Eliminación de contribuciones a la primera vivienda: el mundo al revés
Hace unos días, en el marco de la reforma tributaria, el Gobierno anunció la eliminación de las contribuciones para la primera vivienda de todos los adultos mayores. A primera vista suena como una buena noticia. ¿Quién podría oponerse a aliviar la carga económica de nuestros mayores?
Pero cuando uno mira con atención, lo que aparece es algo muy distinto. Partamos por lo básico. Según cifras del Servicio de Impuestos Internos, a octubre de 2025 en Chile hay 4.
375. 831 adultos mayores. De ellos, el 65% no tiene vivienda propia.
Es decir, esta medida ni siquiera los toca. Del 35% que sí tiene una propiedad —alrededor de 1,5 millones de personas—, el 74% ya está exento de pagar contribuciones, porque el avalúo fiscal de su vivienda es bajo. En la práctica, entonces, quienes efectivamente pagan contribuciones y se verían beneficiados por esta medida representan cerca del 9% del total de adultos mayores.
¿Quiénes están en ese grupo? No los más vulnerables ni quienes viven con lo justo. Ahí están quienes tienen propiedades de mayor valor: personas con altos ingresos, incluso autoridades y grandes empresarios.
Es decir, una política que se presenta como ayuda social termina beneficiando, proporcionalmente, a quienes menos la necesitan. Y aquí viene el segundo punto, igual de importante. Las contribuciones financian una parte sustantiva de los municipios a través del Fondo Común Municipal.
En ciudades como Valdivia más del 50% de nuestro presupuesto depende de ese fondo. Hablamos de recursos que sostienen la seguridad ciudadana, el mantenimiento de espacios públicos, programas sociales, apoyo a organizaciones y la atención directa a vecinos y vecinas. Entonces, la pregunta es inevitable: ¿de dónde saldrán esos recursos si se eliminan las contribuciones para este grupo?
El Gobierno ha señalado que habrá compensaciones. Pero no serán totales y, además, provendrán del presupuesto fiscal. Y aquí es clave entender qué significa eso: el Estado no tiene recursos propios infinitos; se financia a través de impuestos.
Por tanto, cuando se deja de recaudar por una vía, esos recursos deben salir de otras. ¿Y cuál es el principal impuesto en Chile? El IVA, que pagamos todos cada vez que compramos algo, especialmente las familias de ingresos medios y bajos, que destinan una mayor proporción de su ingreso al consumo.
Dicho en simple: un grupo de personas —entre ellas, quienes tienen viviendas de mayor valor— dejará de pagar contribuciones, y parte de ese costo será cubierto con recursos fiscales que provienen, en gran medida, del IVA que pagan todos los chilenos. Incluso, aquellos que aún no logran acceder a una vivienda propia. Eso no solo es contradictorio, es profundamente regresivo.
Esto no es solo una discusión técnica. Es una definición de prioridades. En un momento en que se nos dice que los recursos son escasos y que no se pueden ampliar ciertos derechos sociales por falta de financiamiento se impulsa una medida que reduce ingresos fiscales y tensiona directamente la capacidad de los municipios para responder a las necesidades más urgentes.
Y hay algo más de fondo: esta no es una política orientada a reactivar la economía ni a generar inversión. Es, más bien, la expresión de una mirada ideológica sobre los impuestos. El problema es que, como tantas veces, quienes terminan pagando las consecuencias son las clases medias y los sectores más vulnerables.
Por eso no es casual que alcaldes y alcaldesas de todo el país, de distintos sectores políticos, hayamos levantado la voz. No se trata de una diferencia partidaria, sino de la gestión cotidiana de nuestras comunas y de la responsabilidad de no debilitar el nivel del Estado que está más cerca de las personas. Apoyar a los adultos mayores es urgente y necesario, pero hacerlo bien importa.
Focalizar en quienes realmente lo necesitan, también. Y, sobre todo, no hacerlo a costa de debilitar los servicios que sostienen la vida diaria de millones de chilenos porque, de lo contrario, lo que estamos construyendo es, simplemente, un mundo al revés.
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