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Familias de acogida visibilizan su rol ante la falta de hogares para niños en la región
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19:31 · Chile

Familias de acogida visibilizan su rol ante la falta de hogares para niños en la región

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La decisión de abrir las puertas del hogar a un niño que no forma parte de la familia no es sencilla. Implica asumir un compromiso emocional profundo, reorganizar la vida cotidiana y comprender que el vínculo que se genera, aunque significativo, es transitorio. Así lo relata “Matías”, nombre ficticio para resguardar su identidad, quien junto a su pareja forma parte del programa de familias de acogida en la Región de Coquimbo.

Su experiencia comenzó hace cerca de dos años, cuando iniciaron el proceso motivados inicialmente por la idea de adoptar. Sin embargo, en el camino conocieron el acogimiento familiar como una alternativa distinta: un cuidado temporal que permite a niños, niñas y adolescentes desarrollarse en un entorno familiar mientras se resuelve su situación. “Uno pensaba que iba a sufrir, que se iba a encariñar y después el niño se iba a ir… pero al final uno tiene que entregarlo todo, y si tiene que doler, va a doler, porque significa que hiciste lo mejor que pudiste”, comentó.

Actualmente, la familia lleva cerca de siete meses acogiendo a un niño menor de siete años, una experiencia que, según describe, ha transformado su forma de entender la infancia y el rol de la familia. “Al principio uno tiene muchas ideas y temores, pero con el tiempo se van cambiando las perspectivas”, explicó. Un cambio en la vida cotidianaEl acogimiento no solo implica recibir a un niño, sino también adaptarse a nuevas dinámicas.

Rutinas, tiempos y responsabilidades cambian, pero también lo hace la forma de mirar la vida diaria. “Hay aprendizaje todos los días. Hay que aprender a conocer a los niños, entender sus señales y entregar amor de manera incondicional”, señaló, destacando que “cuando llegan a una familia, el cambio en su forma de vivir la infancia se nota de inmediato”.

La posibilidad de que el niño retorne a su familia de origen o sea derivado a una adopción definitiva es parte del camino, lo que también forma parte de la experiencia que viven las familias de acogida. Pese a ello, Matías asegura que el acompañamiento profesional es clave para sostener el proceso. Equipos técnicos orientan y apoyan a las familias en cada etapa, permitiendo enfrentar de mejor manera las dificultades.

Derribar mitos y enfrentar temoresAntes de iniciar este camino, uno de los principales temores de la familia estaba asociado al apego y a la eventual separación. Sin embargo, con el tiempo esa percepción cambió. “Más que evitar sufrir, hay que arriesgarse para que un niño pueda vivir en familia y no en una residencia”, señala.

A su juicio, el acogimiento no debe entenderse desde el miedo a la pérdida, sino desde la oportunidad de entregar cuidado y estabilidad en una etapa clave del desarrollo infantil. Una necesidad que persiste en la regiónLa historia de esta familia refleja una realidad regional compleja. Según datos del Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, 257 niños, niñas y adolescentes se encuentran actualmente en cuidado residencial en la Región de Coquimbo, de los cuales 26 corresponden a menores entre 0 y 3 años.

A nivel territorial, la mayor concentración de niños, niñas y adolescentes en residencias se registra en la provincia de Elqui, con 190 casos, seguida por Choapa con 38 y Limarí con 29. Estas cifras reflejan una demanda que no logra ser cubierta en su totalidad por familias de acogida, lo que prolonga la permanencia de muchos niños en residencias. Si bien en la región existen programas orientados a la captación y acompañamiento de familias, la brecha sigue siendo significativa, especialmente en los primeros años de vida, donde el entorno familiar resulta fundamental para el desarrollo emocional y cognitivo.

“Las residencias no pueden entregar todo lo que entrega una familia”, afirma Matías, enfatizando la importancia de apoyar y fortalecer este modelo de cuidado. Un rol que trasciende lo individualMás allá de la experiencia personal, el acogimiento familiar también implica una responsabilidad social. Desde la perspectiva de quienes lo viven, se trata de una oportunidad para contribuir directamente al bienestar de niños que enfrentan situaciones de vulneración de derechos.

“Hay que arriesgarse. No es solo cambiar la vida de un niño, también cambia la de uno. Se trata de entregar cuidado, amor y garantizar que se cumplan sus derechos”, concluye.

En una región donde la necesidad de familias de acogida sigue siendo alta, experiencias como esta permiten poner rostro a una realidad muchas veces invisible. Más allá de las cifras, el desafío apunta a que cada vez más niños puedan crecer en un entorno familiar, donde el cuidado, la estabilidad y el afecto sean parte de su desarrollo.

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