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Elecciones presidenciales en Colombia
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02:06 · Chile

Elecciones presidenciales en Colombia

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El 31 de mayo, Colombia elegirá a su nuevo presidente (a), siempre y cuando el candidato ganador obtenga la mitad más uno de los sufragios. De no ser así, se irá a una segunda vuelta el 21 de junio entre las dos primeras mayorías. En esta oportunidad concurren numerosos candidatos pero, como suele ocurrir, las preferencias se concentran en pocos, en este caso, todas las mediciones indican a un trío.

Los dos primeros en este son el senador izquierdista Iván Cepeda y la candidata Paloma Valencia postulada por el llamado Centro Democrático, partido de derecha organizado por el expresidente Alvaro Uribe. Completa el trío el candidato independiente Abelardo de la Espriella, que representa al outsider de este evento, un candidato de derecha dura con una propuesta similar a lo que hemos conocido en los últimos tiempos en terceros países. En otro pelotón, más rezagados, figuran el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, y la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López.

Ambos están ubicados más al centro y a la fecha los números no los acompañan, pues no pasan de un dígito, al igual como sucede con los restantes, mucho más rezagados. Recordemos que en esta oportunidad son 13 los candidatos presidenciales. Dos grandes preguntas Dado el sistema electoral colombiano surgen dos preguntas: ¿puede resolverse todo en primera vuelta?

El único que tiene condiciones para ello es Cepeda, que en las últimas mediciones marca arriba del 40%, lo que puede subir, aunque mucho dependerá de lo que suceda estas últimas semanas. Será tema del cierre de campaña, de eventuales adhesiones de otros candidatos y partidos a su fórmula y no le es ajeno el factor Petro. Ojo: hasta la fecha el factor Trump no se ha hecho presente en las elecciones colombianas, como lo hiciera en las elecciones en Argentina y Honduras.

Cepeda representa al llamado Pacto Histórico, coalición de izquierda que respalda al actual gobierno, pero Cepeda ha logrado ampliar esa base, pues el senador liberal Luis Fernando Cristo se restó del apoyo de su partido a Paloma Valencia y proclamó su adhesión a Cepeda. Paloma Valencia, actual senadora, por su parte, ha logrado la adhesión de varios partidos, sin embargo: el conservador, el liberal y el llamado partido de la U. Representa, por tanto, a buena parte de la clase política colombiana y tiene el respaldo del expresidente Alvaro Uribe, de quien se declara su “hija política” e, inclusive, ha señalado que podría pertenecer a su gabinete.

En cambio, Abelardo de la Espriella proclama como un activo de su campaña el no haber conversado con ningún partido político, declara no pertenecer a “la casta” y se propone refundar la política colombiana. Abogado de profesión, desde hace algunos años vive en Florencia, Italia. Posee las nacionalidades estadounidense, italiana y colombiana, aunque se declara orgulloso “costeño” e hincha del Junior de Barranquilla.

La segunda pregunta es en torno a la segunda vuelta. A todas luces, y sobre la base de todas las mediciones conocidas, Cepeda está levemente arriba del 40% de los votos. De la Espriella se empina en el 18% y Paloma Valencia tiene un poco menos.

Si estos porcentajes se mantuvieran, la pregunta es quién sería la contraparte de Cepeda en la segunda vuelta. De la Espriella ha proclamado que apoyará a Paloma Valencia, interpretando que la elección de Cepeda sería la continuidad del petrismo. En cambio, la candidata ha rehuido contestar directamente que haría en el caso de no pasar al ballotage.

Si queremos interpretarlo con cánones ideológicos, podríamos afirmar que mientras la izquierda se agrupa en torno a Iván Cepeda, la derecha colombiana muestra una gran división. ¿Y la economía? La campaña electoral se despliega en medio de una situación económica multifacética.

El crecimiento del PIB fue de un 2,6 el 2025, superior al 1,5 del 2024. Para el presente año se pronostica la continuidad. Los análisis coinciden en señalar que el motor de la economía recae en el aumento del consumo, tanto público como privado.

El desempleo alcanza el 8,2% y para el 2026 se prevé una inflación del 8. 5, mientras la tasa de interés alcanza los 11,5. En suma, se trata de una situación mucho más holgada que la mayoría de los países de la región.

Tomemos nota de que la a ratos tensa relación entre los EEUU de Trump y el gobierno del presidente Petro provocó que muchos temieran un daño profundo a la economía colombiana. No ha ocurrido así y hoy el nivel de aranceles oscila alrededor del 10% y ambos mandatarios sostuvieron una pragmática reunión en Washington DC el pasado año. En suma, la economía no se derrumbó, como pronosticaron algunos.

Esto no quiere decir que no haya nubarrones. El más preocupante, a ojos de los economistas, es el déficit fiscal, que indudablemente deberá ser asumido por el nuevo gobierno, cualquiera sea. Otro desafío se ubica en el plano social: arriba del 40% de los trabajadores ganan menos del salario mínimo.

Dato: Chile es uno de los países que más invierte en Colombia y decenas de empresas chilenas, especialmente en servicios y retail son observables a ojos vista en las principales ciudades colombianas: Cencosud, Ripley, Latam, Falabella, diversas Isapres, en fin. Todas, agrupadas en la Cámara Chileno-Colombiana de Comercio, con sede en Bogotá. A modo de resumen Esta apretada síntesis y sus dos preguntas orientadoras pueden ser insuficientes para explicar la complejidad del acontecer colombiano contemporáneo.

Quizás la principal interrogante radica en el plano político: ¿Qué explica el crecimiento de la izquierda? En términos estructurales, no son pocos los que señalan al fin de la guerra y los acuerdos de paz logrados entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la comandancia general de las FARC con cuya primera fase, la llamada “dejación de armas” y la incorporación de miles de combatientes a la vida civil, concluyó lo fundamental de la guerra. Las consecuencias no sólo fueron militares, sino que también desapareció el principal freno que durante décadas tuvo la izquierda no armada.

Desaparecidas las FARC, la izquierda pudo desplegar una propuesta ciudadana centrada en los problemas de la sociedad, sin la pesada mochila de la guerra. Por cierto, la segunda etapa del proceso de paz no tuvo el ímpetu de la primera, pues suponía la construcción de la paz, proceso que se calculaba para varios años, y allí la historia dirá de quién fue la responsabilidad: Juan Manuel Santos terminó su mandato y fue reemplazado por Iván Duque, y muchos alegan que hasta ahí llegó el ímpetu estatal en este proceso. Por su parte, las FARC se incorporaron al proceso político, pero una parte, no mayoritaria, pero si notoria o se mantuvo siempre al margen de los acuerdos, o volvió a las montañas.

A su vez, los territorios que controlaban los cerca de 60 frentes que las FARC tuvo en su mejor momento quedaron vacíos, al producirse la “dejación de armas”. Y como no hay territorio vacío, esas localidades, básicamente montañosas o selváticas, fueron progresivamente ocupadas por grupos irregulares de paramilitares, carteles, exguerrilleros, confundidos todos en guardias armados de negocios ilegales, desde la droga y la minería ilegal hasta la trata de personas en el control fronterizo. Formalmente solo queda de la vieja etapa el Ejército de Liberación Nacional, el ELN, que hoy ya no es aquella organización donde militó y murió el sacerdote Camilo Torres, en los años 60 del siglo pasado.

El gobierno de Petro intentó lo que llamó “la Paz Total” pero esta se encuentra aún lejos, y muchos se preguntan si se trata más bien de un tema de delincuencia organizada más que de un diálogo político-militar para poner término a un conflicto. A poco más de dos semanas, en este cuadro es que los ciudadanos colombianos concurrirán a elegir a su nuevo mandatario (a).

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