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Habitar la montaña: una conversación a 20 años de historia
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18:47 · Chile

Habitar la montaña: una conversación a 20 años de historia

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Por: Valeria Gallardo Hay cosas que una no siempre explica cuando escribe de turismo, se dan por hechas, como si hablar de destinos, rutas o vinos bastara para entender desde dónde nace todo eso, pero en mi caso, hay una historia previa. Fui scout desde muy chica, y aunque en ese momento no lo pensaba tanto, hoy tengo claro que marcó mi forma de mirar el mundo. El respeto por la naturaleza, el gusto por la aventura, la capacidad de adaptarse, pero sobre todo el compañerismo.

Esa idea de que nadie recorre solo, de que siempre hay un otro al lado. Con el tiempo, todo eso se cruzó de manera natural con el turismo. Porque el turismo, más allá de lo que solemos decir, no es solo salir de vacaciones.

Tiene que ver con cómo usamos nuestro tiempo de ocio y cómo ese uso impacta directamente en nuestra calidad de vida. Ahí es donde cobra sentido, en cómo elegimos desconectarnos, movernos y volver a mirar. Desde ese lugar escribo, y también desde este territorio.

O’Higgins, a solo una hora de Santiago, es una región que a veces damos por sentada, pero que tiene algo profundamente único. En un mismo día puedes transitar de cordillera a mar. La presencia de los Andes, tan constante que a ratos se nos olvida como el sonido del mar cuando vives cerca, está ahí, imponente, disponible, recordándonos que la naturaleza no es un paisaje, es una experiencia.

En ese contexto, esta vez quise detenerme a conversar. Ivonne Aran Tapia es la hermana de una gran amiga y hoy asume la presidencia de Latitud 34°, una agrupación que este año cumple 20 años de historia promoviendo la vida al aire libre en la región. Más que una entrevista formal, lo que se dio fue una conversación sobre montaña, comunidad y formas de habitar el territorio.

Asume el desafío con responsabilidad, pero también con entusiasmo. Me cuenta que Latitud 34° es mucho más que un club, que es una comunidad con historia, con vínculos reales, con un sentido profundo de pertenencia. Dos décadas que no solo hablan de trayectorias, sino de personas que han construido una forma de vivir la montaña.

Cuando le pregunto qué define hoy a la agrupación, no habla primero de rutas ni de cumbres. Habla de comunidad, del compañerismo, de la preocupación por la seguridad y del respeto por el entorno. De una trayectoria que se sostiene, pero que también se adapta a los cambios.

En un escenario donde muchas veces la montaña se percibe como exigente o lejana, Ivone lo baja a tierra. No hay edad ni experiencia mínima para participar. Lo importante es tener ganas, una condición de salud compatible y la disposición a aprender.

El trekking no es una competencia, es una experiencia, y siempre hay un ritmo para cada persona. Para quienes quieren comenzar, recomienda partir por lugares cercanos y accesibles. Y aquí la cito tal cual: “Para alguien que recién comienza, recomendaría un lugar como la Reserva Nacional Río de los Cipreses.

Tiene senderos accesibles, bien señalizados y un entorno natural que permite una primera experiencia segura, pero igualmente hermosa. Es ideal para conectarse con la naturaleza sin enfrentar grandes exigencias técnicas. Otro lugar recomendable es el Cerrito Chancón en Rancagua, de fácil acceso y bellas vistas de la ciudad”.

Cuando la conversación avanza hacia esos lugares que marcan, aparece uno que resume muy bien el carácter de la región: “Un lugar imperdible en la región es el sector de Termas del Flaco y sus alrededores. No solo por sus paisajes imponentes, sino por la combinación de montaña, historia y biodiversidad. Es un destino que realmente marca a quienes lo visitan”.

Y cuando le pido ese dato menos evidente, ese que uno agradece cuando alguien lo comparte, surge una recomendación que abre nuevas rutas: “Un lugar que está siendo conocido de a poco y es muy especial, es el Cajón del Río Las Leñas. Existen algunas rutas de senderismo un poco más desafiantes como Alto de Los Bueyes y otras de fácil acceso como el camino a la Laguna del Yeso, que resulta muy interesante en invierno en caminata con raquetas de nieve. Son espacios donde todavía se puede disfrutar de una conexión más íntima con la naturaleza, lejos de las multitudes”.

También hay una mirada clara sobre los desafíos. El aumento del interés por las actividades outdoor es positivo, pero también implica mayor presión sobre los ecosistemas. La basura en los senderos, la falta de conciencia, la necesidad de formación y de cuidado.

Hoy no se trata solo de salir, sino de cómo salimos. En ese camino, el liderazgo femenino aporta nuevas formas de mirar. Más colaboración, más cuidado, más inclusión.

No como una etiqueta, sino como una manera concreta de construir comunidad. Antes de cerrar, le pido una invitación simple para quienes aún dudan: me dice que no esperen a sentirse listos. Que muchas veces el mayor obstáculo es el miedo.

Que atreverse a dar el primer paso puede abrir una conexión profunda con la naturaleza, pero también con uno mismo. Porque no se trata solo de lugares, se trata de cómo decidimos habitarlos.

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