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Crónica | La zanja fronteriza: una obra que cruza gobiernos En los últimos días, el anuncio del Gobierno del presidente José Antonio Kast sobre la construcción de zanjas en la frontera norte para reforzar el control migratorio ha generado un intenso debate político y social en el país. La medida busca impedir el paso de vehículos y dificultar el ingreso irregular por sectores no habilitados de la frontera con Perú y Bolivia. Sin embargo, más allá de la discusión contingente, la idea de utilizar zanjas como medida de control fronterizo no es completamente nueva en Chile.
De hecho, esta estrategia comenzó a implementarse años antes, durante el segundo mandato de la presidenta Michelle Bachelet. En esa etapa, el Estado chileno impulsó la construcción de zanjas y otras obras de infraestructura en sectores del norte grande, especialmente en la Región de Arica y Parinacota, con el objetivo de frenar el contrabando de vehículos robados hacia Bolivia y limitar el tránsito irregular por pasos no habilitados. Estas zanjas, excavadas en zonas estratégicas del desierto, buscaban impedir el paso de automóviles y camiones que cruzaban ilegalmente la frontera.
Con el paso de los años, el fenómeno migratorio irregular aumentó en el norte del país, especialmente en zonas como Colchane, lo que llevó a distintos gobiernos a reforzar las medidas de control territorial. En ese contexto, la actual administración decidió ampliar y reforzar este tipo de infraestructura, retomando y extendiendo la construcción de zanjas como parte de su estrategia de seguridad fronteriza. Desde el Gobierno se ha señalado que las nuevas obras permitirán fortalecer la vigilancia en sectores críticos y complementar el trabajo de las Fuerzas Armadas y de Carabineros desplegados en la macrozona norte.
No obstante, la medida ha generado críticas desde algunos sectores políticos y organizaciones sociales, que advierten sobre sus eventuales impactos humanitarios y cuestionan su efectividad frente a las complejas dinámicas migratorias. Así, la discusión sobre las zanjas fronterizas vuelve a instalarse en la agenda nacional, evidenciando cómo ciertas políticas públicas —especialmente en materia de seguridad y migración— suelen trascender a los gobiernos de turno y evolucionar con el tiempo según las nuevas realidades del país. Hoy, la zanja vuelve a abrir debate, pero también recuerda que muchas decisiones en materia de control territorial tienen una historia que comenzó años antes de la actual coyuntura política.
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