Hospitales que cuidan… pero no pueden reemplazar a la sociedad
Recientemente se ha señalado que en Chile, cerca de mil personas permanecen en hospitales pese a tener alta médica. No están ahí por una enfermedad activa, sino por una razón más silenciosa y compleja: no tienen a dónde ir. Son, en su mayoría, personas mayores que requieren cuidados básicos, redes de apoyo o condiciones mínimas de habitabilidad que hoy no están disponibles.
Este fenómeno, conocido como “pacientes sociosanitarios”, revela una tensión profunda. Los hospitales —diseñados para resolver problemas de salud agudos— terminan asumiendo funciones de cuidado social que no les corresponden. El resultado es doblemente problemático: se limita el acceso a camas para quienes las necesitan clínicamente y se expone a estas personas a un entorno que no es el más adecuado para su bienestar.
Pero reducir este problema al ámbito sanitario sería un error. Lo que estamos viendo es el reflejo de una sociedad que ha envejecido aceleradamente sin desarrollar, al mismo ritmo, políticas robustas de cuidado. También evidencia una fragmentación persistente: los distintos sectores del Estado —salud, desarrollo social, vivienda— no logran articular respuestas oportunas, integradas y sostenibles.
La salud y el bienestar no son responsabilidad de un solo ministerio. Son el resultado de decisiones —o de omisiones— colectivas. Cuando una persona permanece en un hospital por abandono o falta de redes, no es solo una falla del sistema de salud: es una señal de debilidad en nuestra capacidad de actuar intersectorialmente y, más aún, de cómo entendemos el cuidado como sociedad.
Este desafío exige mucho más que diagnósticos. Requiere avanzar hacia sistemas de cuidados bien financiados, fortalecer la coordinación entre instituciones públicas y privadas, y reconocer que el envejecimiento no es una crisis, sino una realidad que debe ser gestionada con dignidad y anticipación. No podemos normalizar que un hospital reemplace al hogar.
Este es un llamado urgente a actuar: a construir, entre todos, una red de cuidados que esté a la altura de lo que significa envejecer en una sociedad que se quiere justa y solidaria.
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