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La droga que el Estado no sabe tratar
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21:50 · Chile

La droga que el Estado no sabe tratar

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Por Ricardo Manzur Carrasco Sebastián tiene 19 años y vive en La Florida. Empezó a consumir Tussi a los 17, en una fiesta donde alguien le dijo que era más suave que la cocaína. Que no creaba adicción.

Que era una droga de diseño. Hoy lleva dos intentos de dejar de consumir y ninguno de los dos centros a los que fue tenía un protocolo específico para tratar su dependencia. El primero le dijo que era lo mismo que la cocaína.

El segundo, que era ketamina y que no había mucho que hacer. Sebastián no es un caso aislado. Es el síntoma de una política pública que va siempre tres pasos atrás de las drogas que destruyen vidas.

Qué es el Tussi y por qué su nombre engaña El Tussi tiene varios nombres. En Colombia, donde nació, lo llaman Tusi o Tucibi. En España, cocaína rosa o tusibi.

En Argentina, la sustancia rosa. En Chile se popularizó como Tussi, aunque también circula como cocaína rosada, polvo rosa o simplemente rosa. El nombre es un error de origen.

El término deriva de la pronunciación en inglés de 2C-B (Two-Si-Bi), una droga sintética psicodélica de la familia de las fenetilaminas. Pero el Tussi que circula en Chile no contiene 2C-B. El análisis de 470 muestras realizado por investigadores de la revista Health and Addictions reveló que el Tussi contiene principalmente ketamina (93,2%) y MDMA (92,2%).

La presencia de 2C-B es residual (3,6%). La cocaína, apenas el 0,2%. El color rosado no es una característica química.

Es colorante alimenticio. El mismo que se usa para decorar tortas. Agregado deliberadamente para hacer la droga más atractiva, más distinguible en el mercado y más fácil de vendérsela a alguien que cree que está consumiendo algo distinto.

La ketamina, su componente principal, es un anestésico veterinario. Se usa para sedar caballos. En Chile su venta está regulada, pero en los países vecinos no.

Por eso entra de contrabando, principalmente desde Bolivia y Perú, en forma líquida. Luego se procesa en polvo, se mezcla con el colorante y se distribuye. El fiscal Luis Toledo, director de la Unidad de Tráfico de Drogas del Ministerio Público, describió el perfil del consumidor: jóvenes de entre 13 y 30 años que ven en el Tussi algo más aceptable que la cocaína.

Una droga de fiesta. Una droga de diseño. Una droga que no engaña igual que las otras.

«Esta misma sustancia mezclada ha llegado a Chile con una enorme fuerza, más fuerte incluso que en países vecinos como Perú o Argentina»— Luis Toledo, director Unidad de Tráfico de Drogas, Ministerio Público. Las cifras que el Gobierno no publicitó En 2025, Carabineros incautó un récord histórico de drogas en Chile: 61,8 toneladas entre marihuana, pasta base y cocaína, un aumento del 65% respecto a 2024. El ministro del Interior lo presentó como un éxito de la persecución penal.

Nadie habló de lo que esas cifras no miden. En 2025 se incautaron 1. 253 unidades de 2C-B, más conocida como cocaína rosa, según el balance anual de Carabineros publicado en enero de 2026.

Y 193 kilos de ketamina. Pero esas cifras son solo el extremo visible. Las incautaciones de ketamina transformada en Tussi habían crecido más de un 463% entre 2021 y 2022, según datos de la PDI publicados por La Tercera.

Y la ketamina pura decomisada subió un 2. 872% en el mismo período. Las drogas sintéticas han crecido un 7.

000% en incautaciones en Chile entre 2010 y 2019, según datos de la Fiscalía. La tendencia no se detuvo. El Informe Mundial de Drogas 2025 de la UNODC confirma que el mercado de drogas sintéticas se expande a nivel global a una velocidad que los sistemas de salud no pueden seguir.

Chile no es la excepción. Es el ejemplo. Lo que el sistema de salud no tiene El Tussi no aparece en la Estrategia Nacional de Drogas 2024-2030 de SENDA con un protocolo clínico específico.

Los centros de rehabilitación del país no tienen formación especializada para tratar la dependencia a la ketamina. Y la ketamina, como componente principal del Tussi, produce efectos y síntomas de abstinencia que no son comparables a los de la cocaína ni los del alcohol. La dependencia a la ketamina genera tolerancia rápida, disociación, deterioro cognitivo progresivo y, en consumos crónicos, daño severo al sistema urinario.

La llamada uropatía por ketamina es una condición documentada en la literatura clínica internacional: inflamación crónica de vejiga, reducción de su capacidad y, en casos graves, daño renal irreversible. En el Reino Unido, la British Association of Urological Surgeons publicó en 2024 un consenso de manejo específico para esta condición. En Chile no existe ese consenso.

Y los adolescentes que llegan a tratamiento por dependencia al Tussi se encuentran con equipos clínicos que los tratan como si consumieran cocaína o alcohol, porque son los protocolos que el sistema tiene. «El prefecto de la BRISUQ de la PDI aseguró que la ketamina genera una dependencia psicológica bastante fuerte, rápida, y te instala en el mundo de las alucinaciones de manera ágil»— Prefecto de la BRISUQ, PDI Chile. La música urbana chilena aceleró el consumo.

Marcianeke, uno de los artistas más populares del momento, tiene canciones que hacen referencia explícita al Tussi. Pintó su Porsche de rosado y lo bautizó el Tussi Móvil. El Estado no reguló la apología.

Y el sistema de salud no se preparó para las consecuencias. Cómo lo tratan otros países Colombia creó en 2013 el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) para drogas de síntesis. Es un mecanismo de monitoreo permanente que analiza muestras incautadas y sistematiza la información sobre composición, distribución geográfica y tendencias de consumo.

Para 2023 ya registraba 152 incautaciones de ketamina, frente a 26 en 2018. La información llegó a los equipos clínicos antes de que llegaran los pacientes. Chile no tiene un sistema equivalente.

Uruguay encabezó junto a Argentina el desarrollo de sistemas nacionales de alerta sobre nuevas sustancias psicoactivas en América Latina, según la UNODC. Eso significa que cuando aparece una nueva composición del Tussi en el mercado, el sistema sanitario lo sabe antes de que los médicos de urgencia lo vean por primera vez. Chile no está en esa lista.

La Unión Europea tiene un sistema de vigilancia que en 2023 identificó la ketamina como la cuarta sustancia más incautada entre las nuevas drogas psicoactivas: 2,9 toneladas, según el Informe Europeo sobre Drogas 2025. Esa vigilancia alimenta directamente los protocolos clínicos de los hospitales. El Informe Mundial de Drogas 2025 de la UNODC advirtió que los países que carecen de sistemas de alerta temprana son los que más tardan en adaptar sus respuestas sanitarias.

Chile está en ese grupo. Energy Control, una organización española que opera con financiamiento parcial del Estado, analiza sustancias en espacios de ocio nocturno antes de que se consuman y publica la composición real de lo que circula. Fue uno de los primeros organismos en caracterizar el Tussi en Europa con precisión.

Sus informes llegaron a los médicos antes de que llegaran los pacientes. En Chile, el equivalente no existe. El consumidor no sabe lo que consume.

El médico tampoco sabe lo que va a tratar. En Chile, el debate público sigue siendo cuánto se incautó. No cuántos se trataron.

No qué les pasó después. No si había algún centro que supiera cómo ayudarlos. Lo que habría que hacer La solución no es una sola medida.

Es una cadena de decisiones que el Estado ha postergado mientras las incautaciones crecen y los adolescentes llegan a centros de rehabilitación sin protocolo. SENDA debe desarrollar un protocolo clínico específico para la dependencia a la ketamina y al Tussi. Hoy no existe.

Los centros de rehabilitación no tienen formación específica para tratar lo que el mercado ya instaló masivamente entre adolescentes chilenos. El mapa del consumo en Chile cambió. El sistema de tratamiento no lo siguió.

Esa brecha tiene consecuencias clínicas concretas que se ven todos los días en los centros de rehabilitación del país. El sistema de alerta temprana sobre nuevas sustancias psicoactivas existe en el papel. El Instituto de Salud Pública tiene capacidad de análisis.

Lo que falta es la voluntad política de hacerlo visible en tiempo real, antes de que los adolescentes lleguen a urgencias. El debate sobre cómo tratar el consumo de drogas sintéticas no puede seguir siendo solo policial. Uruguay reguló el cannabis y construyó datos.

Colombia creó el Sistema de Alertas Tempranas sobre drogas de síntesis y hoy tiene información que Chile no tiene. La región avanza. Chile sigue contando lo que incauta.

Las familias que buscan orientación sobre el Tussi y sus opciones de tratamiento tienen cada vez menos lugares a los que acudir. Plataformas como SinAdicciones. org cubren parcialmente ese vacío con información verificada sobre centros de rehabilitación en Chile y asesoría gratuita.

Pero no deberían ser el único recurso disponible cuando el Estado falla. Las 1. 253 unidades de cocaína rosa incautadas en 2025 son un número.

Sebastián es una persona. Y mientras el Estado cuenta lo que decomisó, Sebastián sigue buscando un centro que sepa tratar lo que tiene. La droga ya llegó.

El tratamiento todavía no. Por Ricardo Manzur Carrasco Ricardo Manzur Carrasco es periodista con más de 20 años de experiencia, ex editor nacional de La Cuarta. Especialista en comunicación de salud mental y adicciones.

Certificado por OPS/OMS y SENDA en neurobiología del consumo y política de drogas. Completó un proceso formal de recuperación de dependencia severa al alcohol. Las expresiones de esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

Carabineros de Chile — Balance Anual de Incautaciones 2025, enero 2026 PDI — Brigada de Investigación de Sustancias Químicas Controladas (BRISUQ), datos citados por La Tercera, 2022 Health and Addictions / Salud y Drogas — Tusibí: Ni 2C-B ni cocaína rosa.

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