Jaime Campos: “Yo no he cambiado absolutamente nada y espero morirme siendo radical”
“¿Quieren un café o agüita? ”, pregunta amablemente una señora momentos antes de la entrevista con el ministro de Agricultura, Jaime Campos, el jueves en la mañana, en la sala de reuniones de su gabinete. Ella es Rosa Liberona, funcionaria de planta, quien cuenta, con un tono de orgullo, que trabajó con “don Jaime” en el gobierno de Ricardo Lagos y con los distintos ministros que han pasado por esta cartera en los gobiernos siguientes.
A las 9. 30 en punto, Campos entra por una puerta que da a su despacho, elegantemente vestido con un traje azul marino. El 20 de enero, el anuncio de su incorporación al gabinete del Presidente José Antonio Kast fue una de las principales sorpresas de esa tarde en la ceremonia que se realizó en la OPE.
Histórico militante radical, masón y ministro de Lagos y Michelle Bachelet, había decidido integrar un gobierno que está a la derecha de los dos que encabezó Sebastián Piñera. “Es un orgullo, porque se ha convocado un gobierno de unidad nacional y detrás de ellos tenemos que estar todos los chilenos, independientemente del partido político”, dijo en esa oportunidad. Con su estilo directo y, a ratos, campechano, el secretario de Estado afirma que su regreso a Agricultura ha sido “como volver a reencontrarse con un viejo amor”.
Y recuerda que Nicolás Eyzaguirre (entonces ministro de Hacienda) y él fueron los únicos sobrevivientes que acompañaron al mandatario durante los seis años de su mandato, entre 2000 y 2006. Campos no ha perdido el contacto con Lagos. Es más, revela que después de su nominación se han reunido dos veces.
“Él me felicitó, pero esas conversaciones las mantengo en reserva. Ya tú sabes que él está retirado de la vida pública desde 2024, de manera que no es bueno involucrarlo en la chimuchina o en la discusión pequeña”, relata. Aunque muchos exconcertacionistas calificaron -en privado- como una traición la entrada del radical al gobierno republicano, él asegura que no recibió “un rechazo elocuente”.
“Algunos me felicitaron y preguntaron las razones por las que había tomado la decisión. Muchos las entendieron, otros se quedaron callados, y también hubo algunas reacciones destempladas. Si tú me apuras, te cuento que sobre mi escritorio tengo un alto de currículums -abre sus manos para mostrar la magnitud- de amigos de la Concertación que me manifiestan su interés en trabajar o colaborar no sólo conmigo, sino que en el gobierno del Presidente Kast”, cuenta.
De pensamiento rápido, el abogado de la U. de Concepción, nacido y criado en Constitución se toma su tiempo para explicar cómo un histórico político radical que luchó contra la dictadura, hoy es parte de un gobierno, cuyo Mandatario apoyó la continuidad del general Augusto Pinochet. “Conocí a José Antonio Kast a través de amigos después del término del segundo proceso constituyente.
Me pareció una persona interesante y muy esporádicamente mantuve tres o cuatro conversaciones con él antes de que oficializara su candidatura", relata. El ministro hace una pausa para aclarar que en la elección entre Kast-Boric en 2021 no votó por el republicano y anuló su voto, a diferencia de lo que ocurrió en la presidencial del año pasado, en la que en ambas vueltas votó por él. Y continúa: “El Kast que empecé a conocer hace dos años no tenía nada que ver, o tenía muy poco que ver, con una imagen, si tú quieres, caricaturesca y tergiversada que me había formado de él.
Lo que era una opinión falsa y prejuiciosa de mi parte. Me encontré con una persona muy dialogante y abierta a visiones de la vida diferentes de las que posiblemente proviene. Muy consciente de que Chile es una sociedad muy plural, en la que por distintos factores existen elementos y consideraciones que nos dividen y que hoy era necesario hacer un esfuerzo de unidad”.
El exdiputado por el Maule cuenta que después de la segunda vuelta del pasado 14 de diciembre partió -junto a su esposa, Yazmín Abad- a visitar a su hija Sofía en Barcelona. Días después de llegar recibió el llamado del actual gobernante, preguntándole si estaba dispuesto a ser su ministro de Agricultura. -Me sorprendió mucho, fue un hecho inesperado que yo jamás imaginé que podía ocurrir.
Desde 2018 yo estaba absolutamente fuera de la actividad política y pública oficial, dedicado a mis cosas personales y a mi profesión de abogado, pero acepté el desafío. ¿Qué lo sedujo? No era una decisión fácil.
Estoy convencido de que nuestro país hoy pasa por una situación muy, pero muy crítica en el ámbito de la seguridad ciudadana y en la esfera del desarrollo y el crecimiento económico. Y que para enfrentar estos temas, y así lo cree el presidente, es necesario hacer un esfuerzo nacional que trate de aglutinar a la mayor cantidad de chilenos y chilenas posible. La mayoría de las soluciones o respuestas son más técnicas que ideológicas y absolutamente pragmáticas.
Ya, pero usted es un hombre de izquierda, de pensamiento liberal y dirigente de la Concertación; Kast, en cambio, proviene del gremialismo, fue diputado de la UDI, fundó el Partido Republicano, es católico y conservador. Efectivamente, pero para promover el crecimiento económico del país y combatir la inseguridad ¿importa que tú seas creyente o que yo sea agnóstico? No.
Ahora, desde un punto de vista ideológico y valórico, a mis 73 años, pienso exactamente lo mismo que he creído por lo menos durante 60 o 65 años de mi vida. ¿Se define como un político de izquierda, centro o derecha? Me defino como un radical cromosómico -ingresé al partido a los 14 años y soy la cuarta generación de radicales en mi familia- y un socialdemócrata, en el viejo lema del Partido Radical que hablaba de socialismo, laicismo y democracia.
Por eso, me duele en el alma y me afecta ver a mi partido en estado de disolución. Desde un punto de vista formativo, soy un hombre de región, como digo yo, la típica expresión de la clase media chilena provinciana, formada en colegios públicos y en universidades estatales, es decir, hijo de la educación pública. En materia valórica o filosófica, todo el mundo sabe que soy miembro de la masonería desde hace más de 50 años.
-Yo no he cambiado absolutamente nada y espero morirme siendo radical, como lo he sido toda la vida, independientemente de que mi partido exista o no exista. Tras su designación también se recordó que en 2018 el entonces diputado Kast presentó una querella en su contra por presunto cohecho, tras la designación del exfiscal del caso Caval Luis Toledo como notario de San Fernando. Es un episodio que lo tenía absolutamente olvidado y nunca lo he conversado con el Presidente.
Lo que recuerdo es que se designó a una persona y posteriormente tuve que nombrar a otra que me indicó La Moneda. El fiscal me tomó declaración, le dije todo lo que sabía y la causa fue sobreseída... Son episodios anecdóticos que son parte de la política chilena.
A fines del año 52, los entonces senadores Raúl Rettig y Salvador Allende se batieron a duelo con pistola. Años más tarde, Rettig fue embajador de Allende en Brasil. Campos llegó a Santiago de vuelta de España el mismo día de la presentación del gabinete, el 20 de enero.
Su presencia en la foto oficial, junto a su par de Energía, Ximena Rincón, fue el aval para que Kast pudiese hablar -en su discurso- de un “gabinete de unidad” para Chile. Como era de suponer, su designación indignó a su partido, que anunció un proceso de expulsión. Pero esa misma calurosa noche de verano, en las afueras de “La Moneda chica”, el profesor de Derecho Penal mostró los dientes.
“No sé si un partido en extinción tenga las facultades legales para hacerlo”, respondió. Y quizás justificando su polémica decisión -para sus enemigos una vuelta de chaqueta- criticó duramente al gobierno saliente. “El gobierno de Boric ha sido el más malo desde la recuperación de la democracia”, afirmó.
Hoy, ya instalado en el edificio de Teatinos 40, frente a La Moneda, reafirma sus dichos. “En estos días que llevo en el gobierno he visto que la crisis fiscal tiene una dimensión muy superior a lo que imaginaba. Literalmente, no hay plata.
(Campos sube el tono de su voz) Perdóname, pero si dejaron las arcas vacías y el nivel de endeudamiento externo sobrepasa los 130 mil millones de dólares”. ¿En qué momento se produce su desencanto con el actual llamado Socialismo Democrático? Yo fui parte activa del proyecto político que se llamó la Concertación de Partidos por la Democracia.
No te voy a latear con cifras, pero esos son los 20 mejores años de la historia de Chile. Sin embargo, posteriormente algo ocurrió dentro de esta coalición. Empezó la discusión entre autocomplacientes y autoflagelantes; en Bachelet 2 se crea la Nueva Mayoría, se incorpora al PC y se establece una relación extraña con aquella generación de jóvenes frenteamplistas.
Los partidos de la Concertación, incluido el mío, se transformaron en vagones de cola de los comunistas y del Frente Amplio, y naturalmente con eso nunca estuve de acuerdo y jamás apoyé sus iniciativas. ¿El haberse opuesto al cierre de Punta Peuco al término de la gestión de Bachelet, contraviniendo una instrucción presidencial, fue un punto de quiebre para usted con el mundo de la izquierda? No.
Yo me negué a firmar el decreto que, supuestamente -mira la palabra que utilizo, que supuestamente- cerraba Punta Peuco, única y exclusivamente por razones legales y constitucionales, puesto que estimé que no podía exponer a la presidenta a una eventual acusación constitucional, como también a mí. No hubo un juicio de valor de fondo mío sobre el contenido de la idea. Kast entró pisando fuerte esta semana y retiró un conjunto de proyectos presentados por el gobierno anterior en materia social, laboral y ambiental.
¿Es pragmático entrar de inmediato en disputa con la oposición? Todo lo que el gobierno está haciendo en estos primeros días, y las iniciativas legislativas a las que tú haces referencia, está dirigido a tratar de enfrentar esta crisis. Lo he conversado con muchos amigos, sólo en la medida en que a este gobierno le vaya razonablemente bien, la socialdemocracia y el socialcristianismo pueden tener una posibilidad de desarrollo político.
Porque si continuamos en la tendencia actual de polarización entre los extremos, irremediablemente van a desaparecer o van a quedar reducidos a la más mínima expresión. ¿Está de acuerdo con indultar a exuniformados condenados por su actuar en el estallido social? Te voy a dar mi opinión como ciudadano.
El Presidente tiene la facultad de indultar. No por cualquier causa. Será por razones humanitarias, políticas o sociales.
Pero a mí nunca me ha gustado la institución del indulto, puesto que considero que altera el principio de la separación de los poderes públicos y afecta la autonomía e independencia del Poder Judicial. En su regreso a Agricultura, Campos cuenta que fue recibido con mucho cariño. “Me he reencontrado con funcionarios y dirigentes del sector agrícola que estaban en mi tiempo, pero no son muchos, la mayoría ya está retirado.
Percibí inmediatamente en todos el mismo espíritu, ánimo y voluntad de trabajar por el desarrollo del sector que en mi anterior gestión, y eso naturalmente que te motiva”. Entre sus principales desafíos están mejorar las condiciones de seguridad en el mundo rural, destrabar proyectos estancados por la llamada permisología y promover la modernización del riego. Pero tiene un par de ambiciosos desafíos que aquí revela: “Espero y confío que conjuntamente con el Parlamento seamos capaces de dictar una nueva ley de fomento forestal, y revisar, y en muchos casos actualizar, nuestra política exterior -acuerdos y tratados de libre comercio- en materia agrícola”.
Por de pronto, retiró un proyecto de ley de reforma del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) que el gobierno de Boric ingresó días antes del 11 de marzo, cuenta. Respecto del polémico tema de las “parcelaciones” en zonas rurales, asegura que hará todo lo que implique la preservación del suelo chileno para actividad agrícola. “Dicho al revés, el ministro de Agricultura no es el ministro de las inmobiliarias chilenas”, advierte.
El nombramiento de las nuevas autoridades de la Conaf generó ruido esta semana. Estas son discusiones que se dan toda la vida cada vez que se asignan nuevas autoridades. Aquí nadie es monedita de oro.
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