El “sabotaje” a Bachelet que huele a Segundo Piso
Dos excancilleres han hablado del tema. Uno dijo que se les pasó “la mano” y otro que se trataba de un sabotaje. Ambos, José Miguel Insulza y Juan Gabriel Valdés, coinciden en el diagnóstico general: la intervención contra la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU ha sido uno de los episodios más tristes de la diplomacia chilena en toda su historia.
La tesis de un complot ha ido cobrando fuerza en algunos sectores, desde que la noticia sobre funcionarios que seguían trabajando por la candidatura de Bachelet en la embajada en la ONU fuera publicada a la misma hora en que la expresidenta realizaba su discurso en Nueva York. “A estas alturas, no creo en casualidades. Si eso no es interferencia, no sé lo que es”, dice un cercano a la candidatura de Bachelet.
Lo cierto es que, más allá de cualquier teoría conspirativa, hay quienes aseguran que los mails sobre coordinación de reuniones con Bachelet fueron filtrados con una evidente intención política, sin reparar en la cadena de correos que daba cuenta de la derivación del caso a la diplomacia brasileña –y que en ningún caso contravendrían las órdenes de Cancillería que luego terminaron en un sumario–. La maniobra ha generado molestia en círculos diplomáticos y ha sido tildada de “mala leche” y “último de rasca”, al punto de involucrar a funcionarios que ni siquiera habrían faltado a sus deberes, incluida la asesora costarricense Jimena Prada. Una verdadera caza de brujas que tendría su centro de operaciones en el Segundo Piso de La Moneda, según señalan fuentes cercanas a Cancillería.
La dardos apuntan al jefe del equipo de asesores, Alejandro Irarrázaval, secundado por una de las figuras más misteriosas del nuevo Gobierno, el asesor internacional Eitan Bloch, exfuncionario de la embajada de Israel en Santiago. Ambos –dicen– serían quienes han estado moviendo los hilos, apoyados por la asesora del ministro, Teresa Mira, quien sería la encargada de bajar las instrucciones al equipo de infantería: los “cucuruchos”. Estos últimos, funcionarios de extrema derecha con fama de intransigentes, fueron quienes denunciaron a colegas que participaron en manifestaciones durante el estallido social y que firmaron una carta asegurando –sin fundamentos– que la candidatura de Bachelet a la ONU había nacido del Grupo de Puebla.
Uno de ellos, Raúl Sanhueza, acaba de ser nombrado embajador en Francia. Más allá de las inquinas, la dinámica en torno a la nominación de la exmandataria ha impedido abrir canales de diálogo, un hecho lamentable en el mundo diplomático, dicen cercanos al Ministerio de Relaciones Exteriores. Y para colmo –agregan– tampoco se ha sopesado el trasfondo del asunto: el apoyo de Brasil y México a Bachelet.
Cualquier ataque a ella, explica un exembajador, “es una ataque a los dos países más grandes de América Latina”.
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