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Gobernanza, gobernabilidad y futuro: desafíos de la universidad pública en un nuevo ciclo político
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01:04 · Chile

Gobernanza, gobernabilidad y futuro: desafíos de la universidad pública en un nuevo ciclo político

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La educación superior pública en Chile ingresa hoy en una etapa decisiva. El nuevo escenario político que se abre en el país interpela directamente a las universidades estatales respecto de su proyecto institucional, su capacidad de autorregulación y su proyección histórica. No estamos solamente frente a una reconfiguración de posiciones: estamos frente a una discusión más amplia por el sentido de lo público, del conocimiento y de la función social del Estado.

En este contexto, las universidades estatales no pueden limitarse a una posición reactiva. Tampoco pueden refugiarse en inercias heredadas. Deben, por el contrario, consolidar sus marcos de gobernanza, fortalecer su gobernabilidad y proyectar estratégicamente su rol en una sociedad tensionada por la desigualdad, la fragmentación y la incertidumbre.

La Universidad de Santiago de Chile ha avanzado, en los últimos años, en un proceso institucional de enorme relevancia: la implementación del nuevo Estatuto Orgánico consagrado en el DFL 29, que reconoce la triestamentalidad, fortalece los órganos colegiados y establece un equilibrio renovado entre participación y toma de decisiones. La triestamentalidad —académicos y académicas, funcionarios y funcionarias, y estudiantes— no constituye un obstáculo para la gestión. Por el contrario, es una condición de legitimidad, corresponsabilidad y sostenibilidad institucional.

Permite que las decisiones estratégicas se construyan desde una pluralidad de experiencias, saberes y trayectorias, reforzando el sentido de pertenencia y el compromiso colectivo con el proyecto universitario. Sin embargo, es fundamental distinguir entre gobernanza y gobernabilidad. La primera refiere a la arquitectura institucional: normas, órganos, procedimientos, atribuciones y mecanismos de participación.

En ese plano, la USACH ha dado pasos sustantivos. La segunda, en cambio, remite a la capacidad efectiva de conducir la institución, procesar conflictos, sostener acuerdos, implementar políticas y proyectar transformaciones en el tiempo. La gobernabilidad universitaria no se decreta.

Se construye y requiere, al menos, cinco condiciones fundamentales. Primero, liderazgos académicos y administrativos con legitimidad transversal, capaces de articular visiones de largo plazo y no solo administrar contingencias. Liderazgos que comprendan la universidad como una comunidad intelectual y no como una suma de intereses individuales o sectoriales.

Segundo, sistemas de información, planificación y evaluación robustos, que permitan tomar decisiones basadas en evidencia, anticipar escenarios y corregir oportunamente desviaciones. Sin inteligencia institucional, no hay gobernabilidad posible. Tercero, estabilidad financiera y diversificación responsable de fuentes de financiamiento, articuladas con una defensa activa del rol del Estado en el sostenimiento de sus universidades.

La autonomía sin financiamiento suficiente es una forma encubierta de precarización. Cuarto, una cultura organizacional orientada al diálogo informado, al respeto por los procedimientos y a la resolución institucional de los conflictos. La deliberación democrática no puede confundirse con bloqueo permanente ni con parálisis decisional.

Quinto, una política sistemática de desarrollo de capacidades: formación directiva, fortalecimiento de equipos, profesionalización de la gestión y valorización del trabajo académico y administrativo. La defensa de la educación superior pública no se juega únicamente en el debate presupuestario. Se juega, sobre todo, en la capacidad de demostrar que somos instituciones bien gobernadas, bien gestionadas, fundamentales socialmente y orientadas al bien común.

La USACH tiene una responsabilidad histórica particular. Nacida como proyecto de movilidad social, de desarrollo científico-tecnológico y de compromiso con el país, ha sido, a lo largo de su trayectoria, un espacio de democratización del conocimiento y de formación de generaciones comprometidas con el desarrollo nacional. Hoy, ese legado debe proyectarse en clave contemporánea.

En tiempos de incertidumbre, su fortaleza no reside en la nostalgia ni en la resistencia reactiva, sino en su capacidad de reinventarse sin renunciar a sus principios. Ese es el desafío que tenemos por delante. Y es también nuestra responsabilidad con las próximas generaciones.

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