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El regreso de Emmanuel Carrère: una novela para hacer las paces con su pasado y que escala como clásico de su obra
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06:00 · Chile

El regreso de Emmanuel Carrère: una novela para hacer las paces con su pasado y que escala como clásico de su obra

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Volvió Emmanuel Carrère, y regresó con todo. El escritor francés acaba de publicar Koljós (Anagrama), una vívida novela de no ficción en la que cuenta la historia de su madre, la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, la primera mujer al frente de la Academia Francesa, una intelectual de peso, apasionada por la historia de Rusia, y que a su funeral, en 2023, asistió nada menos que el presidente Emmanuel Macron. Pero vamos por partes.

En Koljós, Carrère entrelaza los orígenes rusos y georgianos de su familia materna, los Zuravishvili, con el desarrollo de la actual guerra en Ucrania. Sus abuelos, Georges -el protagonista de Una novela rusa- y Nathalie, son dos personajes muy especiales. El primero, un burgués pobre como una rata; la segunda, parte de la nobleza alemana muy venida a menos.

Ambos emigran desde Tiflis, Georgia, producto de los frenéticos hechos que resultaron de la Revolución rusa de 1917. Llegan a Francia comenzando una nueva vida. Ahí no solo formarán una familia, sino que Georges quedará marcado por el colaboracionismo con los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, hecho que Carrère reveló en el citado libro, lo que le costó que su progenitora se enfadara y él no le hablara por dos años.

Pero con este volumen, de alguna manera Carrère hace las paces con ella, sin perder un ápice de su aguda pluma. “Es un retrato pero también una galería de retratos de personajes principales de mi familia a través de cuatro generaciones, como un narrador pero también como hijo, como nieto, esa frase que yo cito a menudo ‘cuando hay un escritor en la familia la familia está acabada’ tiene algo de verdad, es peligroso escribir sobre los nuestros. Cuando escribimos sobre nuestros padres lo normal es hacerlo cuando mueren, con más respeto y prudencia, cuando no se hace, es porque hay algún tipo de rencor o de resentimiento”, dijo el mismo Carrère a la cadena RTVE, de España.

Pero en este libro Carrère también rescata la figura de su padre, Louis. “Un hombre que vivió en la sombra y al que había amado, pero de cierta forma distraída, sin comprender realmente cómo”, señaló. El hecho de nuevamente tocar la tecla rusa, asegura Carrère “es un asunto de familia”.

Y ciertamente queda muy claro en el libro: “Mi madre hija de emigrantes, hablaba ruso antes que francés, era anticomunista y luego se convierte en especialista en la Unión Soviética, se veía como una embajadora que hacía que Rusia conociera a Francia y al revés, era muy sincera en esa misión que se daba. Fue durante tiempo muy indulgente con el poder ruso y con Putin. No pensaba que era un santo pero creía que era un autócrata duro pero que usaría la ‘real politik’ y se llevó una decepción con la invasión de Ucrania que ella ni se imaginaba.

Unos días antes de que sucediera la negó categóricamente en la televisión en una entrevista. Se encontró con algo que no comprendía. Estaba enfada de haberse equivocado”.

Al castellano, Koljós fue traducida por el español Juan de Sola, quien atendió las consultas de Culto. “Me consta que Carrère es un tipo abierto, generoso y en absoluto intervencionista. Y además él mismo ha traducido algunos textos.

En este sentido, tenía libertad plena para traducir. Sí le hice llegar, a través de la editorial, unas consultas sobre un par de nombres propios que no me cuadraban; y en efecto eran dos erratas menores que se habían colado en el penúltimo pdf”. De Sola analiza cómo es la escritura de Carrère que nos encontramos en este volumen.

“La prosa de Carrère, sobre todo la que escribe después de Una semana en la nieve (1995), está muy trabajada, muy depurada, transmite una distinción discreta. Hay un trabajo no siempre visible de quitar lo accesorio, de utilizar un fraseo casi conversacional, muy lejos del barroco al que tiende casi sin querer el español peninsular, que a menudo se pone estupendo y reproduce el texto una octava por encima del original. Carrère es un muy buen ejemplo de que la claridad y legibilidad a la que aspira un buen escritor no están reñidas con la elegancia.

Exige, por lo tanto, un esfuerzo de comedimiento para discurrir paralelo al original sin pisarlo ni parasitarlo. En este libro, quizá es donde más depurada está su escritura, donde menos se anda por las ramas. Te arrastra y te lleva por donde quiere.

Sigue la estructura compositiva de Yoga, capítulos más o menos temáticos con subcapítulos narrativamente autónomos que van abriendo caminos que más tarde se cierran o resuenan en otras partes del libro. Conjuga muy bien el principio estructural de muñeca rusa con el don narrativo de Las mil y una noches. Y tiene el humor inconfundible de un libro maravilloso por el que autor siente devoción: las memorias familiares de Nabokov”.

Koljós combina varios registros: el ensayo histórico, la crónica geopolítica y la confesión familiar, y combinar esas voces fue toda una tarea, asegura De Sola: “Lo más delicado, sobre todo cuando el narrador es una primera persona que responde al nombre de Emmanuel Carrère, es el lenguaje íntimo, los idiolectos familiares, los registros de algunos personajes, como la madre o el tío Nicolas, que es quizá la figura que sobresale por contraste. El momento, por ejemplo, de la visita al hospital, cuando ambos hermanos se reencuentran y él le habla en una mezcla de francés y ruso que es para echarse a llorar. O las cartas de la madre a la suegra cuando se instalan de nuevo en París.

Ahí tienes que ir con pies de plomo. La parte ensayística y la de crónica, en un autor con estas tablas, se traducen casi solas”. ¿Se anotará Koljós entre los clásicos de Carrère?

Opina De Sola: “Es arriesgado decirlo hoy, apenas medio año después de que saliera en francés, pero apostaría que sí. Me parece, en todo caso, que sí funcionará como una especie de summa en la que confluyen muchos de sus temas y obsesiones. También dependerá de qué publique en los años futuros.

Pero para mí personalmente está en ya a la altura de Una novela rusa, De vidas ajenas y Limónov”.

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