Epilepsia: claves para reconocerla y enfrentar una crisis de forma segura
La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes, pero también una de las menos comprendidas. Reconocer sus señales de alerta y actuar de manera adecuada puede marcar una diferencia clave en el diagnóstico y control de esta condición. La epilepsia es una enfermedad crónica del cerebro que se caracteriza por la aparición de dos o más crisis no provocadas, separadas por al menos 24 horas.
Estas crisis ocurren debido a una descarga eléctrica anormal y excesiva en las neuronas. Según explicó el académico de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Talca, Gustavo Domínguez Araya, las manifestaciones pueden variar dependiendo del área del cerebro afectada. “Esta patología puede afectar a personas de cualquier edad”, señaló el especialista.
Entre los síntomas más comunes se encuentran convulsiones, desconexión del entorno, mirada fija, movimientos involuntarios, pérdida de conciencia, alteraciones sensoriales o confusión posterior. Factores de riesgo y causas La epilepsia puede tener distintos orígenes, los que varían según la etapa de la vida. En personas mayores, el riesgo suele asociarse a condiciones como accidentes cerebrovasculares, tumores, traumatismos, enfermedades neurodegenerativas y otras lesiones cerebrales adquiridas.
En niños y adolescentes, en cambio, pueden influir factores genéticos, del neurodesarrollo o complicaciones perinatales. El especialista advierte que algunas causas pueden prevenirse. “Por eso es relevante la vacunación, el control prenatal y del parto, la prevención de golpes en la cabeza, el manejo de factores de riesgo cardiovascular y el acceso oportuno a atención médica”, señala.
En Chile, la epilepsia presenta una prevalencia significativa. Se estima que afecta entre 10,8 y 17 personas por cada mil habitantes, con una incidencia de aproximadamente 114 casos nuevos por cada 100 mil habitantes al año. Estas cifras equivalen a entre 200 mil y 314 mil personas viviendo con esta condición en el país, lo que refuerza la importancia de su diagnóstico y tratamiento oportuno.
Tratamiento y cuidados clave El manejo de la epilepsia requiere constancia y seguimiento médico. Uno de los puntos centrales es mantener el tratamiento tal como fue indicado. “Lo principal es mantener el tratamiento exactamente como fue indicado.
La suspensión brusca, el olvido de dosis o los cambios sin supervisión médica pueden favorecer nuevas crisis”, recalcó Domínguez. Además, se recomienda dormir adecuadamente, evitar el consumo excesivo de alcohol, no usar drogas recreativas y reconocer los factores desencadenantes individuales. En cuanto a la seguridad, es importante tomar precauciones en actividades como nadar sin compañía, trabajar en altura o manipular maquinaria peligrosa, especialmente si las crisis no están controladas.
Cómo actuar ante una crisis epiléptica Saber cómo reaccionar frente a una crisis es fundamental. El académico enfatiza la importancia de educar al entorno cercano. “Lo correcto es mantener la calma, proteger a la persona de golpes, aflojar ropa apretada, ponerla de lado cuando sea posible y cronometrar la duración de la crisis”, señala.
Asimismo, advierte que no se debe sujetar a la persona ni introducir objetos en su boca, ni ofrecer alimentos o líquidos hasta que recupere completamente la conciencia. Se recomienda buscar ayuda médica urgente si la crisis dura más de cinco minutos, si se repite sin recuperación o si ocurre en situaciones de riesgo, como en el agua. Una enfermedad tratable Pese a su impacto, la epilepsia es una enfermedad tratable y no contagiosa.
Con un diagnóstico adecuado, tratamiento continuo y educación del entorno, muchas personas pueden llevar una vida normal. El especialista concluye que el desafío está en mejorar la información y el acceso a la atención médica, factores clave para avanzar en el control de esta condición en la población.
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