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Entre 2030 y la incertidumbre: la historia del Museo Regional de Magallanes que aún no tiene fecha para su reapertura
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07:01 · Chile

Entre 2030 y la incertidumbre: la historia del Museo Regional de Magallanes que aún no tiene fecha para su reapertura

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El edificio está ahí, en el centro de Punta Arenas, con sus fachadas intactas y sus puertas cerradas. El Museo Regional de Magallanes lleva casi años sin recibir público, dejando miles de turistas confundidos en sus puertas. Dentro, un equipo trabaja en silencio sobre 65.

000 objetos que esperan ser catalogados, embalados y trasladados. Afuera, la ciudadanía aguarda una reapertura que las autoridades ya no se atreven a comprometer con fecha precisa. En una entrevista concedida esta semana a El Magallanes, el director regional del Servicio del Patrimonio Cultural (Serpat), Pablo Quercia, entregó el estado de avance más detallado que se ha conocido sobre el proyecto.

El balance revela un proceso técnicamente activo, pero también una acumulación de incertidumbres que el propio servicio reconoce sin eufemismos: no hay cronograma definitivo, no hay estructura de financiamiento cerrada, no hay fecha confirmada para el inicio de las obras civiles principales, y el costo total del proyecto sigue siendo una cifra en movimiento. La última fecha de reapertura conocida públicamente fue entregada por el último seremi de las Culturas de la administración Boric, Luis Navarro, quien proyectó la reapertura para julio de 2029. Resulta curioso que cuando lo anunció, en julio de 2025, informó de un 90% de avance en la catalogación de piezas.

A mayo 2026, Quercia indica que llevan un 60%. Además, descarta la primera proyección con una sola frase: “Aproximadamente en 2030 podría estar abriéndose”. Plazos que se corren La postergación de al menos un año no se presenta como una noticia, sino como una consecuencia natural del proceso.

Y la cautela institucional fue inmediata: “Mientras no tengamos esa certeza, no podemos dar el plazo”, agregó el director. Una afirmación que encierra una paradoja difícil de ignorar: ya se dio una fecha nueva, pero sin asumir la responsabilidad de haberla fijado. Para entender por qué incluso el 2030 es optimista, basta con reconstruir la secuencia de etapas que aún deben completarse antes de que comience la obra civil propiamente tal.

Primero, deben ejecutarse al menos seis meses de consultorías técnicas en especialidades como electricidad, alcantarillado y gas. Esas consultorías entregarán el insumo para una reevaluación del proyecto, exigida por las normativas del Ministerio de Desarrollo Social. Solo con esa reevaluación en mano -y con el monto real del proyecto establecido- el Serpat podrá ingresar una solicitud de financiamiento formal.

Luego viene la aprobación presupuestaria, la licitación de la obra, su adjudicación y, finalmente, el inicio de la ejecución. Ese proceso de construcción toma, según estimaciones del propio servicio, unos 30 meses en condiciones normales. En ninguno de esos pasos existe hoy una fecha comprometida.

Las consultorías técnicas, según el director regional, partirían “el próximo año”. Si ese plazo se cumple y todo avanza sin contratiempos, la aritmética arroja una reapertura no antes de fines de 2029 o más probablemente 2030. Pero si alguna etapa se demora -algo que el propio Serpat admite como posible- la fecha se corre sin más.

Financiamiento sin precisión El costo referencial del proyecto bordea los 100. 800 millones a 100. 900 millones de pesos.

Es una cifra que el Serpat maneja internamente como aproximación, pero que en la misma entrevista desestabilizó de inmediato: “Eso puede ir al alza o a la baja”, reconoció el director, mencionando variables como la inflación, los costos logísticos derivados de la pandemia, tensiones en cadenas de suministro globales, o eventuales alzas en el precio de materiales por conflictos internacionales. No es una advertencia menor: en proyectos comparables de infraestructura cultural en la región, los costos aumentaron entre un 30 y un 40% respecto de las estimaciones previas a 2020. Pero más allá de la magnitud de la cifra, tampoco existe una estructura que determine quién paga y en qué proporción, es decir, un modelo de financiamiento.

El Serpat menciona como posibilidad un esquema bipartito junto al Gobierno Regional de Magallanes, similar al utilizado en el Archivo y Biblioteca Regional. La experiencia fue calificada como exitosa por las autoridades. Sin embargo, en la entrevista esa posibilidad se presenta como una exploración futura, no como un acuerdo en curso.

La pregunta concreta – ¿Financia el Serpat solo o hay co-financiamiento con el Gore? – no tiene respuesta a la fecha. Tampoco la tiene la pregunta sobre si el proyecto ya cuenta con un certificado de disponibilidad presupuestaria para las obras civiles.

Lo que sí existe, según el servicio, es una asignación para los proyectos actualmente en ejecución: la habilitación del depósito externo y la consultoría de techumbre. Para las obras mayores, el panorama sigue abierto. Licitación desierta En el relato institucional del avance del proyecto, hay un dato que apareció casi de paso en la entrevista, pero que merece atención.

Durante el año en curso se levantó una licitación para la implementación del depósito externo de colecciones. No se presentó ningún oferente. La licitación quedó desierta y deberá convocarse nuevamente.

El director regional del Serpat lo atribuyó a la categoría de los imprevistos inevitables: “Son cosas que están fuera de cualquier control”. La explicación es técnicamente válida, pero no responde preguntas que el proceso de adjudicación sí debería hacerse: ¿El valor base era adecuado para las condiciones del mercado local? ¿Las exigencias técnicas del contrato eran alcanzables por los proveedores disponibles en la región?

¿Hay suficientes empresas con capacidad para ejecutar proyectos de este tipo en la Patagonia? La pregunta no es menor porque el depósito externo es, en la secuencia del proyecto, la etapa previa al traslado de las colecciones. Y las colecciones no pueden moverse hasta que el depósito esté implementado.

El retraso en este punto tiene efecto cascada sobre todo lo que sigue. La nueva licitación, según el servicio, debería resolverse a fin de año. Pero no hay certeza de que esta vez haya oferentes.

Últimos hitos a la fecha Sería inexacto concluir que el proyecto está paralizado. Hay trabajo real en curso, aunque en su mayor parte sea invisible para el ciudadano que pasa frente al edificio cerrado. La catalogación de las 65.

000 piezas de la colección lleva aproximadamente un 60% de avance (en contraste con el 90% informado por el exseremi de Culturas en 2025). Es un proceso que se ejecuta en paralelo con el embalaje y la preparación para el traslado, y que involucra normas técnicas supervisadas por el Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR) y el Consejo de Monumentos Nacionales. En diciembre de 2025 se completó la restauración del depósito externo, ubicado en el ex gimnasio naval, que presentaba filtraciones importantes.

La inversión acumulada en ese inmueble supera los 1. 000 millones de pesos. Se está desarrollando además una consultoría de diagnóstico de techumbre del edificio principal, cuya última etapa debería concluir en los próximos meses, entregando el mapa de intervenciones necesarias para evitar daños estructurales antes de que comiencen las obras mayores.

La museografía también está siendo reformulada, con participación comunitaria y una propuesta de contenido actualizada. Son hitos reales, técnicamente significativos, y el Serpat tiene razón en subrayarlos. El problema no es lo que se ha hecho.

El problema es la distancia que aún separa lo avanzado de lo que se necesita para que el museo abra sus puertas. Incertidumbre en Magallanes A mayo de 2026, casi tres años después del cierre, la ciudadanía de Magallanes no sabe cuándo volverá a abrir su Museo Regional. No porque la información esté oculta, sino porque esa información genuinamente no existe.

El Serpat no puede dar una fecha porque no tiene cronograma definitivo. No puede comprometer un costo porque la reevaluación técnica aún no está terminada. No puede confirmar el modelo de financiamiento porque las gestiones con el Gore no han comenzado formalmente.

No puede garantizar que las obras civiles partirán el próximo año porque las consultorías previas tampoco tienen fecha de inicio fijada. Cada uno de esos vacíos tiene una justificación técnica legítima. Los procesos del Estado son complejos, las normativas cambian, los imprevistos existen.

El director regional lo dice con claridad: “Son cosas que están fuera de nuestro control”. Y es verdad. Pero esa verdad no absuelve a la institución de la obligación de informar con precisión lo que sabe y lo que no sabe, de distinguir entre avance real y proyección optimista, y de comunicar a la región no solo los logros del proceso, sino también sus límites actuales.

“Todos estos proyectos van alimentando cosas que todavía no tenemos”, plantea Quercia. Por ahora, lo que tiene Magallanes es un museo cerrado, una colección en cajas, un edificio en diagnóstico y una fecha tentativa que nadie quiere firmar. El 2030 es una esperanza razonable.

No un compromiso.

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