Elegir entre ser madres o ser líderes: ¿cuándo es el momento correcto?
Cada año, el segundo domingo de mayo, Chile se detiene a honrar a sus madres. Los comerciales muestran mujeres sonrientes rodeadas de familia. Y en algún lugar de ese paisaje, sin que nadie lo diga en voz alta, se refuerza una imagen muy específica de lo que una madre debe ser: presente, disponible, centrada en los demás.
Lo que rara vez celebramos ese día es a la madre que también dirige un equipo y lleva el peso de una jefatura encima. No porque no exista. Sino porque esa imagen todavía nos resulta incómoda.
Y esa incomodidad tiene consecuencias reales. En Testanova EMA Partners Chile realizamos un estudio sobre satisfacción de carrera en ejecutivos y ejecutivas de alto nivel. El hallazgo más llamativo no fue el que esperábamos: las mujeres aparecen más satisfechas con su trayectoria profesional que sus pares masculinos.
Menor ansiedad por el título, una relación más sana con el propio desarrollo. Pero al mismo tiempo, esas mismas mujeres muestran expectativas significativamente más acotadas sobre hasta dónde quieren llegar. Más satisfacción, sí.
Y también horizontes más estrechos. Hay algo que repiten muchas ejecutivas cuando las entrevisto: “A mí no me interesa llegar a una jefatura o gerencia. Yo estoy bien donde estoy”.
Y me pregunto cuánto de esa respuesta es una decisión libre, y cuánto es una forma de ajustar anticipadamente las expectativas sobre la propia carrera. Porque la carrera no es estática. Profesionales que declararon no aspirar a liderar llegan a un momento en que el traje empieza a quedarles chico, no porque busquen el título, sino porque sienten que ya podrían influir de otra manera.
Pero entonces aparece el relato construido años atrás, y lo que nació como una forma de protegerse se convierte en una jaula. Asumir una jefatura siendo madre no es solo un desafío logístico. Es un cálculo personal que para muchas no cierra, no porque no tengan el talento ni las ganas, sino porque el ecosistema en la empresa, en casa o en la sociedad les dice que ese es un costo demasiado alto.
Y ese mensaje está llegando cada vez más temprano: mujeres jóvenes, sin hijos, ya están decidiendo de antemano que maternidad y liderazgo son metas difícilmente compatibles, no porque alguien se los diga, sino porque los referentes que ven a su alrededor se lo confirman sin palabras. Cuando una empresa no tiene mujeres en jefaturas, suele explicarlo diciendo que no hay candidatas o que las que hay no quieren esos roles. Lo que rara vez se pregunta es si sus propias condiciones hacen que el querer sea posible.
Porque hay una diferencia enorme entre una mujer que no quiere liderar y una que dejó de querer porque el entorno le enseñó que no valía la pena intentarlo. Este Día de la Madre, propongo un homenaje distinto: no solo a la madre presente que la publicidad celebra, sino también a la que conduce un equipo y llega a casa tarde, a la que negocia en una reunión y después ayuda con la tarea, y a las que aún no dieron ese paso no porque no puedan, sino porque nadie les preguntó con seriedad si querían. Nuestros datos dicen que muchas ejecutivas están satisfechas.
Y eso importa. Pero también dicen que esa satisfacción convive, en demasiados casos, con una renuncia anticipada a espacios que habrían podido ocupar. Ese es el regalo que todavía no hemos sabido darles: un ecosistema donde el tamaño del traje lo decidan ellas.
Sin tener que elegir entre ser madres y ser líderes.
¿Te pareció importante esta noticia?
Compártela y mantén informado a Chile