Juan “Chino” Contreras: una vida marcada por el deporte, el esfuerzo y el comercio en Iquique
Desde la pampa salitrera hasta convertirse en un personaje emblemático de la ciudad, su historia refleja sacrificio, pasión deportiva y una inquebrantable vocación por salir adelante. “Quien no conoce al Chino no conoce Iquique”, reza un popular dicho local que resume la huella imborrable que ha dejado Juan Luis Contreras Gárate en la historia social y deportiva de la ciudad. A sus 75 años, su vida es un testimonio de esfuerzo, resiliencia y amor por su tierra.
Nacido el 5 de agosto de 1951 en la ex Oficina Salitrera Victoria, en plena pampa, Juan Luis creció en un entorno marcado por la austeridad, pero también por la cercanía comunitaria. Hijo de Rina Gárate y Guido Contreras, operario de la Casa de Fuerza, fue el tercero de cinco hermanos y desde pequeño aprendió el valor del trabajo y la perseverancia. En su infancia, las tardes transcurrían entre partidos de fútbol en calles polvorientas y pequeñas iniciativas comerciales, como la venta de golosinas a las afueras del cine de la oficina.
Ese espíritu inquieto lo acompañaría toda su vida. A los 11 años, junto a su familia, emigró a Iquique, como tantos pampinos que debieron dejar atrás su origen. En la ciudad, lejos de amilanarse, comenzó a forjar su propio camino.
Vendía pan de huevo, queques y chocolates en los cines Nacional, Coliseo y Municipal, además de limpiar autos en calle Baquedano, destinando cada peso al sustento familiar. Fue en la Escuela N°4, hoy Plácido Villarroel, donde retomó su vínculo con el deporte. Su talento con el balón no pasó desapercibido, siendo convocado a la selección escolar de Iquique que participó en torneos nacionales.
Desde entonces, el fútbol se transformó en una de sus grandes pasiones. Su trayectoria deportiva incluyó pasos por clubes como Expreso, Libertad, Sportiva Italiana y Rubén Donoso, además de integrar la selección juvenil de Iquique en el campeonato nacional de Arica en 1968. Con los años, continuó ligado al fútbol en ligas amateur y senior, defendiendo diversas camisetas y representando a la ciudad en campeonatos nacionales, donde incluso obtuvo títulos.
Paralelamente, el boxeo también marcó una etapa importante en su vida. En el Liceo Fiscal Nocturno se inició en este deporte, logrando coronarse campeón de los pesos livianos en el primer campeonato estudiantil, siendo además distinguido como el mejor pugilista. Una experiencia que, según relata, le dejó lecciones profundas: caer y levantarse siempre.
Su espíritu emprendedor lo llevó a incursionar en múltiples actividades comerciales. Desde funcionario del Servicio de Impuestos Internos hasta dueño de un salón de palitroque, espacio que se transformó en punto de encuentro para los iquiqueños. Allí organizó incluso un masivo campeonato femenino que reunió a cerca de 400 participantes.
Sin embargo, no todo fue fácil. Un incendio destruyó su negocio, obligándolo a comenzar nuevamente desde cero. Lejos de rendirse, el “Chino” volvió a levantarse, reafirmando su carácter luchador.
Su botillería “El Chino” también se convirtió en un ícono local, no solo por su actividad comercial, sino por anécdotas como el recordado “mural de morosos”, donde exhibía cédulas de clientes que mantenían deudas, generando una singular forma de presión social que terminó siendo parte del folclore urbano. Además, destacó como organizador de eventos deportivos y recreativos, impulsando iniciativas como el campeonato “Buscando Talentos”, apoyando a los cadetes de Deportes Iquique y promoviendo actividades como la “Noche Rosada” y festivales de baile juvenil. Su compromiso con el deporte fue siempre total, incluso a costa de sacrificios personales.
Hoy, junto a su esposa Atala Rojas, sus hijos, nietos y bisnietos, continúa activo en el rubro gastronómico con sus locales “Hijos de la Pampa” y “Porki’s”, además de otros emprendimientos familiares en la Rotonda Comercial Los Molles. La historia de Juan “Chino” Contreras es, en esencia, la historia de Iquique: esfuerzo, identidad pampina, amor por el deporte y una permanente capacidad de reinventarse. “Satisfecho con lo que he hecho, con lo que he podido aportar al prójimo”, afirma con humildad, dejando claro que su legado no está en los reconocimientos, sino en el cariño de la gente y en la vida que supo construir con trabajo y perseverancia.
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