¿Está Chile enfrentando una guerra híbrida? La amenaza invisible que preocupa a Arturo Contreras Polgati
Durante siglos la guerra se imaginó con fronteras, uniformes y ejércitos enfrentados en un campo de batalla. Pero esa imagen, sostienen estrategas y analistas, pertenece cada vez más al pasado. Hoy el conflicto puede comenzar con un ciberataque contra infraestructura crítica, una campaña de manipulación en redes sociales, sabotaje económico, crimen organizado instrumentalizado o una operación de influencia destinada a fracturar una sociedad desde dentro.
Eso es, en términos generales, la guerra híbrida. Y para el coronel en retiro y académico Arturo Contreras Polgati, el problema es más profundo que una simple evolución doctrinaria. “Yo no veo la guerra; veo las guerras.
No hay una guerra, hay muchas formas de guerra”, afirmó en Voces de Mando, planteando que la discusión no es teórica sino estratégica: comprender que los conflictos actuales se libran simultáneamente en múltiples dimensiones. Qué es la guerra híbrida y por qué inquieta a estrategas Aunque no existe una definición única, buena parte de la literatura especializada converge en que la guerra híbrida combina: medios militares convencionales fuerzas irregulares ciberoperaciones guerra informativa coerción económica crimen organizado instrumentalizado presión política o psicológica actores estatales y no estatales actuando coordinadamente. El teórico Frank Hoffman la definió como la integración de múltiples formas de combate en un mismo teatro de conflicto.
Otros la vinculan a la “zona gris”: ese espacio ambiguo entre paz y guerra donde se busca erosionar al adversario sin cruzar abiertamente el umbral del conflicto armado. Contreras va incluso más lejos. “Es muy probable que estemos en guerra y no nos hayamos dado cuenta”, sostuvo.
Su tesis es provocadora: hoy los conflictos pueden no declararse jamás, porque operan a través de mecanismos invisibles. La guerra cognitiva: disputar la mente antes que el territorio Si hay un concepto que el estratega considera subestimado es la guerra cognitiva. No se trata solo de propaganda.
Se trata de moldear percepciones, lenguaje, emociones y conducta política. “Los instrumentos de paz aparentemente inocuos pueden ser usados como armas”, advirtió. Bajo esta lógica, la batalla no es solo por territorio, sino por voluntad.
Por eso cita una idea clásica: si logras quebrar la voluntad de lucha antes del combate, ya ganaste. Esta dimensión no es menor. OTAN, centros estratégicos europeos y doctrinas estadounidenses vienen estudiando la guerra cognitiva como uno de los nuevos dominios del conflicto.
Para algunos, es la evolución natural de las operaciones psicológicas. Para otros, es una transformación radical de la guerra misma. De Crimea al ciberespacio: los casos que redefinieron el conflicto El ejemplo emblemático suele ser Crimea en 2014.
Rusia combinó: fuerzas encubiertas operaciones informativas presión política ciberataques manipulación narrativa Sin guerra declarada. El resultado cambió mapas. Antes, Hezbolá en el Líbano había mostrado otra forma híbrida: mezcla de guerrilla, capacidad militar regular, operaciones mediáticas y lógica insurgente.
Luego vinieron: ISIS y propaganda digital global interferencias en elecciones occidentales ataques a infraestructura crítica uso estratégico del crimen organizado. Los campos de batalla dejaron de ser solo físicos. Hoy incluyen: tierra, mar, aire… pero también ciberespacio y espectro electromagnético.
La guerra híbrida no es solo militar: es política Aquí Contreras rompe con una de las ideas centrales del pensamiento convencional. “La guerra es un fenómeno político, no militar. ” Su argumento: si se entiende la guerra solo como fenómeno castrense, no se entienden las amenazas contemporáneas.
Porque hoy pueden intervenir: corporaciones transnacionales actores criminales operaciones económicas disputas tecnológicas control energético presión cultural. La guerra híbrida, entonces, no busca necesariamente conquistar territorios. Puede buscar: debilitar soberanía, condicionar decisiones, capturar dependencia.
Y lograrlo sin invasión. ¿Puede Chile enfrentar amenazas híbridas? Para algunos expertos, sí.
De hecho, parte del debate es si ya las enfrenta. Contreras sugirió que el país podría estar expuesto a ellas en dimensiones poco discutidas: ciberataques, vulnerabilidad cultural, dependencia estratégica, erosión de cohesión social. Incluso vinculó esto a soberanía energética.
No casualmente en el programa Voces de Mando el hidrógeno verde apareció como tema estratégico, cuando lo trató la analista María Isabel Muñoz. Porque en el mundo actual energía también es poder. Y soberanía.
“El Estado tiene que hacer lo que tiene que hacer”, resumió, defendiendo un rol estratégico estatal para proteger intereses permanentes. La zona gris: donde todo ocurre sin llamarse guerra Quizás la idea más inquietante del fenómeno es esta: la guerra híbrida prospera donde no parece haber guerra. Ahí está su potencia.
No necesita batallas decisivas. No necesita victorias clásicas. Busca desgaste.
Fragmentación. Como ha planteado literatura estratégica reciente, la clave no es destruir al adversario, sino volverlo incapaz de reaccionar. Sin que advierta plenamente qué ocurre.
El problema jurídico: ¿cómo se responde a una guerra que no se reconoce? Aquí aparece otro dilema. Las normas internacionales fueron pensadas para guerras convencionales.
Pero: ¿cómo respondes a un ciberataque devastador? ¿Es acto de guerra? ¿Y una campaña de desinformación coordinada?
¿Y crimen organizado instrumentalizado por intereses estratégicos? Muchos marcos jurídicos no alcanzan. Y eso genera zonas de impunidad.
El propio debate estratégico chileno empieza a mirar esa brecha. La gran pregunta no es militar Hacia el final de Voces de Mando, Slater preguntó si las Fuerzas Armadas están preparadas para estas guerras. Contreras corrigió la pregunta.
“No es si las Fuerzas Armadas están preparadas. Es si el país está preparado”. La diferencia es enorme.
Porque desplaza el problema desde cuarteles hacia la sociedad. Y ahí la guerra híbrida deja de ser un tema de defensa. Pasa a ser un tema nacional.
Inteligencia. Infraestructura. ¿Estamos ya en una guerra que no reconocemos?
Esa es la pregunta incómoda. Y quizás la más importante. Porque si la guerra del siglo XXI puede operar sin declararse, si puede usar medios de paz como instrumentos de agresión, si puede moldear percepciones antes que conquistar territorios, entonces la seguridad ya no es solo defensa.
Es capacidad de una sociedad para resistir ser erosionada. En palabras de Contreras: el mayor riesgo podría no ser estar en guerra sin saberlo… sino advertirlo demasiado tarde. Preguntas frecuentes sobre guerra híbrida ¿Qué es una guerra híbrida?
Es un conflicto que mezcla herramientas militares y no militares como ciberataques, propaganda y coerción económica. ¿Qué es guerra cognitiva? Es la disputa por influir percepciones, lenguaje y conducta social.
¿Cuál es la diferencia entre guerra híbrida y guerra convencional? La guerra híbrida opera en múltiples dominios y muchas veces sin declaración formal de guerra. ¿Puede Chile enfrentar amenazas híbridas?
Expertos plantean que sí, especialmente en ciberseguridad, soberanía y presión geoeconómica.
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