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Inflamación digestiva en mujeres: estrés y salud mental desplazan a la dieta como factores clave
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00:45 · Chile

Inflamación digestiva en mujeres: estrés y salud mental desplazan a la dieta como factores clave

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La inflamación digestiva en mujeres no siempre se explica por la alimentación. Hoy, la evidencia científica apunta a que factores como el estrés crónico, la carga mental y los estados emocionales sostenidos cumplen un rol determinante en la aparición de síntomas como distensión abdominal, dolor y alteraciones del tránsito intestinal, incluso cuando no existe una enfermedad orgánica evidente. Este fenómeno se comprende a través del eje intestino–cerebro, una conexión bidireccional ampliamente estudiada en la que el sistema nervioso y el digestivo se influyen mutuamente.

En contextos de alta exigencia, falta de descanso y presión constante, el intestino puede entrar en un estado de “alerta permanente”: se altera su motilidad, aumenta la permeabilidad intestinal, se modifican las bacterias que lo habitan y se activa una inflamación de bajo grado que puede prolongar los síntomas en el tiempo. Más allá de la dieta La distensión abdominal no depende únicamente de lo que se come, sino de cómo responde el intestino. En muchas personas existen condiciones como hipersensibilidad visceral, alteraciones en la fermentación o disbiosis, donde incluso alimentos considerados saludables pueden generar molestias.

A esto se suman variables como el estrés, el ciclo hormonal y el ritmo de vida, que pueden influir tanto o más que la dieta en la aparición de estos síntomas. “El estrés crónico y la carga mental activan señales neuroendocrinas que alteran la sensibilidad intestinal y pueden afectar la permeabilidad intestinal, favoreciendo el paso de metabolitos y citoquinas inflamatorias a la circulación sistémica. En las mujeres, este mecanismo es más sensible debido a la interacción entre hormonas sexuales y microbiota intestinal; las fluctuaciones hormonales modulan la composición de la microbiota y la respuesta al estrés”, explica la doctora Carolina Pavez, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica (UC).

Las hormonas sexuales tienen un impacto directo en la digestión. Influyen en la motilidad intestinal, la sensibilidad al dolor y la respuesta inflamatoria. Por eso, durante el ciclo menstrual —especialmente en la fase premenstrual y menstrual— es frecuente observar mayor distensión, dolor abdominal y cambios en el tránsito intestinal.

A lo largo de la vida, factores como el uso de anticonceptivos o la menopausia también pueden modificar la microbiota y la percepción de los síntomas. Un fenómeno en aumento En los últimos años, se ha observado un incremento sostenido de consultas de mujeres jóvenes por síntomas digestivos persistentes. Este aumento se vincula a altos niveles de estrés académico y laboral, rutinas marcadas por la multitarea, alteraciones del sueño y cambios en los hábitos alimentarios, con mayor consumo de productos ultraprocesados.

A esto se suma una mayor conciencia corporal y avances en el diagnóstico de trastornos digestivos funcionales, lo que ha permitido visibilizar condiciones que durante años fueron subestimadas. “El aumento de síntomas digestivos en mujeres jóvenes se asocia a factores propios de la vida actual, como el estrés desde edades tempranas, el sedentarismo y el aumento de la obesidad, los cuales alteran la microbiota intestinal de forma precoz. A esto se suma una dieta moderna baja en fibra, que reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta como el butirato, fundamentales para mantener la integridad de la barrera intestinal y el equilibrio del eje intestino-cerebro”, agrega Pavez.

Durante mucho tiempo, los síntomas digestivos en mujeres tendieron a minimizarse. Hoy el consenso es claro: no es normal convivir con dolor o distensión de manera frecuente. Se recomienda consultar cuando estos síntomas son persistentes, afectan la calidad de vida o se acompañan de signos de alerta como baja de peso, anemia, sangrado, dolor nocturno o cambios recientes en el tránsito intestinal.

Tratamientos con enfoque integral El abordaje actual es integral y personalizado. Incluye educación sobre el eje intestino–cerebro, ajustes alimentarios guiados —priorizando la reducción de ultraprocesados sin caer en restricciones excesivas—, estrategias de manejo del estrés, tratamiento de la causa de base y, cuando corresponde, el uso de fármacos que ayudan a modular la sensibilidad intestinal. Bajo este contexto, la experta explica que el enfoque multidisciplinario (digestivo, nutricional y salud mental) permite un manejo integral de las pacientes, abordando de manera simultánea los distintos mecanismos involucrados en los síntomas digestivos.

“Este modelo ha demostrado mejorar la adherencia al tratamiento, reducir la medicalización innecesaria y favorecer una mejor evolución clínica. Además, contribuye a que los pacientes se sientan validadas en sus síntomas físicos y emocionales, lo que constituye un elemento terapéutico fundamental para la recuperación y regulación del eje intestino-cerebro”, concluye. Relación con otras patologías La inflamación digestiva también puede vincularse a otras condiciones frecuentes en mujeres.

En la endometriosis, por ejemplo, es común observar síntomas digestivos asociados a procesos inflamatorios y fenómenos de sensibilización cruzada. Algo similar ocurre en enfermedades autoinmunes y en el síndrome de ovario poliquístico, donde se describen alteraciones de la microbiota y respuestas inflamatorias que impactan el funcionamiento intestinal. Por ello, una mirada interdisciplinaria resulta clave para un diagnóstico y tratamiento adecuados.

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