Fósiles revelan el misterio de una especie antártica que sobrevivió a la extinción de los dinosaurios
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH).
Lee también... Virus gigantes y bacteriófagos: identifican más de 2. 400 nuevos genomas virales en la Antártica Lunes 26 Mayo, 2025 | 10:18 “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado.
“Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes.
Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí”, agrega.
Isla Seymour | INACH El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy.
Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos.
En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía.
Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Lee también... La paradoja de los pingüinos que están llevando microplásticos a la Antártica Viernes 16 Enero, 2026 | 09:44 Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”.
“Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos.
Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores.
Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile