La carga de siempre
La clase media es, en la práctica, la clase trabajadora. Y hoy, nuevamente, será la que pague los costos de una crisis que no provocó. El alza de los combustibles, impulsada por factores externos, golpea con especial fuerza al transporte interurbano, del cual dependen miles de personas para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos.
En Chile, este sistema opera casi completamente bajo lógica de mercado, sin mecanismos efectivos que protejan a los usuarios frente a shocks como el actual. Desde una mirada liberal igualitaria, esto es problemático, ya que, la libertad económica sólo es legítima si no termina restringiendo oportunidades básicas como la movilidad. Resulta llamativo que liderazgos como José Antonio Kast defienden el libre mercado sin hacerse cargo de sus efectos concretos en la vida de las personas.
Y al mismo tiempo el ministro Jorge Quiroz, reconoce las restricciones fiscales, pero responde con medidas parciales que dejan fuera al transporte interurbano. Se asume el problema, pero no se aborda estructuralmente, la libertad no puede ser indiferente ante la vulnerabilidad Un enfoque serio exigiría avanzar en mecanismos de estabilización y apoyo que, sin comprometer la sostenibilidad fiscal, eviten que todo el ajuste recaiga en la clase trabajadora. Porque cuando sube el combustible, no solo sube el precio, sube el costo de vivir y se reducen las oportunidades.
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