El nuevo sueño chilote de Carlos Cardoen: el sexto museo del hombre que no se jubila
“Yo no soy de los que me siento a contarme los dedos, sino que me gusta estar trabajando, haciendo cosas. Yo descanso trabajando, haciendo cosas. ¿El secreto sabe dónde está?
En que la suerte hay que salir a buscarla temprano”, sostiene, al teléfono, Carlos Cardoen Cornejo. El empresario, artífice del desarrollo de Colchagua como una zona vitivinícola y turística de renombre internacional, está ahora en Quemchi, Chiloé. Por la línea telefónica se alcanza a escuchar un ambiente de construcción y de instrucciones.
Y es que a sus 83 años el empresario está dando vida a un nuevo proyecto. Un museo y un hotel en esa sureña ciudad ubicada en la Isla Grande, al sur de Ancud. Con este, será el sexto museo que ponga en funcionamiento, tras el de Vichuquén -el primero que hizo hace 50 años- y luego el de Lolol -de artesanía, hecho con la UC-; el Museo del Vino y de los automóviles y motocicletas, ambos en Colchagua, y el Museo Santa Cruz.
“Lo que estoy haciendo acá es repetir esa experiencia. Chiloé no me necesita a mí para tener turismo porque en sí tiene muchos atractivos. Pero estoy seguro de que va a traer desarrollo, cultura y, lo más importante, participar en la solución del gran vacío que existe hoy día en la educación respecto al concepto de pertenencia a nuestra tierra, nuestra patria, que está ausente en la educación”, dice Cardoen, quien en esta conversación se anima además a repasar su historia, la incorporación de sus hijos a los negocios y sus memorias que ya tiene escritas.
“Hoteles para la gente normal” El germen de su nuevo proyecto, Cardoen lo sitúa hace unos 30 años cuando él acostumbraba a navegar por las aguas de Chiloé con un grupo de amigos. Menciona a Coco Pacheco, Coco Legrand, Ernesto Mosso y Paco Posada, entre otros, en un afán de estar en contacto con la naturaleza, pescar, navegar y cocinar. “Somos todos cocineros”, recuerda Cardoen.
Luego, hace unos 15 años, ese interés derivó en acción y Cardoen compró un terreno, construyó una casa en Quemchi -ubicada a unos 3 kilómetros de donde estará el museo- y fue empapándose en profundidad de la historia del lugar. “Chiloé tiene una riqueza increíble”, dice. La conclusión fue idéntica a la que sacó décadas atrás en el Valle de Colchagua: había que hacer un museo de nivel internacional.
El proyecto -para el que lleva una década en investigación y está trabajando con el curador Marcelo Santander- contempla el Museo Chiloé, al cual integrará un hotel de 22 habitaciones diseñado en forma de palafito, en una alegoría directa a la arquitectura identitaria de la isla, y que Cardoen se encarga de entrada de decir tajante que no será boutique. “Lo de boutique puede borrarlo. A mí me gusta hacer hoteles para la gente normal.
A la gente no le brotan los dólares por las orejas. Aquí hay hoteles que se llaman boutique y vale US$ 1. 000 alojarse una noche.
Eso no es Chile. Y a mí me interesa, más que nada, el turista chileno”, remarca. Y señala que la idea de sumar un hotel es añadir una unidad productiva que permita preservar el proyecto en el futuro, dado que el museo no cuenta con subvención de nadie, lo hace con recursos propios, y sólo tendrá el pago de entradas como ingresos.
“Tenemos que ser cuidadosos para que esto se preserve en el futuro. Porque cuando yo no esté, no le quiero dejar a mis hijos, a mi familia, la carga de subvencionar las locuras del papá. Entonces, le coloco una unidad productiva al lado que sea potenciadora del objetivo, que es que este museo se preserve”, narra.
“Uno es viejo cuando los recuerdos son más grandes que los proyectos”Empresas Cardoen es la entidad que agrupa los negocios de Carlos Cardoen, que integran: Almacruz, que agrupa al Hotel Almacruz, ubicado en pleno centro de Santiago y el Hotel Santa Cruz, en Colchagua; la Viña Santa Cruz; EnorChile, dedicado a la gestión de activos energéticos; New Tech Agro, que produce alimento animal en base a fosfatos; New Tech Copper, que abastece de productos y servicios para la gran minería del cobre; Inmobiliaria Santa Cruz (ISC) y el Casino de Colchagua. Y agrega: “Resulta muy difícil traspasar pasiones porque son casi siempre muy personales. Pero ha sido mi tarea, con bastante éxito, de pasar a mis hijos y de demostrarles a ellos desde chiquititos lo que estamos haciendo en torno a la cultura.
Y todos ellos prendieron con esta pasión, les encanta. Un tremendo interés que nos permite como fundación proyectarnos”. ¿Cuál es su objetivo?
- Uno de mis grandes objetivos es poder traspasar a otros empresarios que se sientan con el deber moral de devolver a su comunidad, al país, parte de lo que han recibido. No como un impuesto, que es obligatorio, sino un impuesto moral. Yo pienso que la gente que jubila se retiró de la vida.
Por ahí hay un dicho que lo repito con frecuencia: “Uno es viejo cuando los recuerdos son más grandes que los proyectos”. Entonces, vivo tapado de proyectos, me siento un cabro chico y es muy vitalizante. Yo soy el señor Corales, como le llamaban antiguamente en los circos pobres al que cobraba la entrada, vendía el maní y salía disfrazado de payaso.
Porque participo profundamente, en el detalle, desde la arquitectura, los cálculos, el paisajismo, todo. La adrenalina está en el quehacer, en ver cómo los sueños se van transformando en tres dimensiones. - Hace algún tiempo fue público que usted tuvo un cáncer.
¿Etapa superada? - Extremadamente bien. La enfermedad fue por supuesto muy importante, porque se pone en peligro tu vida.
A mí me dieron dos o tres meses de vida… hace como 25 años. Frente a la adversidad hay que arrancar, pero para adelante. Ahora, la pelá te saca a bailar de repente.
No hay aviso. Le tengo mucho respeto. - Ocurrió el cambio de gobierno esta semana.
¿Qué expectativa tiene usted? - Su programa (de José Antonio Kast) fue extremadamente consecuente. Me da una garantía de que estamos con un Gobierno serio.
Yo creo que nadie tiene fórmulas mágicas para arreglar el daño que se le ha hecho al país. No va a costar poco volver a que esté, como decimos en el campo, bien pelado el chancho. Hoy día se privilegia al delincuente, se le dan abogados.
Existen los derechos sin haber cumplido con los deberes. Se trabaja menos para progresar más. Está lleno de puros absurdos.
- ¿Conoce a José Antonio Kast? - He estado con él. Uno de mis nietos fue compañero de uno de sus hijos y en actividades me ha tocado alternar con él.
Me parece un hombre extremadamente serio, sobre todo consecuente. “Mi honor limpio”- Hace algunos años atrás se dijo que usted iba a escribir sus memorias. ¿Ocurrió?
- Están listas para tirarlas a la impresión. Me pasa algo especial con las memorias. Digo “hay que agregarle capítulos nuevos”.
Cerrarla es como morirse. Ya tengo las fotos. Todo está listo.
Revisada. Incluso un buen amigo que me ayuda en esto me apura, y yo como que me hago el leso. - Quiere seguir escribiendo capítulos...
- No me gusta apurarme, me gusta hacer las cosas lo mejor que puedo y eso toma más tiempo. Habíamos pensado ponerle Memoria de 80 años. Pero así como vamos, va a ser Memoria de 90.
- En este recordatorio de su vida, ¿qué ha sido lo más duro o difícil? - Lo más duro ha sido la muerte de mis seres queridos. Cardoen también recuerda del pasado el impasse con Estados Unidos, cuando fabricaba armamentos, cuando el gobierno norteamericano impidió a través de la Enmienda Kennedy la exportación de elementos de defensa a Chile, en momentos -relata- en que “teníamos a los argentinos con los tanques en la frontera”.
“Yo fabriqué muchas cosas en corto tiempo respondiendo a esas necesidades. Y fue tan adecuada la respuesta y los materiales que desarrollamos, que esto llamó a la gente como el gobierno de Irak -que en ese tiempo combatía contra Irán-, a pedirnos a nosotros que fabricáramos productos para ellos. Produjimos un montón de cosas para ellos compitiendo con la industria de armamento norteamericana, a la cual le ganamos todas, sin excepción, las licitaciones en las cuales participamos.
Y esto desató después una posición de violencia, de fuerza, teniendo yo una relación extraordinaria con Estados Unidos entonces. Tengo un doctorado en mi profesión en una universidad norteamericana. Tengo dos hijos que nacieron en Estados Unidos.
Y tenía empresas en Estados Unidos. Esto desató la furia del gobierno norteamericano y de las empresas de armamentos y quisieron hacerme desaparecer del mapa. Gané todas las batallas legales, sin excepción.
Fue una persecución realmente gansteril. Alguien por ahí acuñó una muy buena frase que dice que Estados Unidos no busca aliados, busca lacayos”, narra. - Para usted terminó definitivamente el caso con la negativa de la extradición de la Corte Suprema.
- Correcto. Terminó todo. Pero ellos mantuvieron la alerta roja ilegalmente.
Cuando fuimos a reclamar a Interpol, la respuesta fue “van a tener que hablar con Estados Unidos o el gobierno de Estados Unidos”. - O sea, ¿a pesar de ese dictamen de la Corte Suprema chilena que niega la extradición usted sigue teniendo alerta roja de Interpol y no puede salir de Chile? - Absolutamente.
Es lo más increíble que hay. ¿Sabe cuál es la regla de oro? Que el que tiene el oro hace la regla.
Yo tengo mi conciencia absolutamente tranquila. Logré lo que esperaba. Mi honor está limpio.