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Gobernar no es manejar una empresa: Lincolao queda atrapada entre sociedades omitidas, despidos masivos y crisis en Ciencia
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09:16 · Chile

Gobernar no es manejar una empresa: Lincolao queda atrapada entre sociedades omitidas, despidos masivos y crisis en Ciencia

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Ximena Lincolao llegó al gabinete de José Kast como parte del relato técnico del nuevo gobierno: trayectoria internacional, experiencia en tecnología, éxito empresarial y una promesa implícita de gestión rápida. Pero la realidad le está pasando la cuenta. En pocas semanas, la ministra de Ciencia quedó atrapada en una crisis que mezcla sociedades omitidas, explicaciones a medio camino, protestas estudiantiles, renuncia de su subsecretario y denuncias de despidos masivos dentro de la cartera.

El problema ya dejó de ser un episodio puntual. Lo que ocurre con Lincolao empieza a parecerse a una radiografía del propio gobierno de Kast: mucha épica de eficiencia, mucha promesa de orden, pero una conducción que cuando aterriza en el Estado se enreda con transparencia, trabajadores, instituciones y política pública. En otras palabaras: gobernar no es manejar una empresa.

Un ministerio no es una oficina privada donde se aprietan botones, se aceleran procesos y se pasa la tijera sin costos políticos ni humanos. En el Estado hay reglas, equipos, derechos laborales, continuidad institucional y responsabilidad pública. Y esa diferencia parece estar en el corazón de la crisis en Ciencia.

Crisis en Ciencia: las sociedades omitidas abrieron el primer flanco El primer golpe vino por el lado patrimonial. Fast Check reveló que Lincolao omitió transparentar al menos tres entidades en su Declaración de Intereses y Patrimonio: Innova Nehuén SpA, una empresa familiar; Tech Apprenticeships LLC, una entidad tecnológica constituida en Estados Unidos; y una asociación de propietarios de viviendas en Virginia (EE. UU.

), donde la secretaria de Estado tiene su vivienda principal. La ministra intentó explicar la situación en una conversación telefónica con el medio. Según esa publicación, no desmintió el fondo del reportaje, pero aseguró que Innova Nehuén se habría disuelto después de su ingreso al gobierno.

Ofreció enviar “pantallazos” para respaldar esa versión, pero esos documentos no llegaron (al menos al momento publicar este artículo) y, al cierre de la investigación, no había registros públicos que acreditaran esa disolución. El punto no es que una autoridad tenga patrimonio, empresas o participación en entidades privadas. El punto es que cuando alguien llega al Estado debe transparentar sus intereses de forma completa.

No por buena voluntad, sino porque la ciudadanía tiene derecho a saber si existen eventuales conflictos de interés. La confianza pública no se declama: se acredita. En esa conversación, Lincolao dejó una frase que abrió otro flanco: “Los otros ministros me dijeron que ellos no habían puesto cosas de ese tipo”.

No especificó a quiénes se refería. Pero la frase no ayuda a cerrar la polémica; al contrario, instala una duda mayor sobre el estándar de transparencia del gabinete de Kast. Araos, los despidos y la versión que incomoda a Lincolao La segunda arista explotó con la salida de Rafael Araos de la Subsecretaría de Ciencia.

En un primer momento, pudo parecer una renuncia más dentro del desfile de bajas tempranas del gobierno. Pero el propio exsubsecretario rompió el silencio y confirmó que su salida estuvo marcada por una orden de diseñar y ejecutar un plan de despidos masivos. En mensajes enviados a CHV, Araos sostuvo: “te puedo confirmar por este medio que la orden de diseñar y ejecutar un plan de desvinculaciones masivo es real y hay testigos.

Además, ¿por qué inventaría yo -o terceros- algo tan grotesco? ” La frase golpea directamente la versión de Lincolao. La ministra había negado que existiera una instrucción de ese tipo.

“La historia de que hay una lista de cuarenta personas que se va a desvincular es falsa. No existe esa lista”, aseguró en declaraciones consignadas por Emol. También bajó el perfil a la salida de funcionarios junto al exsubsecretario.

“Tampoco es efectivo que se fue con muchas personas que lo siguieron. Se fue él, la jefa de Gabinete con la que llegó y una abogada que él trajo. En definitiva, se fue con las dos personas con las que llegó”, sostuvo.

Pero Araos no presentó el conflicto como un simple desacuerdo administrativo. Lo describió como una fractura más profunda: “¿Fue la única razón por la que renuncié? No, fue la gota que rebalsó el vaso.

¿Qué vaso? Profundas diferencias de fondo y forma acerca de cómo enfrentar un mismo desafío”. Ahí está el dato político.

Si un subsecretario técnico se va en medio de una disputa por despidos masivos, la crisis deja de ser personal. Pasa a ser una señal de cómo la motosierra del gobierno empieza a abrir grietas dentro del propio aparato estatal. “En EE.

UU. hay otra velocidad”: la frase que explica el problema Lincolao también entregó una clave para leer su conducción. “Yo vengo de un partido distinto.

En EE. UU. hay otra velocidad y con él había diferencias de estilo y trabajo”, señaló.

Luego añadió: “Yo vengo de un mundo en el que, si hay que hacer cambios, es mejor hacerlos rápido”. La cita hay que leerla completa y con cuidado. No se trata de caricaturizar a la ministra por haber desarrollado parte de su carrera fuera de Chile.

El problema es otro: ella misma usa su experiencia en Estados Unidos como explicación de una forma de trabajo. Velocidad, cambios rápidos, estilo ejecutivo. Eso puede sonar atractivo en el mundo empresarial.

Pero en un ministerio, esa lógica tiene límites. Porque las decisiones públicas no afectan una planilla de resultados: afectan trabajadores, políticas de largo plazo, instituciones, universidades, centros de investigación y comunidades científicas. Por eso la frase es tan reveladora.

No porque Lincolao “venga de afuera”, sino porque muestra el choque entre una cultura de gestión rápida y un Estado que exige diálogo, procedimiento, transparencia y responsabilidad política. Lo que en una empresa puede venderse como eficiencia, en el Estado puede terminar como atropello, improvisación o crisis institucional. El antecedente estudiantil y la falta de muñeca política Lincolao ya venía bajo observación desde el incidente en la Universidad Austral, asociado a protestas estudiantiles.

Ese episodio fue importante porque mostró temprano una dificultad para leer espacios sensibles: universidades, ciencia, juventudes movilizadas y comunidades académicas. En una cartera como Ciencia, la legitimidad no se construye solo con currículum ni con discursos de innovación. Se construye con diálogo, respeto por las comunidades y comprensión del ecosistema público que se administra.

Sin eso, la técnica se vuelve fría, vertical y torpe. El relato técnico de Kast empieza a hacer agua La crisis en Ciencia golpea al gobierno justo donde más quería lucirse. Kast vendió la idea de que su gabinete técnico venía a ordenar el país, a gestionar mejor y a reemplazar la política por eficiencia.

Pero el caso Lincolao muestra el reverso de esa promesa: una autoridad con alto perfil técnico puede convertirse rápidamente en un problema político si no entiende las reglas del Estado. Sociedades omitidas, explicaciones incompletas, “pantallazos” que no llegan, renuncia del subsecretario, denuncias de despidos masivos y tensión interna. Todo en una cartera que debería representar futuro, conocimiento y capacidad pública.

Ese es el golpe mayor para La Moneda. Lincolao no se está complicando en cualquier ministerio. Se está complicando en Ciencia, el lugar donde el gobierno pretendía exhibir modernidad, excelencia y gestión profesional.

Pero la modernidad sin transparencia es opacidad; la rapidez sin diálogo es imposición; y la eficiencia sin derechos termina pareciéndose demasiado a recorte. Gobernar no es manejar una empresa. Y el gobierno de Kast parece estar aprendiendo esa lección a punta de crisis.

Porque cuando se confunde currículum con conducción, velocidad con eficacia y empresa con Estado, el resultado no es buena gestión: es desorden político con traje técnico.

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