Empresa de agua purificada opera desde un penal en Antofagasta y apuesta por la reinserción como modelo de negocio
En el kilómetro 12 del camino a La Negra, a 25 minutos de Antofagasta, funciona una planta de agua purificada de 500 metros cuadrados. Hasta ahí, nada especial. Lo diferente, sin embargo, es que esta planta opera dentro del Centro Penitenciario de Varones.
Y es la única empresa que se ha mantenido de forma ininterrumpida en los talleres productivos del recinto, durante casi una década. Puri, que significa agua en lengua kunza, nació tras una licitación impulsada por el Ministerio de Obras Públicas para cárceles concesionadas en Antofagasta. En el penal antofagastino, que alberga a 1.
300 internos, la empresa ocupa uno de los cuatro galpones destinados a la reinserción laboral. Hoy trabajan tres internos, con contrato formal y sueldo mínimo. Cada uno recibe directamente 1,5 UTM (alrededor de $ 132 mil) y el resto se deposita en un fondo de libre disposición administrado por gendarmería, al que acceden cuando recuperan la libertad.
En total, en nueve años, han pasado 35 reclusos por la planta. Aunque la operación funciona como cualquier planta de purificación de aguas, es decir, recepción y clasificación de bidones, lavado, llenado, sellado, etiquetado y despacho, es el contexto el que marca la diferencia. La jornada es de 10:00 a 17:00 horas y todo ingreso está estrictamente controlado.
No se permite entrar con teléfono ni computador, los camiones son revisados por completo y hasta un tornillo necesita autorización previa. “Todo lo que se ingresa al penal es con una autorización que pasa por revisión exhaustiva de gendarmería” señala María Soledad García, gerente técnica de Puri. Empresa con foco en la reinserción Desde el punto de vista financiero, la ubicación es la que implica mayores costos logísticos, el traslado desde y hacia la ciudad encarece los márgenes.
Sin embargo, la empresa reconoce que su foco principal es la reinserción social y busca consolidar un modelo que busca demostrar que la reinserción también puede ser parte de la cadena productiva regional en Antofagasta, especialmente en una ciudad donde la mano de obra es escasa. En casi 10 años, otras empresas han intentado instalarse en los galpones del penal, pero ninguna se ha mantenido. Para la fundadora, el principal obstáculo es el temor y la burocracia.
“Yo creo que tiene que ver con la burocracia de ingreso, con todos los permisos que hay que pedir para entrar cualquier cosa. También está el miedo a que te puedan cargar el camión con droga sin que tú lo sepas, porque los camiones son prácticamente el único vehículo externo que entra. Entonces yo creo que es el miedo, el no saber cómo funciona esto, o el prejuicio de pensar que estos gallos no van a aprender nunca.
Muchos prefieren no asumir ese riesgo” señala la ejecutiva. Varios de los internos que trabajaron en la planta y luego recuperaron su libertad, hoy están empleados como guardias, contratistas o tienen emprendimientos propios. “Me da gusto encontrarme en Antofagasta con un interno que ya salió y que te diga: ‘¿Sabe qué...
este zapato de mi hija se lo compré con plata limpia, yo trabajé para usted". Pese a ese impacto, la empresa no ha recibido apoyos públicos relevantes. Ha postulado a instrumentos de Corfo y otros programas sin éxito.
“Mira, yo he pedido recursos a la Corfo. ¿Y qué nos dan? Nada.
Entonces, nosotros igual seguimos como empresarios, igual seguimos ahí luchando y luchando”. Aun así, ella, como encargada de Puri ha recibido reconocimientos regionales por su trabajo en reinserción. - ¿Cómo se hace la selección para trabajar con los internos?
- Hay una bolsa de trabajo y se selecciona a personas con la mejor conducta y perfil adecuado. Nosotros entrevistamos, hacemos la inducción, entregamos las tareas a realizar y también tenemos límites. Por ejemplo, no trabajamos con delitos graves como homicidios o violaciones.
La idea es que sea un espacio de rutina, pero también de responsabilidad. - ¿Es un modelo competitivo frente a una planta tradicional? - Esto tiene que ver mucho más con la reinserción social y con demostrar que se puede hacer empresa dentro de un penal, de manera formal y ordenada.
Si queremos que otras empresas se unan a este tema de la reinserción social, que entiendan que no se trata sólo de hablar de seguridad, sino de dar oportunidades reales de trabajo. Porque si una persona sale con experiencia laboral, con contrato, con un fondo ahorrado y con otra mirada, la probabilidad de que vuelva a delinquir baja considerablemente. Ese es el verdadero retorno que nosotros vemos en este proyecto.
- ¿Qué le diría a una empresa que quiera replicar la experiencia? - Que si realmente queremos vivir en paz y para que un país sea más libre, no basta con decirlo. Es fácil hablar de seguridad y de bajar la delincuencia, pero ¿quién apuesta de verdad por la reinserción y por la inclusión?
¿Quién se hace cargo de darle trabajo a alguien que estuvo preso? Porque llenar las cárceles no soluciona el problema. Lo que cambia las cosas es dar oportunidades reales, enseñar un oficio, pagar un sueldo formal y permitir que esa persona vuelva a la sociedad con otra herramienta”.
- ¿Qué apoyo espera hoy? - Me encantaría que alguien escuchara y viniera a ver la planta y me pudiera apoyar. Yo no estoy pidiendo que me den millones de pesos ni un subsidio eterno, sino herramientas concretas.
Me sirven máquinas, equipamiento, algo que me permita producir mejor mi insumo y crecer. Un empujón real. Me gustaría que empresas grandes mineras, entiendan que comprar a una PYME regional permite crecer.
Porque hemos demostrado que el proyecto funciona, que se puede sostener en el tiempo y que tiene impacto en Antofagasta. Entonces uno dice, si ya llevamos casi 10 años, si hemos sacado personas que hoy están trabajando afuera y haciendo su vida normal, cómo tiene que ser ¿por qué no apostar un poco más fuerte por algo que ya está probado?
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