y su equipo en Chile llevaban meses trabajando en anticuerpos para tratar el hantavirus, que mata aproximadamente a una de cada tres personas que lo contraen. El gran avance llegó alrededor de 2016, cuando un característico resplandor verde fluorescente, que indicaba la presencia del virus, desapareció bajo el microscopio.
Los anticuerpos desarrollados en el laboratorio de inmunovirología de la Universidad de Concepción parecían haber neutralizado el virus. "Va por buen camino (... ) Tenemos que seguir", recordó haber pensado Barría.
Tras el éxito obtenido en ensayos con animales, el laboratorio estaba listo para colaborar con socios internacionales y comenzar las pruebas en humanos. Entonces se quedaron sin financiación. Ahora, esa misma cepa Andes de hantavirus, la única conocida que se transmite de persona a persona, está captando atención mundial.
Un brote de infecciones relacionado con un crucero que navegaba desde Argentina hacia Europa dejó varios muertos y otros pacientes gravemente enfermos, lo que provocó una alerta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y abrió nuevas preguntas sobre cómo se propaga la enfermedad. Barría y Chile no eran los únicos que trabajaban en el hantavirus, aunque los avances han sido graduales. Kartik Chandran, profesor de la Facultad de Medicina Albert Einstein de Nueva York, ha estado desarrollando una vacuna y un tratamiento con anticuerpos.
La investigación aún se encuentra en una etapa temprana. Sin embargo, el anticuerpo ha demostrado eficacia para proteger contra el virus de los Andes en modelos animales. Chandran afirmó que el anticuerpo está listo para pasar a ensayos en humanos.
"Estamos manteniendo varias conversaciones con distintas partes", dijo, subrayando que "el objetivo sería disponer de algo en caso de que se produzca otro brote. Soy optimista y creo que aprenderemos de la situación actual y estaremos preparados para hacer frente a los hantavirus en el futuro". Añadió que un ensayo clínico representaría un desafío, dado que ha habido muy pocos casos.
Ese mismo dilema enfrentan científicos que trabajan en otras enfermedades que afectan al mundo, como la gripe aviar, la viruela símica y el ébola. Encontrar un tratamiento para el hantavirus es más urgente en Chile, donde ya se han registrado 39 casos en 2026, incluidas 13 muertes, según el Ministerio de Salud. También representa un desafío en el sur de Argentina, donde se han diagnosticado 42 infecciones en lo que va del año hasta el 7 de mayo, según el gobierno.
Se desconoce el origen del reciente brote en el crucero MV Hondius, que zarpó de Argentina. Pero mucho antes de que el caso llegara a los titulares, las bases de un posible tratamiento y una vacuna ya se estaban desarrollando en Chile, hasta que la falta de recursos y la posterior llegada de la pandemia de covid-19 frenaron el trabajo abruptamente. La experiencia del laboratorio chileno recuerda muchos casos en los que científicos tuvieron que detener investigaciones sobre nuevos coronavirus antes de la pandemia de covid-19 debido al agotamiento de la financiación.
El virus pasó en gran medida desapercibido fuera del sur de Chile durante mucho tiempo, en parte porque es poco frecuente y se concentra geográficamente, dijo Barría. "Siempre ha sido un problema de salud pública, no hay ninguna vacuna y ningún tratamiento específico aprobado", afirmó. Al frente de una colaboración entre científicos chilenos y socios internacionales —entre ellos investigadores de los Laboratorios Rocky Mountain de los Institutos Nacionales de Salud, el Instituto Robert Koch de Alemania y la empresa Ichor Biologics, con sede en Nueva York— el equipo de Barría comenzó a trabajar en 2014 utilizando muestras de sangre de sobrevivientes para comprender la respuesta inmunitaria.
Los científicos también utilizaron un pseudovirus seguro para laboratorio en sus pruebas. En 2018 publicaron los resultados de un estudio que aisló y caracterizó dos anticuerpos monoclonales capaces de neutralizar el virus. Uno de ellos, en ensayos posteriores con animales realizados junto a socios internacionales, logró eliminar por completo la infección de los pulmones.
En 2021, uno de esos anticuerpos recibió la designación de medicamento huérfano por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. , destinada a acelerar su desarrollo.
Sin embargo, los ensayos en humanos requerían una inversión significativa, de unos US$7 millones, según estimó Barría. El equipo e Ichor Biologics buscaron financiación internacional, pero el progreso quedó estancado durante la pandemia de covid-19, mientras los recursos se redirigían y la financiación local resultaba insuficiente. Si bien los ensayos en humanos siguen suspendidos, Barría y su equipo trabajan en áreas relacionadas como el estudio de las respuestas inmunitarias de los pacientes y la durabilidad de los anticuerpos.
Según explicó, "el factor clave para no poder seguir avanzando es el financiamiento y los recursos". "Hemos avanzado, pero hemos llegado a una etapa que es más cara que requiere otro tipo de nivel de inversión, y no están los instrumentos específicos", sostuvo. Incluso si consiguieran la financiación, Barría estima que a ella y a su equipo les tomaría entre 12 y 24 meses volver al punto en el que estaban antes de la pandemia.
Barría, actualmente investigadora en la Universidad San Sebastián de Puerto Montt, creció en una zona donde el hantavirus era conocido, aunque poco comprendido. Personas de su comunidad contraían la enfermedad —no con frecuencia, pero sí de manera grave cuando ocurría— y no existía tratamiento. El brote en el crucero dio mayor relevancia al tratamiento de la cepa Andes, que ella lleva años estudiando.
Más de ocho personas resultaron infectadas y pasajeros y tripulantes de 23 países estuvieron potencialmente expuestos. Decenas de personas regresaron a sus hogares, donde permanecen en cuarentena para prevenir cualquier riesgo de transmisión futura. Los primeros síntomas se asemejan a los de la gripe, incluidos fiebre, fatiga y dolores musculares, además de náuseas y dolor abdominal ocasional.
En casos graves, la enfermedad puede avanzar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria a medida que los pulmones se llenan de líquido, lo que a menudo requiere cuidados intensivos y ventilación mecánica. En Chile se diagnostican entre 40 y 60 infecciones al año, con una tasa de mortalidad de hasta 40%, según estimaciones de la Clínica Alemana. No existen tratamientos específicos, aunque los resultados mejoran notablemente con diagnóstico y atención tempranos.
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