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La historia de la dupla detrás de la Feria Vinilo Garage que crece y llega al GAM: “Hay mucha gente que está en contra de las plataformas y quiere volver a lo físico”
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La historia de la dupla detrás de la Feria Vinilo Garage que crece y llega al GAM: “Hay mucha gente que está en contra de las plataformas y quiere volver a lo físico”

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Es una mañana soleada en Barrio Yungay. En la esquina de Huérfanos con Libertad, un gato grande y peludo -su nombre: Ozzy- mantiene guardia, sentado en unas cajas de vinilos apiladas afuera de un local: Vinilos Brieba, comandado por su dueño, Eduardo, un verdadero referente para los coleccionistas locales. Partió en Parque de los Reyes, y ya hace años está asentado en este espacio donde la música, por el parlante y en carátulas, copa hasta el último rincón.

Hasta ahí llegan a saludar, y luego a compartir un café con el dueño de casa, dos amantes del vinilo, cada uno con tienda propia online y hasta sello, y quienes desde hace cinco años organizan el Día del Vinilo en Chile: Pablo Gutiérrez Verdi (45), periodista, y dueño además de Vinilo Garage, y Fredy Asenjo (49), informático, quien lidera Kolala. El sábado 4 de abril, la Feria Vinilo Garage que organizan unidos y que comenzó en 2019 en un local pequeño de Macul, ahora aterrizará por primera vez en el GAM, en lo que será una pequeña residencia cada ciertos meses, y donde tendrán a una veintena de tiendas, además de lanzamientos exclusivos, incluyendo de música que ellos mismos rescatan y llevan a vinilos a través de sus sellos. “Yo rescato un disco patrimonial que no debería estar oculto.

No está en ninguna parte, no está en plataformas, no está disponible para la venta desde que salió en el año 77, que es el primer disco de Florcita Motuda”, dice Asenjo, quien con Kolala lanzará ese disco, sicodélico y experimental, y que en su momento causó revuelo por su jugueteo con las cuecas. Ha sido un trabajo duro de rescate, recuerdos, y revivir un pasado para que esté disponible y sumado al archivo de música chilena. Por su parte, Gutiérrez lanzará el disco “Supersórdido”, debut de la banda chilena Supersordo, el que originalmente se lanzó al mercado en 1993 en cassette y que marcó un hito en el punk y rock local.

Como fanático de la música, como músico también, poder revivirlo parecía impensado: “Lo escuchaba en el colegio, es uno de los discos fundacionales, que de alguna manera me delineó el gusto con la música punk, el hardcore. Rescatar esto, remasterizarlo, sacarlo en este formato; yo jamás me imaginé que íbamos a poder hacer esto”, dice. Todo, claro, gracias al auge del vinilo: según el informe anual de la Federación de la Industria Fonográfica, en 2025 la venta de vinilos creció un 46,9% en Chile.

Siguiendo la tendencia mundial, donde la venta de vinilos lleva 19 años consecutivos de crecimiento, y cuando recientemente se alcanzó un hito en Estados Unidos, con mil millones de dólares en ventas anuales de vinilos. En parte por coleccionistas como Fredy y Pablo, en parte por una generación joven que busca tocar con sus manos la música que solo han conocido en aplicaciones. Una historia musical Las historias de música y vinilo de Asenjo y Gutiérrez son muy distintas.

“Desde muy chico, como que los vinilos eran parte de la casa, eran parte del hábitat. A mis papás le encanta mucho la música”, dice Gutiérrez, quien recuerda una infancia marcada con los sonidos de Inti Illimani, Violeta Parra, Víctor Jara, además de Deep Purple o Led Zeppelin. “Mi papá fue radio programador mientras estudiaba, entonces él ahí descubría música.

Él después iba a conseguirla en las disquerías, y se gastaba la mitad del sueldo, me decía. Los discos siempre han sido caros”, dice Gutiérrez, mientras muestra el primer vinilo que le regaló su padre siendo niño: la música de la película “Los Aristogatos”. “La música digital está ayudando también al impulso del vinilo, porque ahí la gente descubre música y después las quiere buscar en ese formato”.

Pablo Gutiérrez Verdi creció, la tornamesa se echó a perder en la casa, y pasó a los cassettes y luego los CD. —¿Y cuándo volviste al vinilo? —Empecé a trabajar en algunas cosas, únicamente para tener plata para comprarme discos.

Luego, trabajando, caché que podía tener una tarjeta de crédito para importar los discos que no podía encontrar acá. Ahí empecé a comprar la música que quería escuchar. En una época en que no tenía tocadiscos, pero iba ahí comprando vinilos, íbamos con amigos al Parque de los Reyes, fin de semana por medio, con diez, doce lucas en el bolsillo, y nos veníamos como con unos cuatro o cinco discos.

La historia de Fredy Asenjo es distinta. Él, cuenta, jamás escuchó música en la casa paterna. Viene de Coelemu, una localidad pequeña al norte de Concepción.

“En mi casa no se escuchaba música nunca, nada. Y en la radio del pueblo se escuchaban rancheras o este típico tecno que a mí me cargaba. Hasta que entré a la universidad, en Concepción, y ahí, como típico ñoño informático, me empezaron a mostrar música y me gustó”.

Después de egresar se trasladó a Santiago y empezó su amor por los vinilos: “Empecé a buscar los discos de las bandas que había escuchado antes. Y a mí siempre me gustaba la música nacional, entonces empecé a buscar música chilena que me gustaba. Y de repente encontraba un disco repetido, porque en ese tiempo todavía no eran tan caros, era más fácil encontrar discos de colección y se los vendía a gente cercana, para solventar mi colección.

Encontraba dos, vendía uno y el otro se quedaba para mí. Y así empecé a armar mi colección y empecé a armar también una red de venta”. Ya en 2010 Fredy armó su tienda formal, Kolala -bautizada con una de las primeras palabras que dijo su hija-, y fue a través de ella que conoció a Pablo Gutiérrez, como comprador.

Fue alrededor de 2018, cuando Gutiérrez tenía un viaje y quería llevar de regalo la reedición del primer disco de Fulano. “Y el único que lo tenía era Kolala”, recuerda. Gutiérrez luego pasó él mismo a vender discos, junto a Andrés Zúñiga de Aula Records, importando reediciones del sello peruano Discos Horóscopo.

Luego, en un momento sin trabajo, comenzó a vender parte de su colección en ferias. Lo mismo le ocurrió a Asenjo, quien dice que hoy ya no tiene colección propia: la vendió toda en algún minuto de necesidad. “Por eso los vinilos muchos los ven como inversión”, explica, debido a su buen retorno económico en este circuito sin fin de amantes y busquillas de rarezas.

Gutiérrez comenzó a organizar los encuentros de Vinilo Vintage, en cafés, en restaurantes, en distintos espacios. E invitaba a Asenjo, quien en un principio se mostró poco interesado, hasta que se rindió y no solo se sumó como participante, sino como organizador. “Empezamos a congeniar, a tirar ideas.

Y ahí empezamos a crecer los dos, cachamos que éramos una dupla perfecta. Porque a Freddy se le ocurre una idea estrambótica, súper grosas, y yo me engancho de eso y empiezo a ejecutar”, dice Gutiérrez. Así nació, por ejemplo, el Día del Vinilo en Chile, que la dupla empuja hace ya cuatro años en agosto, cada vez creciendo más.

A su vez se convirtieron en micro sellos, junto con el cada vez mayor auge del formato. Fue en 2019 cuando, después de 30 años, en Chile se volvió a abrir una fábrica de vinilos, Selknam. En el caso de Kolala, se unió a la Tienda Nacional, y han estado empujado música chilena en vinilo, por ejemplo.

—Cuando se junta gente que tiene vinilos, siempre es una competencia por quién tiene la edición más rara. ¿Cuáles son las suyas? —Asenjo: Yo la más rara que he tenido y la que costaba más dinero fue ‘El Volantín’ de Los Jaivas, que venía con un poster y que es súper difícil de encontrar.

En ese tiempo los vendí como en 500 lucas, ahora debe estar como un millón. —Gutiérrez: A mí mi amigo Andrés Zúñiga me regaló una copia de José Vicente Asuar, de su disco ‘Así habló el computador’. Asuar fue el pionero de la música electroacústica en Latinoamérica y desde su búnker en la Universidad de Chile experimenta y empieza a hacer música electrónica.

Se armó su propio computador para hacer esto y editó discos de forma privada. Entonces estamos hablando de tirajes que serían de 100, 150 copias con suerte en ese tiempo, y todavía se pueden encontrar, pero claro, son muy raras. Andrés ha tenido la suerte de toparse tres veces con ese disco.

Me regaló una a mí, y un día encontró otra más y la vendimos, lo puse en quinientas lucas y se fue rápido. —En el mundo de los vinilos hay una cosa de amar la música, pero como de arqueología también. Además de ser un objeto, que incluso se puede transformar en adorno.

—Gutiérrez: Sí, se mezclan varias cosas. Está la gente que no escucha mucha música o no entiende tanto, pero sí le gusta el sonido y tienen equipos de millones de pesos. Por el lado están a los que nos gusta la música, y el formato es atractivo en sí mismo, es un formato bien noble.

—Asenjo: Suena mucho mejor que cualquier otro formato de música y también se transforma en un artefacto coleccionable. También hay gente que los compra como inversión, como me pasó en algún momento a mí. Saben que esos discos, sobre todo los coleccionables, los que son de edición limitada, van a ir subiendo de precio.

Es como las cartas que ahora están de moda, de Pokémon, que también se transan. Con los vinilos siempre ha pasado lo mismo. —Hace diez años, ¿imaginaban que el vinilo se iba a transformar en lo que es ahora?

¿Y que generaciones muy jóvenes lo están adoptando? —Gutiérrez: No, yo no lo imaginé. En el 2008 me compré unos discos de Los Prisioneros, pero los mandé a pedir a Perú, fabricado allá.

Jamás pensé que íbamos a poder contar con revisiones de toda la música a la que hemos llegado hasta ahora. Entonces, yo no me imaginé que iba a crecer tanto esto. Pensé que era más cosa mía y de mi grupito de amigos y de otros grupitos de por allá.

Iba gente a la casa, le llamaban la atención estos discos y preguntaban dónde los compré. En el persa, en el Parque de los Reyes, en todos lados. Cuando en un minuto se dice que el vinilo volvió, nunca se fue.

Lo que pasa es que hay una industria detrás que empujó el tema de las reediciones. Y eso llevó a que los discos usados comenzaran a subir de precio. Antes no era tan caro conseguir discos joyitas de música chilena.

Pero yo no me imaginé que se iba a viralizar tanto, a globalizar tanto el deseo de contar con música en formato vinilo en las casas. Hoy se ve que venden tocadiscos hasta en el supermercado. —Las nuevas generaciones están interesadas en tener el formato físico, porque nacieron con el digital.

¿Hay algo en eso que es como una rebeldía frente al algoritmo? ¿No escuchar siempre lo mismo que te tira tu Spotify? —Asenjo.

Sí, yo creo que sí, porque además hay mucha gente que está en contra de las plataformas y quiere volver a lo físico. Definitivamente hay algo de rebeldía. Y además que es un objeto demasiado bonito, hay mucha gente que incluso los tiene para solo mostrarlo, en las paredes.

—Además que escuchar un vinilo te obliga a seguir un disco entero. —Gutiérrez: Más que te obliga, te invita a escuchar el álbum, como se concibió. —Asenjo: Tiene que ver con la relatividad del tiempo.

Uno con las plataformas puede escuchar un disco, no sé, lavando los platos o en el auto. En cambio acá es una ceremonia abrir el disco, sentarse, ponerlo en la tornamesa, limpiarlo, escucharlo. Entonces le da el tiempo real que merece el escuchar la música.

Lo otro es un acompañamiento. Patrimonio nacional La Feria Vinilo Garage partió en 2019 con el ánimo de juntar a varios vendedores online o que no tenían tienda física y unirlos, además de llevar la venta a otras comunas, otros espacios. Ahora, estarán varias veces al año en GAM, comenzando por la primera versión el próximo sábado 4 de abril.

Además de DJ en vivo -que, por supuesto, no tocan en un computador sino que con tornamesas-, y varias tiendas, Kolala y Vinilo Garage tendrán sus novedades, lo mismo que BYM Records, Hueso Records y Aula Records; este último, el sello discográfico de la Universidad de Santiago de Chile, que está sumando al rescate patrimonial de música chilena ‘Antología Isabel Parra 1966–1972’, colección de seis álbumes de la cantautora chilena reeditados por primera vez en vinilo. —¿Ha cambiado mucho el público en estos años de la feria o del Día del Vinilo? —Gutiérrez: He estado viendo más público, incluso femenino.

—Asenjo: Era más Club de Toby. Ha ido harto público femenino y harto adolescente también, que le gusta ir a mirar las carátulas, recorren toda la feria solo mirando las carátulas. Más que cambiando, se han ido agregando, se ha ido sumando público.

—Ahora que ya lograron ciertos santos griales de la edición de vinilos, entendiendo que demora mucho tiempo; ¿hay otros discos insignes de la música chilena que soñarían ver reeditados en vinilo? ¿Cuáles faltan? —Asenjo: Yo tengo otro en proyecto que tiene que ver con el patrimonio cultural de Valparaíso, con la música que se crea ahí, y es el primer disco de Los Blue Splendor, que para mí es una maravilla.

Y ya estamos trabajando en la edición, contactamos a la banda, estamos con el tema de los derechos y en proceso de poder empezar a editarlo y fabricarlo. —Gutiérrez: Eso es un desafío. Al llegar al GAM, el principal desafío era mantener el estándar precisamente con el tema de los lanzamientos.

No es fácil. Pero sí hay muchas cosas que se podrían hacer, como lo menciona Fredy. Yo, por ejemplo, me encontré en una feria hace poco un disco del Grupo Krater, que son como los primeros chilenos en hacer salsa acá, y esos discos son muy difíciles de conseguir, de hecho la persona lo vendía carísimo.

Pero eso te abre para un montón de cosas más.

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