La autoridad no se juega únicamente en la sala de clases
En esos escenarios, ninguna atribución individual del docente es suficiente. Por eso, junto con discutir si los profesores tienen o no más facultades, debemos preguntarnos si como sociedad estamos dispuestos a sostener dicha autoridad. Porque ejercerla requiere coherencia social, respaldo institucional y responsabilidad compartida.
Avanzar en fortalecer el rol docente es indispensable. Pero si ese esfuerzo no va acompañado de un entorno que respalde y valide esa acción, el riesgo es dar al profesor una responsabilidad que no puede sostener por sí solo. La autoridad en la sala de clases no es un acto individual.
Es una construcción social colectiva. Y en eso, estamos todos involucrados.
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