El shock de oferta por la guerra en Medio Oriente y su impacto en Chile
Alto Bio Bio Los Ángeles Santa Bárbara San Rosendo Internacional Crónica Ciudadana Policial y Judicial Agroforestal Equidad de Género Tribuna investiga Medio Ambiente Publicontenido Vida social Regístrate en nuestro newsletter 97. 5 FM San Cristobal Papel digital El shock de oferta por la guerra en Medio Oriente y su impacto en Chile Edwin Pelayo Académico Facultad de Administración y Negocios Universidad Autónoma de Chile por Edwin Pelayo 28 Marzo 2026 Chile, como economíaabierta y dependiente de la importación de petróleo, enfrenta nuevamente unshock externo que impacta directamente en los precios de los combustibles. Laguerra en Medio Oriente ha generado una disrupción en el suministro global decrudo, elevando los costos internacionales y tensionando las arcas fiscales.
Este escenario se suma a crisis previas —COVID-19, guerra en Ucrania y crisisenergética de la OPEP+— que ya habían puesto a prueba la capacidad del Estadopara amortiguar la volatilidad de las bencinas mediante el MEPCO y políticasfiscales expansivas. La coyuntura actual obliga a reflexionar sobre las medidasmás adecuadas y sobre las lecciones que Chile puede extraer de experienciasinternacionales. El impacto de este shockde oferta se manifiesta en tres dimensiones.
Primero, los precios internos: elalza internacional se traduce en incrementos casi inmediatos, en un contextodonde los impuestos —específico e IVA— representan cerca del 40% del preciofinal. El MEPCO limita las variaciones semanales a un 2,4%, pero su costofiscal puede superar los US$ 3. 000 millones anuales en períodos prolongados decrisis.
Segundo, las arcasfiscales. Durante la pandemia, el déficit alcanzó -7,7% del PIB por gastosextraordinarios; en la guerra de Ucrania se situó en torno a -2,4% porsubsidios y bonos compensatorios; y en la crisis OPEP+ de 2023 hubo una mejorarelativa (-1,8%), impulsada por mayores ingresos del cobre y el litio, aunqueel gasto energético continuó presionando las cuentas públicas. Hoy, elconflicto en Medio Oriente amenaza con revertir esa recuperación parcial yobliga a buscar nuevas fuentes de financiamiento.
Tercero, las políticasfiscales aplicadas muestran un patrón: subsidios directos en pandemia; refuerzodel MEPCO y bonos focalizados durante la guerra en Ucrania; y ajustes almecanismo junto con beneficios tributarios en la crisis OPEP+. En todos loscasos, el Estado buscó suavizar el impacto en los consumidores, pero con unalto costo fiscal y un aumento sostenido de la deuda pública. Alemania, durante lacrisis energética de 2022, redujo temporalmente impuestos a combustibles ysubsidió el transporte público para incentivar alternativas.
Japón, desde lacrisis del petróleo de los años 70, creó un fondo de estabilización financiadocon impuestos especiales en épocas de precios bajos, usado en períodos decrisis. Brasil apostó por la diversificación energética con etanol ybiocombustibles, reduciendo su dependencia del petróleo importado. Españaaplicó bonos de descuento directo en estaciones de servicio, financiados coningresos extraordinarios de empresas energéticas.
Estas medidas muestran que lacombinación de subsidios focalizados, diversificación energética y fondos de estabilizaciónpuede ser más sostenible que depender exclusivamente de ajustes tributarioscomo el MEPCO. El shock actual vuelve aevidenciar la vulnerabilidad de Chile frente a crisis externas. Aunque el MEPCOha sido clave para contener la volatilidad, su costo lo hace difícil desostener en el tiempo.
Avanzar hacia un fondo de estabilización energético,diversificar la matriz con biocombustibles y energías renovables, y focalizarsubsidios en transporte y hogares vulnerables aparece como una ruta más resiliente. El desafío es doble: proteger a los consumidores en el corto plazo y construiruna política energética y fiscal sostenible en el largo plazo.
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