“Hay 30 jugadores que deben rendir cuando les toque jugar”
Ñublense volvió a mostrar señales claras de crecimiento. En una cancha exigente y tras días de trajín, el equipo dirigido por Juan José Ribera sacó adelante el reciente partido ante Universidad Católica, esta vez por la Copa de la Liga, que, más allá del resultado -venció 1-0- dejó pistas sobre la identidad que busca consolidar el técnico: intensidad, competencia interna y un equilibrio cada vez más visible entre ataque y defensa. “Hay que estar siempre a tope”, lanzó Ribera tras el pitazo final, en una frase que resume el espíritu de su escuadra.
Y sus jugadores lo entendieron así. Porque si bien el marcador pudo ser más amplio, las ocasiones estuvieron: Ábalos tuvo la suya en la línea, Campos y Diego estrellaron remates en los postes, y hubo aproximaciones que insinuaron un dominio que por momentos no se tradujo en cifras. Pero el partido no fue solo ataque.
También hubo resistencia. Ñublense supo replegarse cuando el rival apretó, ordenarse en los momentos más incómodos y “pasar el chaparrón”, como describió el propio entrenador. Una faceta que, según él, ha mostrado avances respecto de encuentros anteriores, donde esos lapsos terminaban costando caro.
El triunfo, además, tuvo un sabor especial. En el camarín estaba fresca la espina de la derrota reciente ante el mismo rival por el torneo nacional. Esta vez, el equipo respondió.
“Los jugadores son competitivos y viven de esas sensaciones”, reconoció Ribera, dejando entrever que la motivación iba más allá de los puntos en juego. Moviendo las piezas En medio de la exigente seguidilla de partidos —con viajes incluidos y poco margen de recuperación— el técnico optó por mover piezas. Y la respuesta fue positiva.
Jugadores que no venían sumando minutos dijeron presente, confirmando una idea que el DT repite: más que un once, hay un plantel. “Somos 25 o 30 jugadores que deben rendir cuando les toque”, enfatizó. En ese escenario, los jóvenes siguen ganando terreno.
Nombres como Ábalos y Molina no solo suman minutos, sino también goles y protagonismo. Ribera no regala espacios, pero sí abre la puerta a quienes responden con rendimiento, alimentando una competencia que —cree— sostiene los procesos largos. Eso sí, no todo es perfecto.
El propio entrenador reconoce que el equipo, en ventaja, tiende a retroceder más de la cuenta. Es parte de la dinámica, explica, aunque también un aspecto a corregir. La idea, insiste, es sostener el control lo más lejos posible del arco propio.
Con el próximo desafío a la vista, Ñublense se prepara para administrar energías y mantener la intensidad. Porque si algo dejó este partido, es que el equipo no solo compite: empieza a convencerse. Y en ese proceso, cada triunfo vale más que tres puntos.
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