Gobierno: cada día puede ser peor (¿viene un cambio de gabinete prematuro?)
Ya a estas alturas pareciera que las chambonadas diarias del Gobierno son intencionales. Es más, en algunos círculos políticos se llegó a levantar la hipótesis de que esto podría ser una estrategia para desviar la atención, usando para ello enredos y torpezas de ministros, peleas internas y una vocería que se ve irreversible. “Con eso, La Moneda ha podido retirar sin dificultades la ley de negociación ramal, el proyecto de pesca –que reemplazaría a la Ley Longueira–, sacar de la CGR más de 90 decretos y, por supuesto, llevar adelante la ley miscelánea”, me dijo con cierta satisfacción, hace unas tres semanas, un dirigente de Chile Vamos.
Reconozco que al comienzo me hizo dudar, especialmente al observar los lapsus y actos fallidos de Mara. Sin duda sería una estrategia maquiavélica de la vieja escuela, claro que siempre que hubiera tenido resultados concretos. Lo cierto es que el Gobierno logró el récord de superar a todos sus antecesores en la rápida caída en las encuestas –57% de desaprobación en Cadem– y un creciente malestar en la ciudadanía, que se expresó con fuerza a partir del alza de la bencina, traspasado casi en su totalidad a los usuarios.
Además del impacto en el bolsillo de todos los chilenos, la forma en que se comunicó y la actitud displicente del ministro Quiroz dejaron al descubierto a un Gobierno frío y poco empático. El encargado de la Hacienda pública cada vez es más percibido como una especie de gerente de una empresa en reestructuración, que un ministro de Estado. De ahí en adelante, los errores, chambonadas y desinteligencias pasaron a ser parte de la rutina.
Atrás quedó el casi 58% obtenido por el presidente y el optimismo delirante de los chilenos producto de las altas expectativas creadas por Kast durante la campaña. En la derecha más extrema, olvidaron que hace más de doce años que los chilenos encontramos todo malo y nos decepcionamos de inmediato con los gobernantes. Nos comportamos más como clientes exigentes que ciudadanos.
Antes lo vivieron Bachelet II, Piñera II y Boric. Al llamado bencinazo siguieron el almuerzo de los compañeros de curso de Kast en La Moneda -que chocó mucho con el relato de austeridad y recortes presupuestarios-; las explicaciones distintas de Alvarado y Quiroz de la gratuidad; la ministra de Ciencias confesando que el mejor regalo que pudo recibir en la vida fue haber sido pobre; los puntos de prensa de Sedini; los seremis que renunciaron al poco asumir; las designaciones de parlamentarios no electos como embajadores -ambos argumentos usados por el Presidente contra Boric en el inicio de su periodo-; el affaire de Steiner con la PDI; los solo 40 ilegales expulsados que van hasta ahora -en la campaña se daba a entender que mágicamente saldrían los 370. 000 extranjeros en esa calidad-, hasta llegar a la presentación de la carta de navegación del gobierno, la llamada Ley de Reconstrucción, una semana después de hacer el anuncio y sin que coincidiera con la primera cadena nacional del mandatario.
Con una defensa de dientes y muelas de la rebaja de impuesto a las empresas -declarado como algo “intransable” y lo más importante del proyecto-, La Moneda salió a explicar la iniciativa descartando a la vocera oficial, sin tener un relato claro y alineado entre sus ministros. Basta señalar, que, en todos los sondeos de opinión, la medida tiene un 70% de rechazo. Al poco andar, se dieron cuenta que estaba en riesgo incluso la idea de legislar, viéndose obligados a pactar con el PDG, cuyo líder, Franco Parisi, pasó a convertirse en una especie de salvador del proyecto, pese a que la iniciativa se transformó en un proyecto Frankenstein.
Pero la semana anterior, las cosas comenzaron realmente a complicarse para La Moneda. En Hungría se anunció investigación de organización de ultra derecha que José Antonio Kast presidió; La CUT rechazó la oferta del Gobierno en el salario mínimo; Squella le lanzó un duro dardo al segundo piso; Poduje volvió a perder los estribos, no solo con un senador de oposición, sino también con Paulina Nuñez, quien además de militar en RN, es la presidenta del Senado. El expanelista de “Sin Filtro” -la misma escuela de Sedini- decidió además desvincular del MOP a dos militantes del partido de Nuñez y muy cercanos a su marido, el también RN, Cristian Monckeberg, pese a que los profesionales acababan de ingresar al ministerio.
Por cierto, todo huele a represalia por los dichos de la presidenta del Senado. Y para rematar el show diario que protagonizan los ministros, el mismo Poduje, se rebeló contra Quiroz, rechazando la eliminación del programa de Pavimento Participativo. “Yo tengo un solo jefe -Kast- y el ministro Quiroz es uno más de muchos…”, dijo desafiante, junto con subir un video en RRSS dando por cerrado el tema.
Lo cierto es que, en cualquier Gobierno, esto significaría algo simple: o renunciar al gabinete o que le pidieran la renuncia. Por su parte la CGR primero dejó en evidencia que una parte del famoso almuerzo de los compañeros de curso se realizó con fondos públicos y luego emitió un duro pronunciamiento, en que obliga a la Segegob a adoptar medidas por el torpe uso del concepto de “estado quebrado”, cuyo autor es ni más ni menos que el ideólogo de Kast, Cristián Valenzuela, encargado de comunicaciones del segundo piso y quien tildó de “parásitos” a todos los funcionarios públicos el año pasado. Solo unos días antes, nos enteramos también de que Valenzuela recibió pagos desde el Estado antes de asumir en el gobierno, es decir, cuando estaba en la OPE.
El miércoles pasado, el ministro Alvarado tuvo que asumir un rol protagónico para contener el ímpetu de Quiroz y los errores del segundo piso, quienes filtraron el listado de instituciones y programas estatales que serían dados de baja o sufrirían duros recortes. La idea de retirar la alimentación a casi dos millones de niños que lo reciben vía Junaeb, desató la indignación transversal del mundo político, incluida la excandidata Evelyn Matthei, quien calificó lapidariamente “con esto no se juega”. La semana se condimentaría con la renuncia del seremi n°19, la publicación de La Segunda apuntando al exmarido de Steiner -como socio de la ministra- y supuestas defensas a narcotraficantes y el Presidente Kast confundiendo humedales con humedad y diciendo, megáfono en mano, que no se quitarían beneficios sociales, al mismo tiempo que Quiroz anunciaba un drástico recorte en el Ministerio de Desarrollo Social que afectará al servicio de protección infantil, el Injuv, Conadi, el Servicio Nacional de Discapacidad -el día previo Kast estuvo en la Teletón-.
Además, se filtró que Hacienda había “recomendado” recortar el 15% de la Pensión Garantizada Universal, eliminar el bono de invierno y bajar la asignación familiar. En paralelo, en un punto de prensa, una cada vez más nerviosa y disminuida vocera, repetía no se recortarían beneficios y denunciaba una campaña para “meter miedo” con el tema a los chilenos. Ante este desalineamiento y enredos entre los ministros -que topó techo con Poduje- el Presidente ha tenido que salir en defensa de sus colaboradores, lo que, sin duda, debilita su figura y la del Gobierno.
En la práctica, Kast ha pasado a suplir el déficit comunicacional de la administración actuando como un supra vocero que lo expone en tal forma, que termina personalizando los problemas de todo el gobierno. El colapso de La Moneda en estas ultimas dos semanas debería terminar por convencer al Presidente que un cambio de gabinete es una salida necesaria. El costo de los errores y mala gestión de algunos ministros es mucho mayor que tener que ponerse colorado una vez por hacer un cambio de gabinete prematuro.
A propósito, imaginen lo que significaría para el Gobierno tener al frente una oposición empoderada.
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