Hot dog chileno gana protagonismo y suma nuevas versiones sin soltar al clásico italiano
En Chile, el hot dog es mucho más que una comida rápida: es parte del día a día. Presente en almuerzos al paso, antojos de media tarde o salidas informales, ha logrado mantenerse vigente a lo largo del tiempo, cruzando generaciones y adaptándose a distintos momentos de consumo. Esa cercanía no es casual.
Desde su llegada a mediados del siglo XX, esta preparación de origen estadounidense fue tomando identidad propia en el país. La incorporación de palta, tomate y mayonesa marcó un antes y un después, dando paso al italiano, una versión que hoy no solo lidera las preferencias, sino que también se instaló como un ícono de la cultura gastronómica chilena. Los datos lo respaldan.
Según la Asociación de Investigadores de Mercado y Opinión Pública de Chile (AIM), casi un 30% de las personas lo consume varias veces al mes y cerca de un 20% al menos una vez por semana. Además, el 75,1% declara que su favorito sigue siendo el italiano, reafirmando el peso de esta preparación en la categoría. "Es un producto transversal, accesible y muy ligado a los sabores que gustan en Chile, como la palta y la mayonesa", explica Rosario Castro, jefa de Marketing de Doggis.
"Y cuando está bien preparado y con ingredientes frescos, se nota: es más rico y se disfruta mucho más", agrega. Sobre esa base tradicional, la categoría ha ido evolucionando de forma natural. Sin dejar de lado al italiano, han ido ganando espacio nuevas combinaciones que apuntan a sabores más intensos y a salir un poco de lo de siempre.
En ese contexto, una de las apuestas ha sido "nuestro hot dog Americano, que incorpora ingredientes como tocino, salsa barbacue y aros de cebolla, ampliando la oferta con opciones más contundentes", comenta Castro.
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