El valor del deporte femenino en Chile
El reciente triunfo de la selección chilena femenina de hockey césped, conocidas como “Las Diablas”, que les permitió clasificar al Mundial Femenino que se disputará en Países Bajos y Bélgica, constituye mucho más que un resultado deportivo. Se trata de un hito que confirma la consolidación de un proyecto serio y sostenido en el tiempo. No es un logro aislado: es la segunda clasificación consecutiva a un mundial, lo que evidencia que el hockey femenino chileno ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad competitiva a nivel internacional.
En el deporte de alto rendimiento, la continuidad suele ser el mejor indicador de desarrollo. Clasificar una vez puede interpretarse como una sorpresa o una generación dorada; hacerlo nuevamente demuestra estructura, planificación y visión institucional. En este caso, la Federación Chilena de Hockey Césped ha impulsado en los últimos años una estrategia que combina liderazgo técnico, fortalecimiento de las bases formativas y mejoras en la infraestructura deportiva.
Uno de los hitos más visibles de esta estrategia fue la contratación del entrenador argentino Sergio “Cacho” Vigil, reconocido por haber sido campeón del mundo con la histórica selección argentina conocida como Las Leonas. Su llegada no solo aportó experiencia y metodología de alto nivel, sino también una cultura deportiva centrada en la convicción, la identidad colectiva y la ambición competitiva. Sin embargo, el éxito de Las Diablas no se explica únicamente por el trabajo de la selección adulta.
Un elemento clave ha sido la inversión en procesos formativos y en el desarrollo de las selecciones menores, generando continuidad en la formación de talentos. Las giras internacionales y la participación temprana en competencias exigentes han permitido que las jugadoras chilenas acumulen experiencia antes de llegar a la categoría adulta, reduciendo la brecha con las potencias del hockey mundial. A ello se suma un avance relevante para el desarrollo del deporte: la construcción de la primera cancha pública de hockey césped con estándares internacionales en Chile.
La infraestructura deportiva no solo facilita el entrenamiento de alto rendimiento, sino que también amplía las oportunidades para nuevas generaciones de jugadoras y permite al país recibir torneos internacionales que elevan el nivel competitivo. El logro de Las Diablas también invita a una reflexión más amplia sobre el crecimiento del deporte femenino en Chile. Durante años, muchas disciplinas han avanzado gracias al esfuerzo silencioso de deportistas, entrenadores y dirigentes que han debido abrirse camino con menor visibilidad y recursos limitados.
Hoy, resultados como este demuestran que cuando existen proyectos serios, liderazgo técnico y apoyo institucional, el deporte femenino puede competir de igual a igual en el escenario internacional. El desafío que se abre ahora es doble. Por un lado, llegar al mundial con la convicción de competir y seguir avanzando en el ranking internacional.
Por otro, aprovechar este momento para consolidar una política deportiva que fortalezca el hockey en el país y asegure que este proceso virtuoso tenga continuidad en el tiempo.