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La cultura no se financia sólo cuando es rentable
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01:45 · Chile

La cultura no se financia sólo cuando es rentable

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Señor Director: Las recientes declaraciones del Ministro de las Culturas defendiendo en el Congreso un recorte presupuestario superior incluso al inicialmente exigido por el propio Gobierno vuelven a instalar una discusión recurrente y profundamente limitada: la idea de que el financiamiento cultural sólo se justificaría cuando demuestra retornos económicos inmediatos y fácilmente cuantificables. El problema de ese enfoque no es únicamente presupuestario. Es conceptual.

Las industrias culturales no operan exclusivamente como sectores productivos convencionales. También producen continuidad simbólica, memoria colectiva, legitimidad pública e imaginarios compartidos de nación. Por eso, incluso economías altamente orientadas al mercado —como Corea del Sur o Francia— sostienen políticas culturales robustas: no porque ignoren restricciones fiscales, sino porque comprenden que el audiovisual, la música y el patrimonio forman parte de infraestructuras contemporáneas de reputación, circulación internacional y cohesión simbólica.

Paradójicamente, en Chile muchas expresiones culturales tradicionalmente asociadas a la identidad nacional —como el rodeo o ciertas fiestas costumbristas— han recibido históricamente múltiples formas de apoyo institucional relativamente naturalizadas. Sin embargo, cuando el debate se desplaza hacia cine, artes visuales o producción audiovisual contemporánea, reaparece rápidamente el lenguaje del “gasto”, la sospecha ideológica y la exigencia de auto sustentabilidad inmediata. Esa asimetría revela que la discusión no gira únicamente sobre eficiencia fiscal.

También involucra qué formas culturales consideramos suficientemente legítimas para representar públicamente al país. Reducir la política cultural a criterios estrictamente contables puede resultar fiscalmente ordenado en el corto plazo, pero estratégicamente miope en sociedades donde la economía contemporánea depende crecientemente de atención, circulación simbólica y producción reputacional. La cultura no reemplaza crecimiento económico.

Pero tampoco constituye un lujo decorativo que pueda evaluarse exclusivamente mediante lógica presupuestaria anual.

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