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Fin de la gratuidad para mayores de 30 años: un portazo a la clase media técnica
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01:02 · Chile

Fin de la gratuidad para mayores de 30 años: un portazo a la clase media técnica

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Estos últimos días hemos sido testigos de un intenso debate sobre la pertinencia de mantener la gratuidad en educación superior para personas mayores de 30 años. El Gobierno del Presidente Kast afirma que esta medida busca redestinar recursos para ayudar directamente en la reconstrucción del sur del país. Por lo mismo, es lógico observar el alineamiento de la derecha a favor de dicha postura como una reacción enérgica de la izquierda en contra de la medida.

Sin embargo, más allá de la postura ideológica, ¿Se están revisando cifras del impacto de dicha política pública? ¿O solamente se busca imponer el framing en la opinión pública? Cuando bajamos de la especulación política a la base empírica, los datos de matrícula de primer año del Ministerio de Educación—disponibles para su uso investigativo—revelan que esta discusión es, en el mejor de los casos, un debate de élite política, que no se encuentra conectado con la realidad del sistema, ni con sus principales beneficiarios.

¿Dónde estudian realmente los mayores de 30 años? El sistema de educación superior es una vía de movilidad social, sin importar la edad en la que se decide comenzar los estudios. En 2025 más de 74.

000 estudiantes se matricularon en su primer año teniendo 30 años o más (representando cerca del 20% del total de nuevos ingresos), de los cuales 21. 864 recibieron el beneficio de gratuidad. Sin embargo, lo importante no es el cuánto, sino el dónde.

Quienes proponen recortar la gratuidad enfocan su discurso en las universidades, pero los datos muestran una realidad diametralmente opuesta. Cuando desglosamos los matriculados en instituciones de educación superior, observamos lo siguiente: Universidades: Apenas un 5,1% de los nuevos matriculados tiene 30 años o más (8. 099 estudiantes, donde el 30% está adscrito a gratuidad).

El perfil de ingreso universitario sigue siendo abrumadoramente joven. Centros de Formación Técnica (CFTs): El porcentaje salta a un 26,8% (18. 402 estudiantes, de los cuales el 64,7% está adscrito a gratuidad).

Institutos Profesionales (IPs): La cifra es aún mayor, alcanzando un 35,8% de los matriculados (47. 792 estudiantes, de los cuales el 15,9% está adscrito a gratuidad). ¿Qué nos dicen estos números?

Que la incorporación de estudiantes de 30 o más años está siendo absorbida casi en su totalidad por el subsistema técnico-profesional, y los principales beneficiarios de la gratuidad son aquellos que entran a la educación técnica. Discutir la pertinencia de la gratuidad pensando en las universidades es legislar para una minoría, ignorando que el verdadero esfuerzo de quienes ingresan a su primera carrera en educación superior y que estarían afectados por este cambio en la política pública, ocurre en los CFTs. Esta miopía en el debate público tiene un correlato geográfico que también urge evidenciar.

Al analizar la procedencia de los nuevos estudiantes notamos que, mientras el 28,3% de los nuevos estudiantes de la Región Metropolitana son mayores de 30 años, solo el 12,9% de quienes se matriculan en regiones son de ese rango etario. Esta diferencia muestra no solo una concentración en la oferta educativa, sino que también resalta cómo las barreras de edad y ubicación siguen siendo importantes para quienes, ya en la adultez, buscan mejorar su situación social a través de la educación. Si el objetivo es ignorar a quienes ven en la educación técnica una vía para la movilidad social después de los 30 años, la medida es acertada.

Pero si la intención es otra, es urgente que el debate sobre la educación superior se aparte de las discusiones centradas en la élite. Los datos demuestran claramente que el sistema está incorporando a los adultos, pero lo hace principalmente a través del ámbito técnico. Un adulto de 30 años que estudia una carrera técnica no solo busca un título; está sacrificando tiempo de crianza o trabajo.

Quitarle la gratuidad no es, por lo tanto, sólo redestinar fondos, sino que es impedir que el capital humano del país se actualice de cara a los desafíos del futuro, como la inteligencia artificial. Para que la discusión sobre los beneficios de la gratuidad en la educación superior en Chile sea genuina, es crítico que nuestros representantes analicen y se basen en evidencia para diseñar un Chile mejor.

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