Emergencia, realidad y legitimidad democrática
Señor Director: El nuevo gobierno llegó al poder con un diagnóstico de “emergencia” que convenció a una mayoría del electorado. Sin embargo, los primeros anuncios del denominado “proyecto de reconstrucción nacional” parecen apuntar en otra dirección. Si bien algunas medidas responden a problemas concretos, el grueso del proyecto se asemeja más a una reedición del viejo Consenso de Washington que, como resumió elegantemente el economista Dani Rodrik, se fundaba en el mantra “estabilizar, privatizar y liberalizar”.
Algo de ese espíritu se advierte con claridad en los anuncios recientes: correcciones a la ley de 40 horas, limitación de la gratuidad universitaria, reducción de impuestos corporativos y de herencias, exenciones tributarias como las contribuciones, entre otras iniciativas. La política contemporánea muestra que la retórica de “crisis” es un poderoso recurso electoral, pero cuando no logra encontrar un claro anclaje en la realidad y termina convirtiéndose en un vehículo para instalar agendas ideológicas que se distancian de las urgencias invocadas, se erosiona la posibilidad misma de construir consensos. En otras palabras, no se trata sólo de una inconsistencia entre expectativas y realidad, sino que, para decirlo con el recientemente fallecido pensador alemán Jürgen Habermas, se pone en riesgo el fundamento de la legitimidad democrática.
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