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El valor de las referentes femeninas para las futuras  generaciones de científicas
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00:32 · Chile

El valor de las referentes femeninas para las futuras generaciones de científicas

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Las académicas siempre hemos tenido una responsabilidad con la sociedad que va más allá del laboratorio o el aula. Entregamos una visión del mundo construida desde nuestra experiencia, y esa experiencia tiene género. Durante décadas, la ciencia fue narrada mayoritariamente por voces masculinas, y esa narrativa moldeó lo que las niñas creían posible para ellas.

Hoy, esa realidad está cambiando, pero cambiar no significa que el trabajo esté hecho. Al contrario: la mayor visibilidad que hemos alcanzado nos impone una responsabilidad aún más urgente. No basta con estar; hay que mostrarse.

Ser referente significa también demostrar que los espacios donde ocurren las cosas no están reservados para otros. Somos protagonistas de la investigación, del debate científico, del liderazgo de equipos, y tenemos la obligación de decírselo a las niñas y adolescentes que aún no lo saben. Porque cuando una joven no ve mujeres en esos espacios, concluye que no son para ella.

Romper esa conclusión silenciosa es, quizás, el trabajo más importante que hacemos fuera de nuestras publicaciones. Y esa responsabilidad hoy es mayor que antes, precisamente porque tenemos más visibilidad y más voz. Cada vez que una académica habla en público, publica un artículo, o simplemente aparece en una sala de clases o en una charla, está ampliando el horizonte de lo que otra mujer puede imaginar para sí misma.

Eso es un acto político, aunque no lo parezca. Con frecuencia se piensa que hay que renunciar a aspectos personales para avanzar en una carrera académica. Yo pienso exactamente lo contrario: en la medida en que somos más integrales, podemos fortalecer nuestra investigación.

Investigamos mejor cuando hacemos lo que nos apasiona sin abandonar las otras dimensiones de nuestra vida. Mostrar la parte humana de las y los investigadores es importante porque existen muchos estereotipos sobre lo que significa serlo: personas solas, aisladas, incluso tristes. Eso es muy lejano de lo que yo vivo y de lo que observo en mis colegas.

Iniciativas como el Ciclo de Charlas “Ciencia Maestra: a qué se dedican las científicas” del Consorcio Science Up apuntan exactamente a cerrar esa brecha. Ver a mujeres reales, cercanas, con nombres y trayectorias concretas, permite a las jóvenes darse cuenta de que existen caminos que ya han sido recorridos por otras mujeres. Y eso las invita a soñar que ellas también pueden lograrlo.

Mis propias referentes fueron mis profesoras, tanto en el colegio como en la Universidad. Ver mujeres fuertes y líderes en esos espacios marcó profundamente mi camino. Finalmente, el estereotipo que más urge romper es el que instala una falsa disyuntiva: que elegir la ciencia implica renunciar a formar una vida fuera de la Universidad, a cultivar otras pasiones, a ser una persona completa.

La vida científica es exigente, sí, pero esa exigencia no te limita; te desafía a crecer en todas las dimensiones. Cuando lo mostramos abiertamente, no solo inspiramos vocaciones. Estamos reescribiendo, de a poco, lo que significa ser científica.

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