La forma china de ver el mundo
Por Carlos Gutiérrez P. Entre el 13 y el 21 de mayo, el centro de interés mundial estuvo y seguirá centrado en China, y su particular mirada sobre la situación actual. La semana pasada recibió al presidente estadounidense Donald Trump y desde el martes 19 recibe al presidente ruso Vladimir Putin.
Esto es demostrativo de los cambios que se han producido en la estructura de poder mundial. China y Rusia como las potencias que han cuestionado la supremacía hegemónica unilateral de Estados Unidos, particularmente por el vertiginoso ascenso de China y la tendencia decadente en la que se encuentra el país del norte, que aun así sigue siendo la principal potencia mundial. Es evidente que entre estos tres grandes está la actual disputa mundial, mientras que la otrora grandeza europea está en una fase decadente aún más notoria, y otros referentes mundiales como India, Brasil y México siguen con cierta latencia su paso para ser actores más determinantes.
Irán hoy está en una encrucijada estratégica que definirá su estatura mundial. China, ha diseñado su proyecto histórico en base a una posición que ha combinado un exitoso desarrollo económico interno, una proyección internacional de comercio abierto, la construcción de una infraestructura global denominada la Franja y la Ruta de la Seda, incorporando a innumerables países bajo la lógica de ganancias mutuas, respetuosa del derecho internacional, apoyando a los organismos internacionales, especialmente a la ONU, a pesar de tener críticas sobre su actual eficacia. Hoy día es el liderazgo chino el que ha señalado con claridad el riesgo de la actual política confrontacional mundial, y la urgente necesidad de avanzar hacia un cambio de paradigma.
Así es como se acordó el enunciado de construcción de “relación constructiva China-Estados Unidos de estabilidad estratégica”, marco propuesto por el anfitrión. En palabras de su líder Xi Jinping “guía estratégica para las relaciones bilaterales durante los próximos tres años y más allá”. Claramente, la primera aspiración es que al menos cubra el mandato del presidente Trump.
Wang Yi, ministro de Asuntos Exteriores de China, dividió el marco en cuatro propiedades. 1. - Debería tratarse de una “estabilidad positiva”, una relación en la que la cooperación sea la norma, no la excepción.
Como dijo Wang Yi, ambos países “se benefician de la cooperación y pierden con la confrontación”. 2. - Debe tratarse de una “estabilidad sana”, donde la competencia, cuando se produzca, se mantenga dentro de límites y no se convierta en un juego de suma cero.
Cabe destacar que Wang Yi reconoció abiertamente que “la competencia entre grandes potencias no es nada nuevo”, una franqueza que supone un cambio respecto al lenguaje diplomático chino anterior, que tendía a resistirse a enmarcar la relación en términos competitivos. 3. - Debe haber una «estabilidad constante», lo que significa que la continuidad de las políticas importa, ambas partes deben «cumplir su palabra y avanzar en la misma dirección», y no deben permitir que la relación oscile como una montaña rusa.
4. - Debe tratarse de una “estabilidad duradera”, un compromiso que considera que los conflictos y las guerras entre los dos países son simplemente resultados inaceptables. Esto exige que ambas partes “cumplan con los tres comunicados conjuntos, respeten los sistemas sociales y las trayectorias de desarrollo de cada uno, y respeten los intereses fundamentales de cada uno”.
El destacado académico chino Wu Xinbo, decano del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Fudan, quien participó en la cena el 14 de mayo, ha declarado que el nuevo enfoque adoptado tiene cuatro implicaciones operativas: amplía el alcance de la cooperación haciendo crecer el espacio de los intereses comunes; gestionar la competencia para que no se vuelva perniciosa ni desemboque en confrontación; controlar las diferencias para que no escalen a crisis o conflictos; mantener activa la paz entre estas dos grandes potencias, que permita garantizar la estabilidad regional y global. En las últimas administraciones estadounidenses el lenguaje reinante se remitía a la “competencia estratégica” entre dos grandes potencias, que había diseñado la postura práctica de los gobiernos de la Casa Blanca. Con el actual mandato de Trump se estaba apreciando un cierto cambio, como lo que ocurrió en el encuentro del año pasado en la Cumbre de Busan, donde el concepto de “competencia” había desaparecido, cambiando al de “estabilidad”.
La cumbre actual agregó el término “estratégica”. Los resultados concretos Esta reunión cumbre fue solicitada por Estados Unidos, en el marco de una crítica situación económica que se agravó con la agresiva guerra comercial que Trump impulsó contra China, y que ha significado un rotundo fracaso. El aumento de la inflación, la continuidad de la desindustrialización, el mal funcionamiento de las cadenas de suministros y el fiasco de la guerra arancelaria, han convertido a Estados Unidos en un país más vulnerable.
La mejor demostración de la ansiedad de Trump por esta reunión, su característica puesta en escena megalómana, y las expectativas que de ella tenía se vio reflejada en la delegación empresarial oligárquica que lo acompañó: Elon Musk, de Tesla y SpaceX; Jensen Huang, de Nvidia, que ahora es la corporación más valiosa del mundo; Tim Cook de Apple; Larry Fink, de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo; Stephen Schwarzman, de Blackstone, la mayor gestora de activos alternativos; Kelly Ortberg, CEO de Boeing; Brian Sikes, director ejecutivo de Cargill; Jane Fraser, directora ejecutiva de Citigroup; Larry Culp, director ejecutivo de GE Aerospace; David Solomon, director ejecutivo de Goldman Sachs; Sanjay Mehrotra, director ejecutivo de Micron; y Cristiano Amon, CEO de Qualcomm. Obviamente el principal interés de la gestión de Trump y todos estos oligarcas, muchos de ellos financistas de su campaña, está en la relación comercial con China, y el acceso privilegiado a su enorme mercado (1. 400 millones de personas, con una clase media de 1.
200 millones de personas, según investigadores de la Brookings Institution para el 2027). Las principales negociaciones giraron en torno a los temas comerciales: 1. - Boeing y GE Aerospace.
Se anunció la compra de 200 aviones Boeing 737, además de entre 400 y 500 motores a reacción de GE Aerospace. Inicialmente se había informado de 500 aviones 737 y 100 aviones 787. Pero, estas fueron las declaraciones de Trump ante un periodista de Fox News, que no ha sido confirmada por el gobierno chino.
Las acciones de Boeing bajaron un 4 %. 2. - Productos agrícolas: Soja y carne de res.
Los estadounidenses esperan que China se comprometa a comprar miles de millones de dólares en productos agrícolas. El Ministerio de Comercio de China respondió el 16 de mayo calificando los acuerdos agrícolas como preliminares y que esperaban terminarlos lo antes posible. Un acuerdo concretado fue la prórroga por cinco años del registro de plantas procesadoras de carne de vacuno.
3. - Petróleo, GNL y energía. En la misma declaración a Fox News, el presidente Trump aseguró que China había accedido a comprar petróleo estadounidense, para no depender demasiado del flujo por el estrecho de Ormuz.
En el comunicado final chino no se menciona nada de esto. La realidad actual es que China realizó su última compra de petróleo a Estados Unidos en febrero de 2025. Hubo un cambio debido a las circunstancias de la guerra en Irán, donde se ha dirigido petróleo de Estados Unidos a China.
Lo mismo pasa con el GNL, que se desplomaron debido a la guerra arancelaria. A partir de ahí, China empezó una diversificación de sus proveedores a través de Rusia, Qatar, Australia y un oleoducto en Asia central que discurre por Turkmenistán. 4.
- La arquitectura institucional. Se confirmó la creación de dos nuevos organismos bilaterales: una Junta de Comercio y una Junta de Inversiones. Entidades pensadas para supervisar la reducción de aranceles en bienes y explorar inversiones mutuas.
Los asuntos políticos El gran tema, muy publicitado, fue sobre el estatus de Taiwán, permanente interés de carácter estratégico para China. El informe posterior a la cumbre por parte del ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi dedicó especial atención a este tema, organizándolo en torno a tres puntos. 1.
- Reiteró la postura fundamental de China: Taiwán es un asunto interno chino. China continental y Taiwán han pertenecido a una sola China desde la antigüedad, y esto constituye “el statu quo real del estrecho de Taiwán”. Instó a Washington a respetar el principio de Una Sola China y los tres comunicados conjuntos.
2. - Advirtió que Taiwán es «el tema más importante en la relación entre China y Estados Unidos» y que «lo afecta todo»: si se maneja bien, la relación puede mantener la estabilidad general; si se maneja mal, los dos países «chocarán o incluso entrarán en conflicto». 3.
- Wang Yi afirmó que “percibimos que la parte estadounidense comprende la postura de China, toma en serio las preocupaciones de China y, al igual que la comunidad internacional, ni respalda ni acepta que Taiwán avance hacia la independencia”. En este tema, la posición de Estados Unidos se mantuvo en su postura de larga data que es su ambigüedad estratégica al respecto, evitando respaldar o descartar una posición firme, que pudiera interpretarse como aceptación de la postura de China. Pero, la realidad muestra un detalle, que es la continua venta de armas a Taiwán.
En su entrevista a bordo del avión presidencial, Trump aseveró que se habló mucho sobre Taiwán, analizó con detalle la venta de armas por 14. 000 millones de dólares preaprobado en 2025 por el Congreso, pero que el gobierno aún no ha notificado formalmente. También reveló que Xi Jinging le había preguntado directamente si Estados Unidos defendería a Taiwán en caso de ataque, y que él se había negado a responder.
Reconoce que China tiene una posición muy firme al respecto y que “No me comprometí en ningún sentido”. Fue el secretario de Estado, Marco Rubio quien aclaró posteriormente que Estados Unidos había “reiterado su posición sobre Taiwán” y que la venta de armas “no fue un tema central en la discusión”. El paquete de armas en sí sigue sin resolverse.
Probablemente sea un acto que pueda usarlo como moneda de cambio, frente a muchas negociaciones en conflictos que siguen activos y donde están presentes determinados intereses de Pekín, como los de Irán, Ucrania, Venezuela y Cuba. Sin lugar a dudas, esta puede ser una prueba más trascendental a corto plazo de los resultados reales de la cumbre en relación con Taiwán. Con respecto a Irán no hubo ningún comentario público oficial, aunque resulta evidente que debe haberse conversado.
El presidente Trump expresó que tenían opiniones “muy similares” sobre el problema iraní, en cambio la declaración del Ministro de Relaciones Exteriores ratificó la posición china que ha sido clara desde el principio, y que contiene una crítica severa, en relación a que el conflicto “no debería haber ocurrido”. Desde el comienzo del conflicto el país asiático ha sido claro en el respeto de la soberanía e integridad territorial iraní, detener los ataques y mantener el estrecho de Ormuz abierto al tráfico comercial. Todo esto junto llevaría a la conclusión que esta cumbre para Donald Trump fue un fracaso, demostrando que no llegó en una posición de fuerza, claramente afectado por los resultados de la guerra en Irán, y que tampoco tiene mucho que ofrecer en términos de certezas, visión de largo plazo, y seriedad en los compromisos.
En cambio, hoy se ha constituido en el principal factor de inestabilidad mundial, perdiendo aliados estratégicos en Medio Oriente y Europa, pero también dejando muchas dudas en otros que siguen creyendo en el paraguas protector de Estados Unidos. En cambio, China aparece como un actor serio, pausado, reflexivo, que otorga estabilidad buscando evitar el surgimiento de conflictos o administrarlos dentro del derecho internacional. Actualmente no es parte originaria de ninguna crisis mundial y sigue su rumbo imperturbable hacia su máximo desarrollo, en un contexto global que se dirige hacia un multilateralismo más activo y ampliado, y que tiene en China a uno de sus mayores propulsores.
La señal más clara la dio el presidente Xi Jinping quien hizo referencia al concepto trabajado por el cientista político Graham Allison sobre la “Trampa de Tucídides”, que consiste en los riesgos que surgen cuando una potencia en ascenso comienza a desafiar a una potencia establecida. Tesis que surge del historiador Tucídides quien sostenía que la guerra del Peloponeso, entre Atenas y Esparta es producto de las tensiones entre estas dos potencias de la época. En su discurso en el Gran Salón del Pueblo, al hacer referencia a esa tesis lo que está proponiendo es la superación de ese patrón histórico sobre el conflicto entre potencias mundiales emergentes y dominantes.
Es una advertencia para que ambos países eviten la confrontación a pesar de la creciente rivalidad y competencia. La posición china es que favorece unas relaciones estables y pacíficas con Estados Unidos y que las tensiones existentes se deben justamente a la reticencia de la Casa Blanca para aceptar que China es una potencia mundial emergente, pero que no desea entrar en el ciclo vicioso del conflicto por la hegemonía. Finalmente, el presidente chino deja establecida la cuestión crucial “Si China y Estados Unidos pueden superar la llamada trampa de Tucídides y crear un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias… estas son preguntas que plantean la historia, el mundo y los pueblos”.
Por Carlos Gutiérrez P.
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